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POR LA VEGA DE GRANADA UN CABALLERO PASEA

Camilo Valverde Mudarra

España



El Maestre de Calatrava en el romancero

El romancero, en su descripción, dibuja, con cariño, el retrato del Maestre de Calatrava: gallardo, cortés, esforzado, valiente hasta la temeridad. La vega, supo de sus andanzas y fue palenque de sus victorias. Hasta la Alhambra, ascendía el fulgor de su prestancia, y, hasta el infierno, descendió el ánima de aquellos moros que osados se cruzaron ante su espada:

Por la vega de Granada

un caballero pasea

en un caballo morcillo

ensillado a la gineta.

Los relinchos del caballo

dentro en la Alhambra suenan;

oídolo habían las damas

que están vistiendo a la reina:

Salen de presto a mirar

por allí a ver quien pasea;

………

¡Ay Dios, qué buen caballero

el Maestre de Calatrava!

¡Oh, cuán bien corre los moros

por la vega de Granada

con trescientos caballeros,

todos con cruz colorada,

desde la Puerta de Elvira

hasta la Sierra Nevada!

La guerra y la mar para los hombres es hecha. Así, memorando el dicho de antiguo refrán, ríos de hombres dirigían sus espadas rumbo a la guerra de Granada, mar en cuyo oleaje quedaron atrapadas las ansias de preciosas vidas. Ríos de donceles que, tragados por las olas, ya no remontaron su curso. Ahí fue aquel don Juan de Padilla, a quien la Reina Católica llamaba cariñosamente «el mi loco»; ahí perdió su caballo enfangado, Martín Vázquez de Arce, aún hoy doncel en la catedral de Sigüenza; ahí don Gutierre de Sotomayor, conde de Belalcázar o, por su gallardía, el «Conde lozano», y ahí, don Rodrigo Girón, el maestre de los romances. Todos esforzados en pugna de esforzados. De este modo, la vida vino a se para ellos ligera y alcanzaron el final sin granazón.

Bajo los cielos de Granada, la figura del guerrero se idealiza y encumbra en dechado de caballerosidad y gentileza. Don Rodrigo Téllez Girón estaba adornado de cualidades tan sobresalientes que lo convertían en modelo; a ello, se añadía, que los hados juguetones lo coronaron con un halo sentimental. Era hijo de don Pedro Girón, turbulento y ambicioso maestre de Calatrava, conquistador de Archidona y pretendiente de la Reina Católica; de sus devaneos ilícitos con doña Isabel Casaús, tuvo dos mellizos, don Rodrigo y don Juan: el primero alcanzó el maestrazgo de Calatrava a los doce años, y el segundo el condado de Ureña. En su Jardín de flores curiosas, Antonio de Torquemada relata que, siendo niños, los dos hermanos mostraron tan extraordinaria simpatía que, al despertar, tras hondo sueño en la misma cuna, tenían sus cutis adheridos y las dueñas cuidaban habían de separarlos con bálsamo suave. Sea lo que fuere de tal simpatía, nuestro don Miguel de Cervantes afirma: «el autor de ese libro [Don Olivante de Laura]-dijo el cura— fué el mismo que compuso el Jardín de flores; y, en verdad, que no sepa determinar cuál de los dos libros es más verdadero, o, por mejor decir, menos mentiroso; sólo sé decir que éste irá al corral, por disparatado y arrogante»...Tal vez, se hubiera levantado la leyenda sobre los hermanos.

La historicidad de los romances, respecto al Maestre de Calatrava, se mueve entre la certeza y la pura fantasía. Pero, de ello, hay que destacar que sobre don Rodrigo Téllez Girón se fragüen unas cuantas evidencias, que no le atañen a él, sino a su sucesor don García López de Padilla, junto con otras fantásticas elucubraciones. Parece que el responsable de todo ello es Ginés Pérez de Hita, que sobrecarga la cuenta de las falsedades cronológicas que denunció Cirot, y llega a fundir en un solo Maestre las personalidades tan dispares de los dos últimos jefes de la Orden de Calatrava. Aunque históricamente exista una verdad que concierne a López Padilla, poéticamente los versos rememoran siempre la esbelta figura de Téllez Girón.

