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LOS DIAS DE SEPTIEMBRE

Capítulo 1

Valentín Justel Tejedor

España



Novela palpitante, llena de intriga y emociones, desarrollada en el reciente contexto bélico balcánico, en la que una profunda historia humana muestra con realismo las esperanzas y desesperanzas de una mujer que mantiene una lucha tenaz por conseguir la felicidad de una niña, todo ello en el escenario de una cruenta guerra.

LOS DIAS DE SEPTIEMBRE

CAPITULO I

 

Aquel amanecer del 14 de agosto de 1991, la capital croata era despertada por un brillante y esplendente sol, que iluminaba con su cenital intensidad, todos y cada uno de los rincones de aquella maravillosa ciudad.Aquella mañana parecía de oro.

Sin embargo, repentinamente aquel idílico y cautivador escenario pronto retornó a su bélica realidad, en la que la imagen de los viejos tranvías azules, vacíos y solitarios, abandonados súbitamente, por los pasajeros al escuchar el estridente y sobreagudo sonido de las sirenas, que anunciaban el bombardeo, resultaba estremecedora.En las terrazas aledañas, sobre las mesas argentadas, todavía humeaban los solitarios y celajosos aromas de los ardientes cafés, que se iban enfriando con premiosidad.Las calles estaban desiertas, y la mañana se había tornado de plata.Apenas si se veía alguna persona, que corría con extrema celeridad en dirección al refugio situado cerca de allí, concretamente a escasos metros de la plaza Ban Josip Jelačić en la intersección con la calle Tomiceva, a la altura del número cinco, en un emblemático edificio de refinado aspecto neoclásico, con añadidos barrocos, tres portentosas alturas, y una bellisima balconada central, exornada con intrincadas rejerías azabaches.La entrada guardada por una nigérrima celosía modernista, daba acceso a un corredor con pavimento ejedrezado, endrino y cinabrio, los colores fuliginosos y rubescentes resaltaban sobre el fondo ocre, por la translúcida claridad, que proporcionaba una rectangular lucerna, que cubría la techumbre de la galería.Unos metros más adelante, en uno de los ángulos situados debajo de la cúpula de cristal esmaltado, se encontraba el acceso al sótano, que albergaba el refugio antiaéreo más concurrido de Zagreb.Unas angostas y empinadas escaleras de más de treinta peldaños daban acceso a un entramado de túneles y galerías, que se extendían por el subsuelo comunicando la calle Tomislav con la Plaza Ban Josip Jelačić.

En su interior, familias enteras se agolpaban aguardando con temor, a que finalizara el hórrido y aterrador bombardeo.Las escasas lámparas, que pendían del techo revestido de ladrillos, y maculado por la humedad, vibraban encendiéndose y apagandose, cada vez que uno de aquellos potentes proyectiles estallaba en las proximidades del centro de la capital.Entremezclado con el espeluznante retumbo de las bombas, se escuchaban los inconsolables vagidos de los recien nacidos, llantos que añadían un tenso dramatismo a aquella angustiosa y pavorosa situación.

En uno de aquellos laberinticos pasadizos, que en su parte central disponían de una anchurosa atarjea, se encontraba Drazen con su madre Slavica. Drazen era un adolescente inquieto, bromista, y muy querido por sus amigos. Su madre y el vívían en la parte alta de la ciudad, en un bonito barrio con calles adoquinadas, y empinadas que era visitado en tiempos de paz por muchos turistas.Mientras se producía el feroz bombardeo Drazen y sus amigos se divertían caminando rapidamente, por los minúsculos bordillos laterales de las galerías, persiguiendo a los numerosos roedores que poblaban aquella fétida y nauseabunda cloaca.De este modo, el juego les hacía olvidar por unos momentos la grave realidad que se estaba produciendo en el exterior.

