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NUNCA ENCUENTRO PAZ ESCRIBIENDO

Carlos Téllez Espino

Cuba



Con tres libros publicados y nueve inéditos e incluido en disímiles antologías, tanto de poesía como de prosa, el escritor de Las Tunas, Cuba, Ray Faxas Fernández, es una de las voces jóvenes más singulares en el panorama literario cubano de ahora. Agónico y lucido hasta el extremo, Ray ha defendido siempre que sólo trata de escribir…

No existe nada más necesario que la verdad. Se debe ser sincero en cada cosa que hagas y, si perdura, mucho mejor. Recuerda que somos criaturas extrañas, muy extrañas. Y la extrañeza no está en loque quieras hacer tú, sino en eso que se esconde tras la máscara con que enfrentas al mundo. No debes decir algo ahora y después contradecirte. Si luego lo niegas está bien, pero no vuelvas sobre lo mismo. Cuando eres deshonesto con los demás lo eres contigo mismo. Un escritor debe dejar constancia de su tiempo porque la escritura, buena o mala, perdurará, él no.
 
Hay en tu primer libro, Apuntes desde el filo de la navaja, un referente evidente, las Artes Plásticas, pintores trascendentes, ¿hay un Faxas pintor frustrado?
No creo que la palabra frustrado sea la exacta en este sentido. La frustración, por lo menos a mí, me llega por otras vías. Las pinturaes, a mi entender, una de las artes más hermosas y perfectas que existen; es como la muchacha adolescente y hermosa, con la que uno se maravilla desde el primer momento y sólo desea poseerla. Te pasas el día con la misma idea rondándote, destruyéndote, y cuando la concretas comienzas a lanzar pegotes de óleo y trazos desequilibrados, hasta que terminas desapareciendo también todo lo que antes te inundó. Eso es algo bueno que les ocurre a los pintores. En cambio, la literatura es esa misma mujer hermosa, pero más madura, lejos de la pubertad, cuya belleza radica tanto en lo exterior como en lo interior. Es algo más orgánico. Aunque disfruto la pintura en todo su esplendor, me quedo con la literatura. No sé, cosas del destino, supongo.
 
Hay un poema donde hablas desde Van Gogh, ¿te identificas desde su oreja cortada?
Aún nadie puede asegurar si el pintor holandés se cortó la oreja o se la cortaron. Me parece demasiado iluso e infantil, y hasta un poco siniestro, eso de arrancarse uno mismo un pedazo del cuerpo para entregárselo a una mujer como regalo navideño. Me quedo con la historia de que fue Paul Gauguin, después de una discusión feroz entre ambos. Recordemos que Gauguin era amigo íntimo y, además, maestro de Van Gogh. Como buenos amigos terminaron bebiendo y emborrachándose. Gauguin era un perfecto esgrimista. Posiblemente esperó que el otro se adormeciera, bastándole un solo movimiento de su sable para que Van Gogh se quedara sin su oreja. Debe ser terrible despertarse y ver que te falta la oreja preferida. Por eso yo aprendí a amar a mis dos orejas de la misma manera. No tengo preferencia. De Van Gogh me interesa la utilización del color. Aunque sigo creyendo que su pintura tiene cierto aire infantil, quizás ahí radique su grandeza. También hay dentro de ella demasiada pobreza y eso me conmueve y enternece. Los comedores de papa, Dibujo de una mujer sentada, Naturaleza muerta con tablilla de dibujar, pipa y cebollas y todos sus Autorretratos, son verdaderas joyas pictóricas. Creo que cuando escribí Apuntes desde el filo de la navaja había mucho de Van Gogh dentro de mí, demasiada rabia y desgarro. Estos poemas ni siquiera los he vuelto a leer. También tienen oscuridad e ingenuidad, sobre todo ingenuidad. Por suerte mis libros han ido publicándose en orden. Eso me da cierto conformismo.
 
