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XI. LA VIOLENCIA

Camilo Valverde Mudarra

España



"La violencia es tan ineficaz como inmoral. Ineficaz, porque engendra un círculo infernal
que conduce al aniquilamiento general. Inmoral, porque quiere humillar al adversario
y no convencerlo, porque destruye la comunión y hace imposible la fraternidad".

Martin Luther King

Se vive hoy una crisis histórica de carácter cambiante y de efectos destructivos. Se han desechado los valores morales como antiguallas, dejando al individuo indefenso e inerme ante la circunstancia vital. La sociedad se instala en la dejadez y la zafiedad, en la ignorancia y el hedonismo. Se reclaman derechos y prebendas y se desprecian los deberes, el esfuerzo y la virtud.

Como dice el pesador alemán, Hans Küng se aprecia la necesidad de un “Proyecto de Ética Planetaria” que establezca un «compromiso en favor de una cultura de la no violencia y del respeto a la vida, que no se limite a "no matar" y se sienta obligada a preservar la vida presente y futura. Compromiso en favor de una cultura de la solidaridad y en favor de un orden económico justo y de una cultura de la tolerancia. Compromiso en favor de una cultura de la igualdad de derechos, en un espíritu de colaboración entre varones y mujeres para terminar con el dominio patriarcal, fuente de muchas violencias. Ayer, unos niños de nueve años atacaron, robaron, apedrearon y patalearon a una auxiliar del I. E. S. en Loja, cuando caminaba hacia su casa. En un colegio, cuatro alumnos, poniéndole una navaja en la garganta, han agredido a su maestra. En Londres, unos niños asesinaron a otros dos amiguillos de dos y cuatro años: Y, hoy, unas alumnas de Secundaria, en Cádiz, han dado muerte a su compañera, sólo, para comprobar las sensaciones que produce el asesinato.

La agresividad del menor radica en un vacío de valores éticos profundo causado por la ausencia de educación paterna; un cambio radical en la escala de valores de la sociedad que ha propiciado, en los menores, la pérdida del respeto y la resignación, junto a una agresividad que se ha convertido en la forma de expresión de los adolescentes para conseguir sus necesidades y deseos inmediatos. El problema es que para satisfacer esas carencias personales, para ejercer su derecho a tener lo que quiere recurre a la acometividad. La violencia infantil, que cada vez está más extendida, procede de la permisividad, de familias rotas, de malos tratos, de modos de vida extraños que dejan lo peor de sus costumbres. Niños mal criados, olvidados y entregados a caprichos producen adolescentes problemáticos y adultos agresivos. La difusión de la agresividad y la violencia en los medios de comunicación captada por mentes aún en formación, vista y presentada como algo normal es un factor determinante de las conductas juveniles. Diversos estudios revelan que un niño que pasa muchas horas frente a la televisión puede ver cinco mil asesinatos y cien mil actos violentos al año. Esta influencia nociva se manifiesta en toda la sociedad que cada vez es más agresiva. Detrás de cada conducta violenta de un niño, hay una razón de irresponsabilidad, de malos ejemplos y de dejación de funciones de sus mayores. Cada vez más, el menor siente que no hay límites para hacer lo que quiera, al quebrarse el principio de autoridad y la disciplina y relegar el espíritu de renuncia y paciencia, para alcanzar los bienes con el mérito y el trabajo propios.

El niño se encuentra inmerso en el clima de violencia. Normalmente, al terminar la educación primaria ha visto una enormidad insospechada de asesinatos y actos de agresión en el cine, en los juegos virtuales y la televisión. Tal desmesura de crímenes casi siempre gratuitos, impunes y que no provocan rechazo social queda grabada en su subconsciente codificada como corriente y en algún momento de su vida adulta reaccionará violentamente ante cualquier adversidad.

El hedonismo y el capitalismo feroz genera la prepotencia, el abuso y la explotación del ser humano, el dominio de la furia, el sometimiento permanente y la prepotencia sobre los otros. Priman los derechos sobre los deberes; el único valor es la ira en el yo; ignoran el tú. Desconocen el aguante y la responsabilidad, sólo viven el capricho y la dejación. La bondad y el amor sólo existen en la satisfacción de sus gustos ególatras. Hay que educar en la fortaleza, en la libertad, que no libertinaje en el respeto, en la bondad y la dignidad, no en los gustos y veleidades. Quien vive en el insulto y la degradación, nunca refrenará sus instintos irracionales y sus impulsos fieramente animales.

Para atajar este problema, la educación se erige como una de las soluciones básicas. Y el primero y fundamental asidero formativo del niño es el seno familiar. Hay que evitar y luego intentar conocer cuál es la raíz de estas conductas e intentar solucionarlas de forma preventiva. Por la misma evolución histórica cambiante, la realidad demanda la renovación personal para transformar el mundo. El hombre ha de expresar sus esperanzas y la necesidad de superarse, de cambiar y de ser mejor.

Y no hay deseo de lucha sin la voluntad de comprometerse con ella.

Camilo Valverde Mudarra

Este artículo tiene © del autor.

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