El sonido de las sirenas anunciaba felizmente, el término del bombardeo.Era el momento en que Drazen acudía con rapidez al encuentro de su madre.El muchacho no había olvidado la reciente muerte de su padre Radovan, y la desaparición de su hermana Danica, en un ataque aéreo producido meses atrás, todavía sus doradas pupilas reflejaban el inmanente rastro de melancolía, que subsistia en ellas.Al finalizar el bombardeo, el chico regresaba a casa conversando con su madre Slavica, al pasar junto a una casa que ardía pasto de las llamas, encontraron a una que yacía en el suelo, cadaver, y junto a ella una niña semi-inconsciente con sus ropas cubiertas por un negruzco polvo. Slavica y Drazen enseguida se acercaron a ambas, y tras comprobar que la mujer ya no tenía pulso, la madre se dirigió a la niña para ver si todavía le quedaba algún resquicio de vida.La niña mientras se encontraba en el regazo de Slavica entreabrió sus ojos un instante, para enseguida cerrar sus alabeadas pestañas, como si una inexistente claridad cegara sus ojos. Inmediatamente, avisaron a los servicios de emergencia para que trasladaran a la niña al hospital más cercano. Slavica y Drazen subieron en la misma ambulancia para no despegarse ni un solo instante de aquella criatura malherida.En el hospital, mientras la niña era examinada, por los doctores, Drazen y su madre aguardaban impacientes, en los pasillos andando y desandando sus pasos.Al rato, se acercó un médico y preguntó:

¿Es Vd. su madre?

No, pero la hemos encontrado malherida en la calle.Espero hacerme cargo de ella.

No tememos por su vida, pero la niña, sufre un grave problema.

La onda expansiva de la bomba ha dañado sus tímpanos y esta practicamente sorda, por lo demás se recuperará, tan solo tiene unos rasguños, y un leve traumatismo en la pierna.

Slavica abatida tras escuchar las palabras del doctor, tomó asiento mientras era consolada por su hijo.

Tras aquel amargo momento Slavica, decidió comenzar los trámites necesarios para adoptar aquella dulce pequeña, de nombre Nevenska, con rostro carirredondo y facciones eslavas; ojos brillantes y dorados como el sol; cabello áureo, ensortijado, y jalonado de alabeados bucles; y labios que dibujaban una inocente sonrisa angelical.

Así, a pesar de que los servicios sociales se ocupaban de atender a la niña, Slavica estaba en la habitación del hospital de forma casi permanente, cada día la pequeña se encontraba mejor, y eso hacía que Slavica estuviera feliz, quizá porque veía en ella, a la hija que había desaparecido por culpa de los horrores de la guerra.

De este modo, al abandonar el hospital, la niña fue ingresada en un centro de menores tutelado por el Estado, al que Slavica acudía con mucha frecuencia.

Así pasaban los días hasta que de forma provisional, Slavica obtuvo la guarda temporal, una figura legal que no le reportaba demasiados derechos respecto a la niña. Sin embargo, para ella cada día que pasaba, era como si la pequeña formara más parte de su familia.Nevenska, pronto aprendió a querer a Slavica, que se convertía en una verdadera madre para ella. Slavica era una mujer que derrochaba amor, y dulzura con aquella niña, que a pesar de su discapacidad auditiva, progresaba día a día esforzandose por leer los labios y aprender el lenguaje de signos.

Drazen, asumió desde que la niña entró en casa que era su hermana, y la trataba como tal, la sacaba a pasear por el parque, le compraba golosinas, y quizá lo más importante, le ofrecía todo su afecto.La niña era feliz en aquel cálido ambiente familiar que le rodeaba, a pesar de la situación de guerra que atravesaba el país.

Slavica, le escribía todas las semanas a su hermano Ljudevit refugiado en Ucrania, para contarle los detalles de una vida dura en una situación dificil.Los racionamientos de alimentos, y las persecuciones étnicas, hacían más complicada una guerra de Independencia, que se había convertido en el conflicto armado europeo más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial.

En una de las cartas que se escribían Slavica y Ljudevit, este ultimo le contaba a su hermana que había conocido a una doctora, que era la mujer de un amigo suyo que trabajaba en el Hospital Pediatrico de Kiev, y que en alguna ocasión habían hablado del problema auditivo de Nevenska, mostrando su predisposición a examinar a la pequeña, y tratar de ayudar en lo que fuera posible.

Slavica le contestaba a su hermano que no podía pagar esos estudios y diagnósticos, y que prefería de momento continuar con la terapia seguida en Zagreb.