Es evidente que la pintura es también un pretexto para armar el libro, pues quien lo lee encuentra muchísimos otros referentes, el bíblico fundamentalmente, el cine, la familia, también otros poetas…
Siempre existe un pretexto. La pintura es sólo uno de ellos, como lo es la musa que hace enfermar a algunos cuando no llega. Por eso no creo en ella. Prefiero los estímulos fuertes. Siempre he querido escribir un libro que pueda leerse como si fuera una obra pictórica, Apuntes… fue mi primer intento. Escogí la décima porque me parecía que es una de las formas estróficas que más se acerca a un cuadro. Cada cierto tiempo entro a las páginas interminables de la Biblia y siempre encuentro una parte de consuelo, y no sé por qué. Tal vez porque es demasiado pictórico. Apuntes…, por ser mi primer libro, fue un poco apresurado, quizás está demasiado abierto o demasiado cerrado.
 
En el 2005 aparece tu segundo poemario, Dorso de figuras, esta vez en versos libres mayormente. Aquí se reitera, pero más desgarrado, un yo poético decepcionado. En este hay referencias intensas a suicidas, desarraigados y desarraigos, al punto de que no hay descanso para el lector, no hay paz, aún cuando hablas de la familia… ¿Esta era la intención, no darle paz al lector?
En todo caso, no darme paz a mí mismo, porque nunca encuentro paz escribiendo. Para serte sincero, mi paz se reduce a mi hija, a mis padres, a mis hermanos, y a la mujer que duerme conmigo. Ellos son toda la paz que necesito. En realidad me preocupo muy poco por el lector, principalmente en el acto de escribir poesía. No sé por qué. Espero que no sea nada intencional. Sólo trato de escribir. Me interesa más cómo va quedar el poema, el ritmo, la visión física. Aunque no me creo un escritor preciosista en el sentido literal de la palabra, creo que el poema debe cumplir con las dos exigencias más difíciles: la inteligencia y la belleza. Un poema debe encantar tanto por su alma como por su cuerpo. Y por suerte me importa más el alma. Pienso que la paz que cada uno necesita puede variar, desde las cosas más simples a las más terribles y siniestras. ¿Acaso el asesino que espera a su víctima en una esquina oscura para matarla no siente paz? ¿No siente paz cuando sus manos cortan con delicadeza la carne? La paz de cada uno es distinta a la de los demás, escomo el gusto por las comidas o los colores. A todos no nos agradan, por suerte, los mismos sabores ni las mismas cosas. Por eso no me preocupo por lo que saldrá. Sólo me hace feliz el instante mismo de la creación y cuando termino de escribir tengo la certeza de que por lo menos a uno solo de mis lectores le gustará tanto como a mí. Dorso de figuras lo escribí en una etapa difícil, entre el 2000 y 2003. Aunque creo que todas mis etapas han sido difíciles. Los poemas fueron apareciendo casi sin proponérmelo. Cuando tuve un grupo de ellos los envié al concurso que auspició en ese momento la revista El caimán Barbudo. El resultado demoró tanto que cuando me avisaron ya no lo recordaba. Me alegré mucho cuando supe que Maikel H. Miranda y Luis Felipe Rojas habían obtenido menciones. Son dos poetas que admiro y a los que me une una peculiar amistad. Después fui invitado a La Estrella de Cuba y, estando en La Habana, después de terminar una lectura, Daniel García me pidió el libro para publicarlo. Dorso de figuras también está diseñado a la manera de tríptico o de conjunto pictórico. Creo que siempre algo se rompe y entonces la rabia y espanto acumulados dentro comienzan a interactuar hasta formar un volcán que derrama su lava sobre la página en blanco, quemándolo todo a su paso.
 
