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SIEMPRE ESTOY TRABAJANDO, SIEMPRE ESTOY PREPARÁNDOME

Entrevista al escritor Luís Till Sanfiel

Carlos Téllez Espino

Cuba



 

 
Cuando adolescente siempre me pareció una tontería la literatura. No le encontraba sentido a “perder” tantas horas metido en un libro en vez de hacer otras cosas “más importantes”, hasta que tropecé en la biblioteca del politécnico XI Festival de esta provincia de Las Tunas, donde trabajaba por entonces, con Viaje a la semilla, de Alejo Carpentier y me agarró por el cuello y me sumió para siempre en la literatura. Ahí descubrí que yo quería hacer cosas así. Entonces escribí algo que para mi era un cuento y, como siempre, a las personas de mi alrededor les pareció genial. Juan Manuel Maestre me recomendó que fuera a ver a alguien llamado Carlos Téllez, quien era el Especialista de Literatura de la Casa de Cultura Tomasa Varona y Carlos, al ver mi “cuento”, me dijo: esto es una mierda, pero tú eres escritor. No lo entendí entonces, después me di cuenta que esa frase me hizo escritor. Escucha esto que te digo, lee, lee mucho, lee siempre o cuando descubras lo maravilloso que es leer sentirás la nostalgia que ahora siento yo por el tiempo que perdí en no leer y la horrible certeza de que ya el tiempo no te alcanza para leer todo lo que quieres. Créeme, es dolorosa esa añoranza.
 
Ahora, en el 2007, Luís Till Sanfiel tiene publicado tres libros para niños, terminó uno de cuento y escribe otro, además de su primera novela para los más pequeños. Mientras tanto, actúa para la radio, la televisión y es un reconocido narrador oral. Atrapado por la magia del campo cubano, siempre vuelve a él en todo lo que crea, cuando en Cuba, después de Onelio Jorge Cardoso, muchos pensaron que ese era un tema ya agotado.
Nací en el campo, ni siquiera en un hospital, sino en la casa de mis bisabuelos, en un lugar llamado Macagual, del municipio Puerto Padre. Desde pequeño me trajeron a vivir a la ciudad, pero ya sabes, el campo está en mi cadena de ADN. mis abuelos quedaron allá y los fines de semana o en las vacaciones iba a reencontrarme con el campo; desde el olor a hierro quemado del tren de Manatí, hasta el contar las vacas y caballos que veía por las ventanillas, los árboles, la gente con sus caras buenas despidiéndose en las terminales intermedias, los terraplenes, las cañas de azúcar peladas con la boca y el guarapo, los papalotes de guines, el olor del campo y su gente, los boniatos asados en la braza del carbón, el río, los mangos y los anones, la leche recién ordeñada, la luz de los cocuyos y la gente, la gente buena del campo…, eso entra por la nariz, se te cuela en la sangre y refuerza el ser humano que eres, ese es el mundo y esa es la vida, aunque escriba lo que escriba eso estará siempre en el subtexto, pues eso soy yo.
 
¿Por qué te lo juegas todo a la literatura para niños?
Dicen los que me conocen y concuerdo con ellos, que soy un niño de un metro y casi noventa centímetros de alto… concuerdo totalmente con ellos. De ahí que defienda nuestros intereses como niños. No escribo desde el niño que fui o que llevo dentro, escribo desde el niño que soy. A veces me da pena con los adultos y sus problemas tontos y quisiera ayudarlos a darse cuenta, pero veo que los adultos nunca nos entenderán. Así, allá ellos con sus problemas, pues los nuestros son más interesantes y divertidos. Cuando me siento adulto o alguien me dice señor, pongo por un momento los pies en la tierra, me duelo, me ofendo, pero después me compadezco de ellos y vuelvo a retomar el vuelo. Cuando pequeño padecía de terribles dolores de oídos y mi padre me leía un libro llamado Chad el Caribú, que creo me hizo obviar la literatura tonta para niños. Acabo de ser padre por tercera vez y mis hijos son mis mayores sensores, sobre todo por Yeisy, mi hija mayor, en sus ojos encuentro lo que necesito saber de lo que he escrito.
Dicen que la literatura para niños es un don de Dios, muchas personas creen que lo tengo, yo solo dejo fluir lo que me nace del corazón y como dicen las sagradas escrituras, “de lo que abunda en el corazón habla la boca”. Hay personas que menos precian la literatura para niños y respeto ese criterio, pero la verdad de la verdad, adivino en su interior una infelicidad infinita, envidia en grado sumo, e impotencia.
Si Dios no me lo permite seguiré siempre apostando por esta literatura.
 