Sin embargo, un hecho vino a cambiar la actiud de Slavica. Una tarde en el parque cercano a su casa, mientras ella charlaba con una mujer, observó como unas niñas se burlaban de Nevenska, haciendo muecas como imitando la lengua de signos, y riéndose de ella. Inmediatamente, Slavica dejó de hablar con la señora para dirigirse donde se encontraban las menores y recoger a Nevenska que sollozaba sin consuelo, derramando unas finas lágrimas que parecían de cristal.Aquella circunstancia, motivó la reacción de Slavica, que inmediatamente se puso en contacto telefónico con su hermano Ljudevit, para pedirle que hablara con la doctora, que estaba dispuesta a llevar a la niña a Kiev, para que fuera tratada de su problema auditivo.

Dos días después, tras comprar los billetes se dirigian a la Estación Central de Zagreb, situada junto a la Plaza del Rey Tomislav. Drazen las acompañaba por las plataformas de los andenes, hasta que los paneles anunciaron la salida del tren con destino a Kiev, con transbordo en Budapest.El expreso era antiguo, con compartimentos tapizados en un color verde horrendo, los asientos tenían salpicaduras y chirriaban al ser desplazados, algunas de las luces del departamento no funcionaban. En el corredor la gente se agolpaba, sacando las cabezas por las ventanillas para despedirse de su familiares.Se vivian momentos de emoción.El Jefe de Estación con su silbato emitió un silbido estridente, que puso fin a aquellos melancólicos y sentidos instantes.El convoy inició su marcha, con premiosidad, dejando atrás los arrebolados atardeceres teñidos de magenta cinabrio, y bermellón purpúreo de la capital croata. Slavica pronto comenzó a entablar conversación con una pareja de ciudadanos eslovenos, que se dirigían hacia el Lago Balatón, según contaban se trataba de un lugar bastante tranquilo y seguro.En el fragor de la animada charla apareció un revisor vestido con un uniforme azul oscuro, y una placa con su nombre en la pechera, que iba solicitando los billetes para ticarlos.Slavica le entregó su billete y le dijo que la niña viajaba con ella.El revisor preguntó que cuantos años tenía la niña, y la madre le respondió que seis años, el revisor le respondió que con esa edad debería haber comprado un billete para la pequeña, pues iba a ocupar una plaza.Slavica le dijo que pensaba que no era necesario, y que por eso no lo había adquirido. El revisor le insistió que si no disponía de billete tendría que abandonar el tren en la próxima estación.Slavica asustada le pidio que le expidiera un billete, el cual, apenas pudo pagar, pues le cobró un importante suplemento por carecer del mismo.Slavica tras lo ocurrido se echo a llorar mientras Nevenska le preguntaba que porque lo hacía.

Por nada, sol por nada, le respondía Slavica.

Sin embargo aquel leve incidente, no era más que el preludio de lo que acontecería despues.

Así, horas más tarde el tren se detuvo bruscamente en la estación fronteriza de Gyekenyes, ya en territorio húngaro, allí subieron al expreso numerosos policias que solicitaban la documentación de los pasajeros. Cuando llegó el turno de Slavica, esta mostró al gendarme su identificación con aire sereno, sin ningún temor.El policía lo observó detenidamente, y se lo devolvió.Seguidamente, preguntó por el documento de identidad de la niña, Slavica le dijo que no tenía ningún documento, porque le habían dicho que no era necesario, que únicamente con el suyo, era suficiente. El policia avisó por medio de un radiotransmisor a uno de sus compañeros, y estuvieron hablando un buen rato.En aquellos momentos la cara de Slavica, era de preocupación.Por su cabeza pasaban miles de cosas en cuestión de segundos, lo único que quería es que aquella situación terminara cuanto antes.Tras finalizar la conversación el gendarme se dirigió a ella y le dijo, que no había ningún problema, que se trataba de una comprobación rutinaria. El policía continuó pidiendo la documentación a los demás pasajeros del compartimento dirigiendose en primer lugar a la pareja que había conocido Slavica, el hombre se levantó rapidamente, con cierto nerviosismo, mientras la mujer mostraba su identificación, así tras comprobar la identidad de ella, volvieron a preguntar al hombre por sus documentos; éste último buscaba y rebuscaba sin parar entre los bultos, tras haber mirado previamente en sus bolsillos, el policía tras un rato de espera le dijo con aire amenazador, que si no encontraba la documentación tenía que abandonar el tren.El hombre enrojecido, sudoroso y muy nervioso, le dijo que se le habría caido, pero que estaba seguro de que la llevaba antes de subir al tren. Tras una corta espera, el varón desesperado decidió abandonar el tren, con su acompañante. El policía les dijo que le siguieran, que había un tren en la vía uno, que se dirigía a Zagreb.Nevenska que había presenciado el incidente, miraba por la amplia ventanilla como la pareja se dirigía hacía el otro tren, ambos cabizbajos y con gesto de desasosiego.Tras abandonar el tren los policías continuaron exigiendo la documentación a los demas pasajeros del expreso.