¿Escribes desde la carencia o te interesa hablar de ella?
Cuando se tiene dinero, una casa buena y confortable y una amplia familia a la que ves todos los días y amas con desespero; cuando se tiene una sola hija y, por supuesto, está cerca de ti y la besas o simplemente la miras mientras dibuja una casa o un árbol frondoso; y luego enciendes la televisión y descubres que están poniendo la película que querías ver, y mientras ves la película tu mujer te prepara un café amargo —nada tiene que ver con el café que acostumbras a tomar con tus amigos mientras hablas mal de otros escritores y de la controversia de moda—, y entonces le dices a tu hija que te rasque la espalda, porque eres un escritor sin preocupaciones, y a los escritores sin preocupaciones les gusta que les rasquen la espalda mientras toman café, al lado de su novia que, por cierto, no se ha marchado, y como ya es muy tarde en la noche decides que lo mejor es dormir, y te duermes, porque tus noches son tranquilas, nadie te acosa, no existen monstruos que perturben tus sueños, y duermes lleno de paz, porque en los sueños sólo persiguen a tipos llenos de preocupaciones y de problemas, a ti no, tú eres un hombre sin preocupaciones, y cuando despiertas al otro día sigues siendo el mismo hombre feliz, entonces podrías escribir sobre las carencias de los otros. Pero cuando no se tiene nada de eso ni muchas otras cosas más; cuando tu hija está a más de quinientos kilómetros y no puedes verla cada vez que lo deseas; sencillamente no se puede dormir, las palabras comienzan a acosarte y los monstruos aparecen arrojando fuego y tú sientes ese calor ardiendo sobre tu carne y definitivamente no hay salvación. La única manera que tienes de escapar es ponerte a escribir en la mañana temprano, y escribes como un demente, con rabia, con desgano, con fuerza, con debilidad, con odio; porque toda la noche has soñado que te persiguen para matarte, y casi lo logran
 
 
Del primer al segundo poemario el lenguaje va de metafórico a más desnudo, más descarnado, ¿es que te importa mucho lo que vas a decir, lograr una comunicación más directa con el lector?
Nunca más he vuelto a leer mi primer libro. Me asustaría. Hay poemas que ni yo mismo entiendo. Tampoco pretendo entender los que escribo ahora, ni quiero que nadie los entienda. En el segundo libro las palabras están colocadas de una forma distinta y quizás por eso te parezca que es más desnudo y descarnado; pero al final son las mismas palabras y seguirán siendo las mismas palabras por el resto de mi vida. Según el Eclesiastés “todo está hecho sobre la tierra y bajo el sol. Todo es vanidad de vanidades”. De qué vale afanarse por algo si será renovado. Si leyeras mis dos últimos libros de poesía dijeras otras cosas. Creo que si algo me satisface es que, si bien sigo escribiendo los mismos temas, mis libros son, a mi modo de ver, diferentes. En mi poesía siempre va a estar mi madre, a quien le debo todo en mi vida. Si no fuera por ella ahora fuera un tipo que se sentara en un parque, con su silla de ruedas, para ver pasar la lejanía (y eso es un verso mío). Según una tía por parte paterna, si mi madre hubiera tenido la posibilidad nos hubiera virado el cráneo al revés a todos sus hijos para ver qué teníamos dentro. Gracias a eso ahora soy un hombre casi normal, y no un inválido a quién todos mirarían con lástima y quizás con desprecio. Aunque, a veces, siento que me miran con desprecio. También están en mi obra: mi padre con sus sueños, mis hermanos y mi hija, la muerte y la nostalgia, el béisbol y el fútbol, las películas de suspenso y la pintura de Dalí, Magritte y Munch. Cada vez que me siento a escribir, mi perro me ladra desde sus huesos que enterré una tarde antes de escribir un buen poema.
 