¿Cual es tu máxima cuando te sientas a escribir para los más pequeños?
No me siento a escribir para los más pequeños, me siento a escribir. Mi máxima es que tiene en primer lugar que ser algo interesante, que tenga sentido y sea la cosa más importante del mundo. Siempre que me sucede algo que me conmueve y sucede a menudo, pues soy bastante sensible, eso de alguna forma se convierte en literatura para que los demás niños lo comprendan y no caigan en lo mismo, aunque según el dicho de mi abuela, nadie escarmienta por cabeza ajena. Esta literatura tiene que tener ángel, espíritu, sin tiempo al aburrimiento, sin moralejas tontas, decir de la forma más agradable y divertida posible, aunque no siempre se logre. Me interesa el ser humano como centro de todo, con sus logros y barbaries. Otro tema es la naturaleza, pues la amo muchísimo y siempre estoy queriendo llamar la atención sobre su cuidado.
 
 
Camino al monte, por supuesto que debía ser en décima…
Soy orgullosamente cubano y las tradiciones de este pueblo, sobre todo las del campo, como dije anteriormente, tienen que estar en mi obra. La décima es nuestra estrofa nacional y por lo anterior no podía faltar aquí. Te cuento que en mi casa siempre se veía Palmas y cañas, cuando era un programa televisivo y me encantaba ver a los repentistas disertando sobre temas, haciendo poesía dentro de un marco tan estrecho que no te permite decir más de lo que es y te obliga a ser poeta de verdad y probarlo, descubrí que la décima es también humor y como alumno del politécnico XI Festival conocí a un repentista natural y uno de los grandes humoristas de este país, mi compadre y hermano Angel Ramiz Pérez, y ahí comenzó un juego genial entre humor y décima, aunque confieso que por entonces estaba tan lejano de esta estrofa, quizás por el respeto que le tenía, que no me creía ni siquiera capaz de escribir un verso octosílabo. Un día le dije al trovador Freddy Laffita, compadre, explícame como es la estructura de la décima, pues soy un tunero nato y si esta es la tierra del poeta más popular de Cuba, por supuesto, después de el siempre genial José Martí, yo tengo que aprender a escribir una, me explicó, me busqué una décima modelo, por supuesto de El Cucalambé y me di a la tarea de hacer las mías propias. Cierta vez llegó a Las Tunas, para dar un taller de literatura para niños, una amiga que admiro muchísimo y es para mí una de las más grandes escritoras que conozco, Niurkis Pérez García, quien me convenció de que yo podía escribir adivinanzas. Ya escribía el programa radial Carrusel de la alegría y este me sirvió de laboratorio para lo que luego sería Camino al monte, que tenía como premisa la naturaleza, su conocimiento, el aprender jugando y por supuesto tenía que estar escrito en octosílabos. La décima es celosa, no te permite recrearte en tonterías, entras en un juego maravilloso con ella, donde se entregan de parte y parte, te prueba, te hace sentir gigante o nada, es un puro derroche de adrenalina. Cuando entras en su juego es como los clásicos del oeste, uno parado frente a otro, con las armas de la mente y quien desenfunde más rápido será el vencedor, lo que sucede es que la décima, con su benevolencia, te permite volver una y otra vez hasta el infinito. Parafraseando a mi amigo el cabo pantera (Ramiz) “siempre tomando medida/ lo digo por vez enésima/ quien no disfruta la décima/ no sabe lo que es la vida.
 
Caguayos somos y en la cerca andamos es tu libro de cuentos, aún inédito, donde está Chungo, tu personaje campesino de Como sorbo de café, el programa de televisión…
 Caguayos somos y en la cerca andamos es un libro de Macagual. Chungo es mi bisabuelo materno Pedro Pérez Vega, muy recto, aunque mágicamente se las arreglaba para ser a la vez consentidor. Lo recuerdo con mucho cariño, cuando escribí el libro volví a la casa de tablas y al guano. Ahora mismo me parece estarla viendo, la recorrí una y mil veces, volví a vivirla a ella y a todos los personajes que están ahí, a mi bisabuela, a mis otros abuelos…Es un libro que disfruté muchísimo escribirlo. Ahí están los sentimientos humanos como primicia. Cosas que me pasaron en la calle con la gente se trasladaron a aquella casa y se hicieron historia. Hay reflexiones profundas en un lenguaje sencillo y a veces divertido. Es un libro para los niños, pero también para sus padres ya que, como dijera otro amigo y gran escritor, Omar Felipe Mauri, la literatura para niños se consume en familia. Chungo es exagerado y mitómano, eso también está en el libro. Yo adoro a los mitómanos, no hay quien me separe de uno de ellos cuando los escucho, me parecen más sinceros que aquellos que aparentemente te está hablando con la verdad en la mano y por detrás están calculando que obtienen de ti. Los mitómanos se fabrican un mundo que viven y disfrutan limpiamente, sin hipocresía, no creo que digan mentiras, dicen absolutamente su verdad y eso es muy importante, deberíamos aprender de ellos. La mentira es genial, malo es el engaño, no existe la verdad absoluta, todo varía y se manipula a conveniencias, ni siquiera que dos más dos es cuatro es absolutamente verdadero, porque para mí es cinco.
 