Una vez hubo finalizado el control de documentos, el expreso reanudó su marcha para horas más tarde llegar a la estación de Keleti en Budapest. Nada más descender del tren el calor era realmente insoportable. Aquella catedral ferroviaria alojaba bajo su increible bóveda de acero y cristal a gentes de todas partes, que discurrían por entre las dependencias de aquella magna construcción como verdaderas corrientes humanas.La muchedumbre se congregaba, junto a los paneles electrónicos de salidas y llegadas de los trenes.Sus miradas trataban de seguir, en vano, el vertiginoso movimiento de las letras que componían las informaciones sobre los horarios. Las terrazas y cafeterias se encontraban igualmente abarrotadas. Los vehículos eléctricos, que portaban los equipajes, de los trenes de largo recorrido, zigzagueaban con verdadera temeridad, entre el gentío, perdiendo en su alabeado recorrido alguna que otra maleta. La sala donde estaban las ventanillas de expedición de billetes, se encontraba atestada de público, formando largas colas. Junto a la puerta principal de la estación, había unas viejecillas, que portaban unos carteles de papel, en los que anunciaban la disponibilidad de habitaciones libres, en las cercanías de la estación terminal a bajo precio.Muchos viajeros negociaban con ellas el importe del alquiler de una o varias habitaciones. Slavica y Nevesnska se sentaron comodamente en una de las terrazas que había en la estación, junto a la puerta principal, allí mientras tomaban unos refrescos, esperaban la salida del tren nocturno que las conduciría a su destino:Kiev.

Una hora más tarde los paneles anunciaban la salida del expreso ETV-22. Un viejo automotor con locomotora diesel y siete coches -cama. Slavica se apresuró a coger de la mano a Nevenska y juntas accedieron al tren. Nada más subir, buscaron su compartimento, en el que ya había otras dos mujeres. Había cuatro literas convertibles, y una gran cortina en color granate.El baño se encontraba en uno de los extremos del vagón.El expreso comenzó a moverse con lentitud, mientras los pasajeros todavía colocaban sus bultos en los compartimentos. Las horas transcurrían con premiosidad, al tiempo que se sucedían las interminables estepas de gramíneas, y los paisajes allanados de la amplia planicie.Así, pasadas varias decenas de kilómetros, el automotor llegó sobre la una de la madrugada a la estación fronteriza de Chop, en la República de Ucrania.Algunos pasajeros dormían placidamente cuando fueron despertados por las voces de los policías pidiendo documentaciones, las puertas correderas de los compartimentos eran abiertas sin miramientos.Uno de los agentes llevaba un escalera plegable de dos hojas, en la que se subió e iba desmontando con una llave allen, todos los falsos techos del pasillo del tren, mientras tanto otros policías en el exterior, inspeccionaban con linternas los bajos del ferrocarril.Cuando los policías llegaron al compartimento que ocupaban Slavica y Nevenska, le solicitaron la documentación, ella medio dormida les entregó su identificación, le preguntaron que adonde se dirigía, y ella les contestó que iba a un hospital de Kiev con la niña, seguidamente le solicitaron la documentación de la pequeña, ella les explicó que llevaba un documento que acreditaba la guarda temporal de la niña.Al observar los papeles el policia habló con otro agente, que estaba fuera del compartimento, el policia tras un rato de deliberación con su compañero volvió a entrar en el departamento, y dirigiendose a Slavica, le dijo:

Disculpe señora, pero me temo que va a tener que acompañarnos.

¿Por que?, respondió Slavica, muy asustada.

La documentación que nos ha entregado no permite que la niña salga de su país, pues según las leyes, para ello debía haber solicitado un permiso especial, del que carece, por ello debe acompañarnos.