Los romances fronterizos, con su carácter de gaceta y noticiario de hechos memorables suministran algunos datos heterogéneos referentes a don García López de padilla, a don Rodrigo Téllez Girón.

…arremete el uno al otro,

el moro gran grito daba:

!Por Alá, perro cristiano,

te prenderá por la barba!...

Con esas urdimbres se tramó un relato de gran carga novelesca, que fue a permanecer vivo en Las guerras de Granada y, por fin, vino a irrumpir en la liza con los nuevos romancistas. Ginés Pérez de Hita presenta al Maestre en las pugnas con el moro Muza; lo conduce a Granada donde vence en unas justas y, lo que es más curioso en el romancero, llega a derrotar a Albayaldes, y hasta los lleva a la pila para recibir el agua bautismal.

Al publicarse el Romancero General, en 1600, las Guerras de Granada hacía ya cinco años que recorrían su camino triunfal. Ahí beben recuerdos y toman suministros las nuevas corrientes de romancistas. Se convierte en lugar común la llegada del Maestre a Granada, para tomar parte en un torneo; se insiste en la causa del rapto de la sarracina, al secundar los planes de Witiza; se encumbran los valores del Maestre como recurso, para probar la destreza de los moros: El que al Maestre no ha dado entre las bermejas cruces golpe de lanza o flechazo con valientes ímpetus no se justifica hasta que al fin el mismo Romancero hace morir a don Rodrigo Girón entre un tumulto de novelescos motivos en los que no cabe descubrir ni asombro de verdad; un leve atisbo se descubre: Mira el cuerpo casi frío que está despidiendo el almadel malogrado mancebo Maestre de Calatrava, el valiente moro Muza, que era hermano de Abenámar, Rey de Granada y su Reino entero y señor del Alpujarra.

Desgraciadamente, la historia no fluye con tan gozosa memoria y aporta sólo unas cuantas noticias y no tan afables del Maestre. Lo cierto es que muy pronto fue olvidado por la poesía, en sus primeras andanzas, asaltó Ciudad Real, allí degolló a todos los defensores y arrancó la lengua a la gente plebeya; la historia avisa que nunca estuvo en Santa Fe, ni venció a1 moro Aliatar, e1 caudillo de Loja; el día que el Maestre se perdió para siempre, no hubo poéticas conversiones, ni moros le acompañaron en el tránsito: El 3 de julio de 1482 el Maestre de Calatrava tenía veintisiete años.

Todavía el romancero tradicional aporta nombres y gestas a su historia contemporánea. Después de la rendición de Granada, se pierde en los libros históricos el aire desafiante de su gesto. De vez en cuando su fugaz aparición en un romance tardío. Quedan, todavía, las hazañas verdaderas de Pulgar y las fingidas de Garcilaso, pero esto tomó el camino del teatro y el primer Lope repitió por dos veces la misma historia en las tablas. Y quedarían aquellos granos -Loja, Baza, Guadix-, que iban cayendo de la granada. Pero hoy, sólo interesan las narraciones que adelgazadas se desgranan en una marcha de casi doscientos años.

Vengamos, sólo, a lo modélico: Abenámar, principal luminaria, plena de expectativas, de Granada, Alhama o el aspecto ya roto de un sino hostil, don Rodrigo Girón, imagen de mala suerte, aunque le sobreabundara en su andanza literaria. Son puertas abiertas hacia el futuro, hechos y tareas asumidos todos por la literatura posterior. Y, entre los diferentes avatares de los autores de la poesía, la luz de las gestas irá iluminando el pasado de una Granada, por el momento, misterioso y enigmático.

Camilo VALVERDE MUDARRA

Este artículo tiene © del autor.

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