 
También tienes publicado Hija de la Luna, una leyenda campesina que al igual que tus otros dos libros duró muy poco en las librerías…Además de Caguayos… tienes otra novela escrita que aún no tiene título y ahora está en fase de terminación otro libro de leyendas campesinas, historias que oías cuando niño y te ponían los pelos de punta y se han ido perdiendo en las nuevas generaciones.
 Eso me enorgullece y me hace sentir muy bien saber que se cumplió mi objetivo, que para quienes fueron escritos los asimilaron tan bien. Mi otro libro, De regreso al monte, fue un gran reto pues todo el mundo me pedía que escribiera una segunda parte de Camino al monte y confieso que le tuve miedo, debido a la gran acogida que tuvo el primero, pero ya vez, gracias a Dios el segundo también fue un éxito. Mi mayor deseo es que se pudiera hacer una mayor tirada de ejemplares y que pudieran llegar a más niños, todos los días aparecen más personas preguntando por ellos.
 
Nunca estudiaste en una academia, sin embargo eres un permanente actor de radio y televisión.
Comencé, voy nuevamente al XI Festival, donde hicimos cosas increíbles, muchas maldades, pero sanas. Comenzamos dando tropezones con el humor, pues yo no te puedo decir que cuando chiquito me vestía como no sé quien ni actuaba en la escuela ni cosa que se parezca, aunque siempre fui un jodedor, como decimos en buen cubano. Una de las cosas que más he disfrutado siempre es que mis amigos y los que me rodean se sientan bien, y siempre estoy tratando de asegurarme de eso y nada mejor que propiciándolo yo mismo, aún ahora cuando en las mañanas llego a la emisora, trato de que mis amigos, son más que compañeros de trabajo, se diviertan, se rían y comiencen con una sonrisa, lo que debe ser el mejor día de sus vidas. Junto con Ramiz y mi hermano Ramoncito Ramayo hicimos el grupo humorístico Los inflamables, te podrás imaginar que en esa época el consumo alcohólico era enorme, algo que desde mi experiencia no se lo recomiendo a nadie. Después, nuestro “padre artístico” Fidel Vázquez (El ñafle) nos llevó al grupo profesional Agencia loca, para mi orgullo, el primero de julio de 1996, pues también un primero de julio nació El Cucalambé. Paralelamente era profesor, estudiaba mi Licenciatura en Pedagogía y comencé un curso de actuación para la radio, donde laboro desde 2001. La radio es la gran escuela, el teatro es la madre, la añoranza, el principio y el fin, pero la radio es la prueba ineludible del talento actoral. La radio no te permite que la engañes, siempre te exige lo máximo. En la radio tienes que trabajar con la bomba, puro corazón, aquí no tienes otra arma para convencer a la gente que la voz y tienes que entregarlo todo a través de ella. Tienes que estar absolutamente convencido de lo que estás haciendo para convencer al oyente. La radio me parece más cercana a la literatura, pues permite soñar más, ver los personajes como tú te los imaginas, sin que nadie te imponga su aspecto físico. Otra cosa, el dinamismo; en la radio terminas de hacer un personaje, que es un asesino violento y acto seguido te corresponde hacer un divertido payaso, un personaje humorístico o un más tierno personaje de un programa para niños. Me siento orgulloso de trabajar en la radio, mientras la televisión no pasa de ser cada día más un disparate, la radio, aunque le falta muchísimo, le lleva años luz de ventaja. Quien trabaja en la radio está preparado para trabajar en cualquier medio. Eso sí, le recomiendo a quienes lo hagan que, aunque sea una vez por semana, se suban al escenario, lo camine, lo bese y lo acaricie, pues la radio te crea un mundo interior tan inmenso que todo lo tienes en el pecho y sientes que no necesitas más nada, así que vamos perdiendo movilidad en escena. Prueba mi fórmula y te convencerás de que nadie podrá detenerte. En la televisión he tenido la suerte de trabajar con dos de mis maestros, Carlos Téllez Espino y Juan Manuel Maestre, de quienes he aprendido más del noventa por ciento de lo poco que sé en todos los sentidos. Ellos me enseñaron de la televisión tonta y sus fáciles caminos de puertas anchas y de cómo debe hacerse un buen programa que, a la vez, logre gustarle a la gente, de cómo debe primar el sentido artístico y lo demás llega por añadidura. El programa Como sorbo de café ha reforzado mi concepto de hermandad y colectivismo, me ha permitido experimentar en el repentismo y las tonadas, me ha dado el retorno al campo, me ha permitido descubrir a los tontos (uf, cantidad) y algo muy importante, me abrió una puerta totalmente desconocida hasta entonces para mí, la narración oral. La televisión también ha sido una escuela, sobre todo por los maestros que he tenido, ya te hablé de ellos. En cada grabación aprendo de cámara, de planos, de sonido, de dramaturgia, pues realmente son clases magistrales en la práctica. Tuve la oportunidad de escribir y actuar en un programa infantil llamado Viva el jardín, con el que obtuvimos el tercer premio en un Festival Nacional de Telecentros, es una lástima que haya desaparecido. A raíz de todos estos conocimientos presenté un proyecto televisivo al festival Hórmigo de la UNEAC, donde obtuve el premio de proyecto de televisión. Es un proyecto medioambiental, muy interesante, no sólo a mí me gusta sino a muchas personas de las que respeto su opinión
Y realmente quisiera de todo corazón llevarlo a cabo. Es un dibujo animado donde se hace un reclamo a los niños a cuidar el medio ambiente y trata de uno de los temas neurálgicos en este sentido como es la desertificación y la sequía. Aprovecho para enviar un SOS a quienes quieran ayudarme.
Los programas históricos han sido otra arista de la televisión. Estos programas, parecido a la radio, te obligan a diversificar los personajes y tipos de personajes. Recuerdo al David de la serie Regalo de Navidad. A uno de los hombres más despreciables de la historia para mí, como quien mandó a asesinar al Mayor General Vicente García González, uno de los patriotas que más admiro, aseguro, al que más admiro después de Martí. También a Calé, muy querido en esta ciudad y después de salir al aire un grupo de personas de la tercera edad a los que siempre saludo, me abordaron desde su peña del parque Maceo para felicitarme, pues ellos fueron combatientes junto con él.
 