El problema era más grave de lo que parecía, pues los policías se temían que se tratara de un secuestro, y que lo que pretendía era sacar a la niña del país, sin autorización.

Slavica malhumorada recogió sus maletas y cogió la mano de la niña, que insistentemente preguntaba que es lo que ocurría.

La madre apenas tenía fuerzas para responderle.

Una vez en el cuartelillo que la policia tenía en la estación fronteriza, le explicaron que la niña hasta que aquella situación se aclarara debia permanecer, bajo la custodia de los servicios sociales.

Slavica, aturdida por la situación gritaba desconsolada, cuando se llevaban a Nevenska, y la niña a su vez lloraba sin parar, mientras echaba la vista atrás.

Transcurrido este hecho, comenzó el interrogatorio.

El policía le explicó que si cooperaba todo sería mucho mas fácil, y que si admitía que se trataba de un secuestro de la menor, todo se resolvería de una forma sencilla.

Slavica, al principio, no salía de su propio asombro, pero llegado un momento concreto se rebeló contra sus captores, a los que intentó agredir.

Tras golpear a uno de los agentes, intentó escapar para reunirse con Nevenska, pero dos policías lograron reducirla. El superintendente del puesto fronterizo, solicitó que se trasladara a la detenida a una prisión estatal, acusandola formalmente de secuestro y atentado contra la autoridad.

Slavica exigia a gritos la inmediata presencia del consul de su pais, o de algun abogado.Sin embargo, sus palabras tan solo retumbaban en los mamparos de aquel furgón policial.

Una vez en la prisión transcurrieron dos semanas, hasta que una carcelera, abrió su celda, y la condujo hasta el alcaide de la prisión.

El director de la prisión, ordenó a los guardias que abandonaran la estancia. Instantes después, se dirigió a Slavica, con estas palabras:

Me he enterado que tu estancia en este lugar esta resultando muy conflictiva, y seguidamente de forma repentina le propinó una gran bofetada a la reclusa, que cayó bruscamente al suelo.

No nos gustan las personas conflictivas como tu , - entendido -, le gritaba en tono insolente y amenazador el Alcaide.

Ahora bien, puede ser que decidas cambiar de actitud, le decia mientras ayudaba a levantarla, y sera mejor para todos.

Eres una persona muy atractiva, y quizá tu y yo podriamos llevarnos muy bien, ¿verdad?.

Slavica escupió con todas sus fuerzas sobre la arrugada cara del tirano, el cual ordenó tras lo sucedido que se llevaran de allí a aquella presa y que la encerraran en una celda de castigo.

Así, tras varios días en la celda de aislamiento, al ir a sacarla de allí, observaron que se encontraba inconsciente debido a que se había autolesionado. Fue trasladada de inmediato a la enfermeria de la institución, donde una enfermera se hizo cargo de ella, y logro que tras unos días de curas y reposo recobrara nuevamente su salud.En esos días de estancia en la enfermeria consiguió hacer amistad con la cuidadora, así al explicarle la problemática en la que se veia inmersa, le rogó a la asistente sanitaria que telefoneara a su hijo Drazen y a su hermano Ljudevit al cargo de él, y les contara lo sucedido.

Así, dos días despues de haber recibido la llamada, se personaron en el presidio su hijo y hermano junto al consul acreditado en el pais.El propio diplomatico aclaró la situación, entregando a las autoridades locales los documentos que acreditaban la guarda legal temporal, y el permiso especial expedido para poder sacar del pais a la niña.Respecto de las presuntas agresiones a los policias, hubo de pagarse una fianza, con la firma de un documento que garantizara su presencia en la celebración del juicio.

Al fin Slavica salía de aquel infierno, y se reencontraba con Nevenska, la cual, se abrazó a ella fuertemente, mientras la besaba.Ambas lloraban a la vez, que mostraban unos rostros invadidos por la felicidad. Drazen y su tío Ljudevit abrazaron a Slavica y a Nevenska, y todos agradecieron al consul su intervención en aquel espinoso asunto.

Slavica y Nevenska iniciaron nuevamente viaje hacia Kiev, en este caso con un salvoconducto expedido por las propias autoridades estatales, lo que les garantizó un trayecto sin sobresaltos.

