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DON GABRIEL

Relato

Carmen María Camacho Adarve

España



Carmen María Camacho Adarve

Mi infancia esta hecha de calidos veranos. La casa grande de mis abuelos, en Cabra del Santo Cristo, el huerto: aires de frescura, en donde habitan, una higuera, un granado, un almendro, el palomar, muchas flores, enredaderas y la alberca.

Mañanas en el huerto acompañando a mi abuelo; dar de comer a los conejos, agua a las palomas, podar las malas hierbas, recoger dulces frutos. Calladas y frescas las aguas de la alberca.

El abuelo Gabriel un hombre bueno y sabio, maestro jubilado de muchas guerras, delgado y frágil de cara amable, cabello blanco, y ojos verdes intensos, mirada bondadosa, un hombre tranquilo.

Mañanas en el huerto, siestas en la semioscuridad del porche el gran silencio. Los abuelos Gabriel y Matilde, mis tíos, y mis primos.

Me levantaba muy temprano bajaba las escaleras hasta la cocina. Sentada en

Una sillita baja de enea. Mercedes llega del mercado.

-Refunfuña- “¡canastos!”, ¿ya estas levantada niña?”. Trajinando

Entre fogones, ordena la fruta, las verduras recién cogidas

Que trae en un cesto grande de mimbre Se oyen las voces del

Vendedor de hielo: “¡barras de hielo para la nevera!”., “¡hielo de sierra nevada!”. “¡Niña dile que traiga una barra!”. La deposita junto a la entrada el vendedor de hielo, un muchacho, la transporta sobre un burro. “Que dice Mercedes que mañana te la paga”. “¿Cómo no se descongela?” pregunto-.

Mercedes la arrastra, es enorme, hasta la cocina. “Esta cría siempre haciendo preguntas, ¡demonios!”. Parte el bloque de hielo, lo mete en la nevera; un trozo junto al vino tinto y el sifón, otro cerca de la fruta, y el cuenco del gazpacho, para que estén fresquitas a la hora de comer.

Mientras la Chacha Concha, (la niñera anciana y medio ciega todas las generaciones de la familia han pasado por su crianza) me da un tazón de loza blanca lleno de leche con pan, “Chacha Concha” –le digo- “¿puedo ya subir a despertar a mi abuelo?”. “Cuando te tomes la leche”. Y el tazón crece, parece no tener fondo.

La abuela en la salita roja; semioscuro, para espantar el calor esperando al practicante. Huele a jabón “Heno de pravia” a medicinas, alta y delgada, pálida y hermosa.

La Chacha me cuenta historias terribles de cosas malas que pasan a los niños que no les gustaba la leche. Me la bebo finalmente del tirón y fría. Sube conmigo hasta el dormitorio, que compartimos, ella, mi hermana, y yo; me lava en el cuarto de baño un lujo- luego me ayuda a vestirme. Lo que más le gusta es cepillar con ternura sin darme tirones mi pelo castaño fuerte y rizado, lo sujeta fuertemente en dos trenzas “¡ya estás lista para despertar a D. Gabriel!”. Desaparece escaleras abajo hasta la cocina, a esperar al siguiente niño.

-Toc, toc, toc- golpeo con los nudillos en la puerta del cuarto de mi abuelo- “¡Abuelo puedo entrar!”

“Si entra” –responde tras la puerta-. Al verme pasar se incorpora de la enorme cama de níquel dorado, rematada con cuatro bolas, brillantes como el oro, con una preciosa sonrisa me canta... “Carmen María de día y de noche “la cancioncilla de todas las mañanas y las noches “Carmen María noche y día”. Le gusta mirarme toda desconcertada, ya que nunca sé en que momento me cantara la canción. Me enojo. El dice: “bien muchachita, “¡ni esta noche ni mañana te canto más tu canción!”.Hago puchero infinitamente triste; pienso; “mi abuelo ya no me quiere, ni mañana, ni esta noche, nunca me va a cantar mi canción”; al instante correteo alegre a su alrededor enredando, se que es incapaz la canción que compuso para mí.

Al llegar la hora de acostarnos, me canta de nuevo, le doy un beso y las buenas noches.

Como ya os he dicho, compartimos cuarto, la Chacha Concha, y mi hermana. Preside el enorme dormitorio, sobre las tres grandes camas de hierro, un lienzo de colores marrones opacos, oscuros, un lienzo de la virgen Inmaculada, alumbrada por una lamparita de luz roja muy desvaída y triste día y noche. Paso miedo algunas noches que me desvelo, bajo aquella luz roja mortecina, parecemos espectros. Mi hermana, mucho menos miedosa que yo, me toma el pelo. La noche de verano que nunca amanece. Quedamente, ella, al verme beber agua del vaso que siempre esta lleno sobre la mesilla de noche, dice: “¿has bebido agua del vaso?”. “Si”- respondo-, “¿y?”. “¡Estas muerta!”. “¿Por qué?”- ...”La Chacha Concha, que como bien sabes esta casi ciega, mientras tú estabas en el cuarto de baño se ha sentado en tu cama para coserle un botón a su camisa de dormir; cuando ha terminado, he visto como la aguja ha caído al vaso de agua, no se ha dado cuenta y ahora tú te has tragado la aguja”. “¡Estás muerta!, ¡estás muerta!, ¡te morirás cuando la aguja atraviese tu corazón!”, ¿no notas los pinchazos?, pues ya sabes cuando la sangre cuando la sangre lleve la aguja hasta tu corazón... todo habrá terminado para ti...” (y se duerme tan tranquila).

Muerta, estoy muerta. Durante toda la noche suplico al lienzo de la Virgen, como un reo condenado a muerte, que me salve; aterrorizada, noto como la aguja recorre mi sangre, dándome pinchazos, si, si, si, ¡la noto como se acerca a mi corazón!.Al fin entra la claridad. “¡Estoy viva!, mira hermana, ¡estoy viva!”. “Claro que lo estás, la muerte siempre llega de noche, por eso es negra, tonta”. Entro a despertar al abuelo, antes de nada, pálida, asustada, le digo:”esta noche será la ultima vez que pueda oír Carmen María de noche y de día”. “¿Y eso?”, pregunta, “anoche bebí del vaso de agua de la mesita, mi hermana vio como a la Chacha Concha se le caía una aguja dentro del vaso, ¡y me la tragué!” me abraza, se echa a reír “Ay Carmen María, ¿no ves que ha sido una broma de tu hermana?”. “Sabes una cosa, pequeña” continua- “tu corazón es tan grande que ni un millón de agujas podría matarlo; anda a esperarme en el huerto, tenemos que hacer las faenas, ya bajo”.

Nunca escuches mentiras, ni caso, cree en ti y en la fuerza de tu joven corazón.

©Carmen María Camacho Adarve
CONTRALUZ Año IV – Número 4- Agosto de 2007
Revista anual de la Asociación Cultural
Arturo Cerdá y Rico
Edita:
Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico.
c/ Río, 1. 23550 Cabra del Santo Cristo (Jaén).
cartas@cerdayrico.com
revista@cerdayrici.com
Depósito legal: J- 395-2007
ISSN 1698-8817
CABRA DEL SANTO CRISTO (Jaén)

Este artículo tiene © del autor.

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