Chungo fue lo primero que hiciste como narrador oral.
Fue aquella vez que Verónica Hinojosa me llevó al Festival Nacional de Narración Oral Palabra Viva, donde obtuve el Premio en Espectáculo Unipersonal para adultos con La herencia de Chungo. Ahí tuve la suerte de conocer a alguien a quien admiro y respeto muchísimo, quizás tanto como ella ni se lo imagina, la gran narradora Elvia Pérez Nápoles quien, al verme, me invitó a su Festival Internacional Contarte, a donde asisto todos los años, (un comercial: se lo recomiendo a todo el mundo). Elvia dice que es mi madre en la narración porque fue quien me descubrió y yo le digo que estoy orgulloso de ser su hijo. La narración es sencillamente genial, tú no le cuentas al público, tú cuentas con el público y ríen y lloran y reflexionan juntos, eso te da un placer inigualable, “cuando terminas es como si hubieras tenido un orgasmo”, no digo de quien es la frase, pues no se lo consulté. Pues te cuento que en ese año 2003 obtuve el premio nacional “Palabra viva”, ese año también obtuve el premio “Juglar” que es el premio de mayor categoría que se entrega en Cuba, convocado por la UNEAC, también ese año obtuve el premio “El cuentero” que entrega el Consejo nacional de Casas de Cultura y mención en el Evento internacional CONTARTE. El año pasado me gradué de Nivel Medio de Teatro para niños y de títeres, siempre estoy tratando de prepararme. Ahora mismo, reflexionando, mientras lo demás duermen o se divierten o lloran, yo estoy trabajando, los observo, los analizo, tomo todo lo que me interesa de ellos. Siempre estoy trabajando, siempre estoy preparándome.
 
¿Cuál debe ser la misión del intelectual ante tu tiempo, ante sus semejantes?
Los intelectuales son la vanguardia de su tiempo, de sus pueblos, aunque entristezca saber que después no se reconozca, pero las grandes revoluciones de las naciones las han movido las manos de los pueblos, pero las han pensado las cabezas de los intelectuales. El tiempo y la época perdurarán en la medida en que los intelectuales sean capaces de lograrlo. Ayudar a las personas a encontrarse con ellas mismas, mostrarles la espiritualidad a través de lo bello, demostrarle qué es lo que nos hace verdaderamente personas, es para mí la creación, la máxima expresión del ser humano. Librar a la gente de su carga más pesada, la ignorancia, en una palabra, prepararlos para convivir.
 
Si te dieran la posibilidad de hablar en una sesión de la asamblea general de las naciones unidas, ¿qué dirías?
Que exista.

Este artículo tiene © del autor.

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