A la mañana siguiente llegaron a la Estación de Kiev Pass, el día estaba tormentoso, y unos nubarrones gríseos anunciaban un inminente aguacero. La muchedumbre se agolpaba en los pasillos del automotor, mientras los bultos bloqueaban las puertas de salida. En la plataforma del anden se iban sucediendo los emotivos encuentros, los abrazos, los sollozos, las alegrías…Slavica y Nevenska sorteaban a los corrillos, mientras trataban de encontrarse con Damir.Unos pasos más adelante, un hombre con sombrero y gabardina, permanecía de pie, con su mirada fija en la aglomeración, como tratando de descubrir el rostro conocido de algún familiar al que no conseguía vislumbrar.De pronto, Slavica gritó:

¡¡¡Damir!!!

Damir corrió rapidamente hacia ella, y se fundieron en un emotivo abrazo que no parecía tener fin, la niña contemplaba aquel momento con gran emoción, y tras el cariñoso saludo Slavica presentó a la pequeña.

Instantes después nada más salir del recinto de la estación ferroviaria, comenzó a llover con insistencia, Slavica, Nevesnska, y Damir corrieron hacia el vehículo que estaba aparcado en las inmediaciones.

Así mientras recorrían las calles de Kiev, en la radio del vehículo un espacio informativo difundió la noticia de que una niña croata había venido a Kiev para recibir un tratamiento médico, y que unos parientes de la niña estaban tratando de conseguir su custodia legal, tan solo la información fue entendida por Damir que calló lo ocurrido, aunque se preguntaba como había transcendido este hecho a los medios de comunicación.

Al llegar al apartamento de Damir comenzaron a deshacer el equipaje, cuando unos reporteros llamaron a la puerta.Al abrirla los flashes se dispararon sobre Damir, mientras Slavica preguntaba desde el interior de la vivienda que es lo que estaba ocurriendo.Fue entonces cuando salió al ver el revuelo, la primera pregunta que le hicieron fue un verdadero jarro de agua fría:

Señora, ¿que opina de que unos familiares de la niña, pretendan hacerse con su custodia?.

¿Es cierto que Vd. ha secuestrado a la pequeña?

¿Por que no la devuelve a sus legitimos parientes?.

Slavica sin responder a ninguna de aquellas preguntas, y sin salir de su estupefacción, cerró sin contemplaciones la puerta de la vivienda.

Corrió enseguida hacia el interior a consolar a Nevenska que lo habia escuchado todo.

La niña entre sollozos decía que no quería separarse de ella.

Slavica de inmediato acudió al consulado croata para recibir una explicación de lo que estaba sucediendo.

Alli fuentes diplomáticas le confirmaron sus peores sospechas, al manifestarle que era cierto que al airear la prensa el asunto de la niña en Hungría, unos familiares se habían hecho eco del mismo y habían presentado una denuncia reclamando la custodia de la pequeña.

¿Quienes son esas personas?

Según parece se trata de sus tíos que se habían refugiado de la guerra en Hungría, y se habían enterado del asunto por la prensa húngara, cuando se filtró que una ciudadana croata había sido acusada del secuestro de una menor, y al leer el nombre y apellidos de la niña se dieron cuenta de que se trataba de su sobrína.

No lo puedo creer, exclamaba con gesto cariacontecido.

