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Acoytes: los sub-underground suicidas, o tal vez candidatos de lujo a la camisa de fuerza.

Aurelio Giraldo Aice Hernández

Cuba



Se lo gastaron todo para comprar la cámara de cine de alta resolución, los ordenadores, micrófonos y otros accesorios, e instalaron el “estudio” en un local probablemente más chico que una celda de los corredores de la muerte. La gente los miraba de reojo y murmuraba, haciendo cálculos, sobre la gozadera que podría formarse con el poco más de medio millón de pesos cubanos que estos locos habían tirado por la borda.
Después de medio siglo en los límites de la precariedad el sueño del ciudadano promedio flota rondando la cornucopia. El gasto inversionista ocasional se limita a los índices más altos de una posible ganancia; casi nadie quiere jugarse nada. Pero el Grupo Experimental de Cine Acoytes se lanza, sin el apoyo de las instituciones y sin contar al menos con un productor que arriesgue una migaja de capital, a pecho limpio a generar el arte.
Con un cinco por ciento de inspiración y el noventa y cinco restante de transpiración consiguen contagiar con el síndrome a tres actores profesionales y alrededor de treinta aficionados y artistas de la calle (como Visconti y Rosellini en la Roma devastada de la posguerra) y los convencen para trabajar (sin otro salario que la esperanza de vender el film) en Los Cuervos, su ópera prima, con un presupuesto de risa (unos 280 dólares, es decir, 7 000 pesos cubanos según las tasas de cambio vigentes)
Con ello filman 120 minutos sin otra pretensión que la de fijar para la posteridad un atisbo de la realidad en la isla, como trasfondo del drama atroz de una familia disfuncional y sus efectos colaterales sobre el hijo sobreviviente, un adolescente sacudido por los traumas, en los momentos en que se despierta su sexualidad — siguiendo la trama de la novela homónima de Guillermo Vidal.
Este autor, que fue el narrador insigne de las letras tuneras hasta su muerte prematura, vio tronchada su carrera en momentos en los que su obra parecía despegar hacia sitiales de privilegio en lengua hispana.
Alejandro Lora, director del Grupo y, evidentemente, el más loco de todos, se convierte en el hombre araña, adapta la novela, dirige, realiza el montaje, participa en la construcción de un estudio de grabación artesanal para grabar las voces; y contamina con su perseverancia y entusiasmo al resto de los candidatos a la camisa de fuerza.
Los Cuervos, primera película realizada íntegramente por tuneros en Las Tunas — esta región de poetas y músicos, de escritores y plásticos—, ya está a punto de ser terminada y es noticia; pero, todavía sin apoyo institucional y sin un productor que arriesgue la guita, ya el Grupo se prepara para el segundo proyecto de largometraje. No les importa demasiado que algunas voces influyentes se hayan levantado en contra del primero. En verdad están locos. Y me llaman.
Acoytes debe tener algo mágico. El 2006 fue el mejor año de mi carrera de escritor. Obtuve un Premio Nacional con un libro de relatos (Oriente 2006) y el Premio Taller de la Crítica (Las Tunas, 2006) con un libro de ensayo. También firmé contrato para una novela destinada a los niños, y tengo otros doce libros en terminación, casi todos con una buena opinión de mis lectores de manuscritos. Por si esto fuera poco, una de las instituciones culturales más importantes del país ha tenido la gentileza de enviarme por correo las bases del Premio literario que convocan cada año para el Continente.
Sin embargo, he apartado todo eso y he venido a trabajar con el Grupo. El dilema, pues, queda planteado: o estoy loco de remate, o Acoytes, más temprano que tarde, marcará sus huellas en la historia de la cinematografía cubana. Si alguien me pregunta qué me decide a dar este paso diré, con toda honestidad que no ha sido el talento de sus integrantes —que lo tienen, claro—, o la entrega —evidente, por supuesto—; sino, más bien, esa disposición suicida de hacer cine a todo trance. A como de lugar.
 
Junio 6 de 2007

Este artículo tiene © del autor.

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