Yo seré acaso lo que no han sido los otros… ¿Este es Ray Faxas, el hombre, el poeta?
 Nunca he intentado ser alguien que no sea yo mismo. Eso es sólo un verso, un pedazo que escapó de mi mano o de mi garganta no lo puedo precisar con exactitud. “¿Y qué son los otros?”, te pregunto. “¿Qué cosa es el mundo: un plato sobre cuatro elefantes o un cuadrado con las esquinas derretidas?” Yo soy una parte de alguien o de muchos,lo que algunos no fueron o se olvidaron de ser: una palabra, un barco que navega sin rumbo, una bala que nunca encontró un cuerpo para descansar, una mano palpando la cintura de una mujer desnuda, una secoya que sobrevive siempre a la furia del relámpago, un océano, un guijarro, los ojos de un niño que me enseñan a mirar, los ojos de mi hija, el aroma de las rosas, el olor de la mujer que duerme conmigo, el sabor de la carne asada o de los camarones, el pan, el café, la cerveza fría, el whisky, el vodka, el color verde de algunos árboles, los tenis deportivos, el curry, la lluvia, las manzanas, los tomates, la prosa de Faulkner, los poemas de Escobar, de Vallejo, de Lezama, la pintura de Magritte o Munch, mi silencio que muchas veces es destructivo.
 
¿Qué es la poesía? ¿Qué es la narrativa?
 La poesía es un largo relato o una novela erótica que te domina por muy poco tiempo; la narrativa es un poema épico o uno de los maravillosos versos del Cantar de los cantares, nunca quieres que termine.
 
En el 2003 publicaste La carne de los insectos, lo que parece una paradoja, una ironía... ¿Esa fue la idea a la hora de escribir los cuentos o fue apareciendo en el proceso mismo de creación?
 No soy todo lo irónico o sarcástico que quisiera ser. Y eso me disgusta un poco. No creo que entre los cuentos que compendian La carne… exista un hilo que los ate subterráneamente. Trato de escribir un cuento y después otro, o escribo dos a la vez. Pero nunca siguiendo un tema. No me gusta que eso ocurra. Un libro de cuentos que tenga el mismo argumento y el mismo tono me cansa. Para eso escribo una novela y ya. Garrandés escribió algo sobre La carne… que me inquietó mucho. Él es uno de los escritores que más admiro, ya sea por sus conocimientos en narratologíacomo por sus novelas, porque busca lo distinto, lo no hermoso, lo más oscuro y sucio que tenemos dentro. A la crítica cubana le hacía falta alguien a quien le satisfaga escarbar en la herida purulenta y escabrosa que nos humilla como seres humanos. Y quizás por eso escribió una valoración sobre ese libro, que no puedo precisar dónde se publicó. Si mi poesía es nostálgica y telúrica, mi narrativa, a su vez, es grotesca, inhumana, terrible y ácida como un lienzo de Edvard Munch, o como los cuerpos que dibujó Schiele en El abrazo. Y me gusta. Me gusta lo horrendo, precisamente porque estoy seguro de que nunca podría hacer algo semejante. Nunca sé por anticipado lo que escribiré. No hago un boceto ni nada por el estilo. Sólo trato de tener la primera oración o el título y después continúo, de una manera que ni yo mismo sé explicar.
 
En los últimos años, en Cuba, los poetas están asumiendo también la narrativa. En el caso de Ray, ¿no estás muy contento con lo que se está escribiendo desde este género y decidiste decir lo que otros no?
 Nunca estoy satisfecho. A veces me desagrada la ligereza o el conformismo de algunos narradores. La literatura debe ser agresiva y no tener deslices. Como un deporte de combate. No recuerdo quién dijo (casi nunca retengo los nombres con exactitud) que el narrador debe ser como un púgil, golpear fuerte y sin piedad y, después, alejarse con descripción para ver cómo se comporta el enemigo. Me gusta sobre todo la literatura desgarrada, sin mucha corteza. Cuando uno lee la narrativa de poetas como Alberto Garrido, Ernesto Pérez Chang y Carlos Esquivel, por ejemplo, descubre que se hacen buenas cosas. Alejadas de modas y tendencias. Por mi parte, tampoco estoy satisfecho con lo que escribo. No importa el género. Asumí la narrativa no por hacer lo que estaban haciendo otros, ni para complacer, sino porque lo que quería decir no lo podía hacer en poemas.
 