Al día siguiente cuando Slavica y Nevenska se encontraban en el hospital pediátrico de Kiev, esperando para entrar en la consulta de la doctora recomendada por el hemano de Slavica.Aparecieron en el pasillo dos policías ucranianos que se dirigian hacia ellas.Slavica al observar la actitud de los gendarmes cogió rápidamente a la niña, y se la llevó por las escaleras de emergencia situadas al lado de la consulta, los policías al ver la reacción de Slavica no dudaron en correr tras ellas, al salir a la calle Slavica tomó un taxi que casualmente pasaba por allí, y se dió a la fuga.En esos momentos de incertidumbre no sabía donde ir, ni que hacer, era una fugitiva, pues las autoridades de ambos países trataban de capturarla.Apenas tuvo ocasión para telefonear a su hermano y contarle lo sucedido. Nuevamente, cogió un taxi, con la intención de salir del país rápidamente, así cuando se encontraban cerca de la frontera con Eslovaquia, ella le pidió al taxista que por favor encontrara una ruta poco transitada, para evitar los controles aduaneros, el taxista al ver la desesperación de la mujer, optó por dirigirse a un camino poco transitado que atravesaba la frontera sin aduana.Una vez dentro del territorio eslovaco, dejaron el taxi y cogieron un autobús que las trasladó a Bratislava la capital del pais.Un día despues llegaban a una ciudad que a Slavica le pareció maravilosa, por la quietud, y el sosiego que allí se respiraba, aquel le parecía un buen lugar para iniciar una nueva vida, alejada de las continuas persecuciones a las que habia estado sometida.Pronto encontró un trabajo que permitía el sustento suyo y de la niña, los días pasaban con alegría, hasta que una tarde mientras cruzaban el espléndido puente tendido sobre el Danubio, observó como algunas personas las miraban, con expresión dubitativa.Inmediatamente, percibió que algo extraño estaba sucediendo.Así fue, al llegar unos metros más adelante tras cruzar el puente en un pequeño quiosco aparecía en primera página de algunos periódicos la foto de la niña, el titular decía: ¿Dónde esta?.

Al parecer la foto de la niña era de hacía unos años, por lo que no se correspondia con la fisonomia actual de Nevenska, pero si guardaba una notable semejanza.

Tras el incidente, volvieron a casa enseguida y Slavica recortó el pelo de la niña, y trato de distorsionar la imagende la pequeña, para que se alejara cuanto fuera posible de la foto publicada.

Sin embargo, a pesar de los cambios, unas vecinas que vieron la foto, lo pusieron en conocimiento de la policia.A las tres de la tarde la policia se presentaba en la casa para detener a Slavica y hacerse cargo de la niña.

Tras un ágil proceso burocratico ambas fueron puestas a disposición de las autoridades croatas, que tras la llegada al pais, formalizaron los tramites para que la niña fuera adoptada por sus parientes retirando la guarda temporal a Slavica.

La niña al ser separada de Slavica, no se integraba del todo bien en el seno de una familia a la que apenas conocía.Los malos modos se manifestaron hacia ella preacticamente desde el principio.Los servicios sociales realizaban un seguimiento de la evolución de la niña para comprobar su adaptación.Los adoptantes, Milavich, y Karina insistían ante cualquier incidencia que la niña tenía un mal comportamiento y que a veces se hacia necesario el castigarla.Slavica, desde su tristeza y melancolia intentaba ver de vez en cuando a la pequeña, siempre a escondidas, y sin ser vista.Paseaba algunas tardes por los alrededores del colegio donde cursaba sus estudios la niña, y frecuentaba algunos de los lugares que más gustaban a Nevenska. Milavich, y Karina entendían esta actitud como una amenaza, y no tardaron en denunciarla por acoso.El juez incluso llegó a ordenar una orden de alejamiento. Por lo que cada vez Nevenska se encontraba más lejos de Slavica, y no precisamente en la distancia.En alguna ocasión Milavich, y Karina, acudían a las urgencias del hospital para curar las magulladuras y heridas que producían a la niña, justificando el origen de las mismas, en caidas accidentales.Sin embargo, a la tercera vez uno de los médicos al observar la reincidencia avisó a la policia para que investigaran aquellos hechos indiciariamente sospechosos.La policia interrogó a los Milavich, y Karina sobre lo sucedido y tras no encontrar una explicacion convincente, decidió ponerlos a disposición judicial, retirándoles temporalmente el régimen de adopción.La niña ingresó en una institución especial de acogida.Slavica, que a veces hasta sobornaba a algunos funcionarios, con el fin de obtener información sobre la situacion de la niña, estaba al corriente de todo lo que sucedía.

Los Milavich, y Karina recuperaron meses mas tarde nuevamente la custodia de la pequeña, sin embargo un hecho inesperado vendría a cambiar notablemente el rumbo de los acontecimientos.Así en una fría y desapacible mañana en la que Zagreb, estaba siendo bombardeada, varios proyectiles alcanzaron de lleno la vivienda de Milavich, y Karina, muriendo todos los miembros que se encontraban en ese momento en su interior.Afortunadamente, Nevenska esa mañana había acudido al colegio, en cuyos sotanos habia un refugio antiaereo donde se refugiaban los niños, cada vez que se producía un bombardeo.

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