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EN NOMBRE DEL CAMBIO

Israel Ipenza Echeverría

Bolivia



¿Qué sentimientos obscuros hirieron tu corazón Achacachi?
¿Qué kencherío (maleficios negativos) sembraron en tu presente y tu futuro?
Israel Ipenza Echeverría
 
 
Achacachi de manera mística se encuentra ubicada al norte del sagrado Lago Titikaka, sus sembradíos de habas, papas, cebada y quinua, muestran la fertilidad de la pachamama (madre tierra).
 
Esta poblada por una mayoría indígena aymara, cuya fama es conocida por su carácter rispido, quizás uno de los factores; es la escasa aceptación que tienen las familias de Achacachi en insertar a los forasteros (de otras comunidades) a su comunidad.
 
Sin embargo es preciso indicar que el idioma aymará ha transformado sus rostros con rasgos rígidos, ya que su entonación es fuerte, aún las palabras amables y de ternura suenan como órdenes este es el caso de la palabra “wawanaca”(niño).
 
El 22 de noviembre el nombre de Achacachi se tiño de sangre, los denominados “ponchos rojos de Achacachi”, portando carteles en contra de los lideres de la tierras bajas (englobados bajo la denominación de media luna) y de las autoridades del hermano departamento de Chuquisaca, tomaron frente a todos los medios de comunicación dos perros, aún niños y de manera sanguinaria los degollaron.
 
¡Ah! “ los valientes ponchos rojos”, “los que se proclaman defensores de la Bolivia”, los “denominados patriotas “, vociferaron amenazas a “ todos los opositores de la Asamblea Constituyente sentenciándoles a morir igual que los dos perros indefensos”.
 
Esta acción canalla, se festejo, con vivas y proclamas; ningún “poncho rojo” observo los cuerpos manchados de sangre de los inocentes perros, que se movían de dolor a pesar de tener las cabezas desprendidas.
 
“Los ponchos rojos”, revestidos de “ identidad aymará”, en ese momento no se dieron cuenta que mataron a su ser humano ancestral, aquel que vivió por siglos con sabiduría con todos los seres vivientes, ninguno se dio cuenta que rompieron la norma ancestral del: SUMA QAMAÑA, vivir bien y con armonía con todos los seres vivientes y el SUMA UYWAÑA AKA JAKAW , creadores de vida, cabe decir el respeto a la vida.
 
Los ladridos de dolor de los dos perros degollados no encontraron consuelo, sus cuatro ojos vidriosos, buscaron vanamente en el tumulto una señal de piedad, esta crueldad, espanto a la PACHAMANA, A LOS ACHACHILAS, LOS MALLUS y todos los dioses ancestrales, y se apodero de “los ponchos rojos”, los demonios ancestrales, aquellos que tienen guardado en su memoria histórica.
 
¡Pobres fetiches “ponchos rojos”! , necesitaron ser 1.000 para matar a dos perros que aún no habían cumplido con su ciclo de vida y todo en “NOMBRE DEL CAMBIO “.
 
Como niño aymará sé que los demonios invadieron la tierra de Achacachi, sé que nuestros dioses ancestrales la dejaron en manos de los “Ponchos Rojos” y de sus demonios interiores.
 
Se también que nuestros dioses ancestrales llevaron los espíritus de los dos perros sacrificados en nombre del cambio, al cielo de los animales, se que ellos, en este momento están jugando en los pastizales, ajenos a la política, a la violencia y dolor existente en Bolivia.

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