¿Hay cosas que desde la poesía no las podías decir y apelaste entonces al cuento?
Es diferente, sí, completamente diferente. En mis poemas no puedo describir cosas, no porque no quiera, sino porque mis poemas no son descriptivos. Cuando quiero describir entonces narro. Tengo muy definido qué es cada género.
 
El proceso de creación del cuento…
Sólo la novela me obliga a una disciplina, a veces un poco traumática, y por ser así la disfruto más. Cuando estoy escribiendo una novela, al despertarme cada día y antes de hacer cualquier otra cosa, enseguida me pongo a escribir. Eso es algo que me parece fabuloso. Me da la impresión de que aún no he salido de uno de mis sueños. Los cuentos, por el contrario, no tienen ese encanto. He estado escribiendo un cuento por meses sin preocuparme mucho. A veces creo que gasto mucho tiempo escribiéndolos y que no lo merecen. Tal vez sea porque me resulta el más fácil de todos los géneros que he incursionado.
 
Tus novelas inéditas, ¿cuánto hay de realidad y de ficción en ellas?
Tengo dos. Una que se convirtió en un relato largo y de la cual lo único que me gusta es el título: “Los ojos de Caín” y que, finalmente, desapareció para convertirse en mi última novela; y la otra: “El extraño” que, de ciento cincuenta y tantas páginas, se quedó en apenas cien. Otras me acechan constantemente pero no me decido. Cuando tengo deseos de escribir me siento y lo hago. La primera de las novelas, que es ahora la segunda, trata de un ser enigmático que llega a La Habana y se encuentra con una muchacha mucho más perversa que él. Termina con la degradación del hombre y del mundo en que vive. El extraño trata sobre la vida de un pintor, quizás el que no fui, tiene una mezcla rara de surrealismo e impresionismo y no creo que haya mucho de real en ella. La ficción, desde mi punto de vista, siempre va a superar la realidad y yo prefiero la ficción para escribir. La realidad es para vivirla de la mejor manera posible.
 
¿Hasta dónde un escritor es, o no es, responsable con las historias que escribe y consus personajes?
Un escritor siempre es responsable de lo que escribe y de lo que dicen sus personajes. Si describes en una novela que la casa donde hay una mujer sentada es azul, el lector entenderá que es azul y no roja, y en su mente estará el color azul durante toda la lectura, porque quizás piensa que eso servirá de algo. Ahora bien, hay personajes, como los dementes o los niños, por ejemplo, que no saben lo que dicen, que hablan desde un narrador deficiente, y sus pensamientos no se le pueden adjudicar al escritor. También digo lo que pienso con toda franqueza. Pero miento. Miento mucho. Y me encanta. A veces los lectores y críticos no comprenden eso. Y el escritor es perseguido y censurado de manera totalitaria, catastrófica, destructiva. Inmoral. (Silencio.) Tengo amigos que han padecido mucho por la incomprensión, y sé cuán terrible esto puede ser para la vida.
 
Si te dieran la posibilidad de hablar en la Asamblea General de las Naciones Unidas, ¿qué dirías?
Creo que al último escritor del mundo que invitarían a una Asamblea General de las Naciones Unidas sería a mí. A un escritor como yo sólo le interesa lo que escribe y leer una novela como La mansión, o la poesía de Vallejo. No me atrae estar parado delante de muchísima gente diciendo mentiras. Prefiero escribir las verdades que quiero decir, y las mentiras también. Las otras cosas, las que son hermosas y humanas, se las digo a mi hija cuando duerme sobre mi brazo y a mi novia cuando hacemos el amor.

Este artículo tiene © del autor.

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