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CUÑADAS

Antonio Nadal Pería

España



Tras el entierro, la viuda recibió las condolencias de rigor y apenas se dio cuenta de los que pronunciaban la fórmula de acompañarle en el sentimiento, decirle que lo sentían o darle un par de besos sin más, hasta que vio delante de ella a su cuñada, la esposa de un hermano de su marido fallecido, con la que no se hablaba desde hacía un par de años por problemas en la empresa familiar. "Cuenta conmigo para lo que necesites", le dijo. Pensó en ella. Su marido había perdido la empresa y vendido su parte a sus hermanos por la cizaña que su cuñada metió desde poco tiempo después de casarse. Quería que todo fuese para su marido porque era el que trabajaba y dirigía la fábrica. Los otros dos hermanos iban poco por la empresa, no aportaban nada y sólo pedían resultados y beneficios. Ella obligó a que su marido discutiese con ellos y les propusiera la compra de sus acciones o que le comprasen las suyas. Sus dos hermanos optaron por vendérselas porque desconocían el negocio y temían perderlo todo. Desde entonces fueron mal las cosas para su marido. Se dedicó a viajar para vender diversos artículos, se endeudó demasiado y se había matado en un accidente de trabajo.
Su cuñada era médico y socia de una empresa, además de tener consulta particular. La alcanzó a la salida del camposanto. ¿"Qué has querido decir con que cuente contigo, si provocaste la ruina de mi marido?". "No me culpes de tu desgracia. Siempre me he preocupado por vosotros y sé que estás en mala situación económica. Puedo conseguirte un puesto de trabajo en mi empresa". "Antes pasaría hambre que pedirte trabajo". "No me guardes tanto rencor. Recapacita y no seas tan orgullosa. Tienes dos hijos pequeños que sacar adelante. Ahora no se trata de tu marido y sus hermanos, sino de ti". "No esperes que acuda a ti".
Transcurrieron un par de meses en los que las deudas apremiaban y no conseguía un trabajo. Su familia se encontraba demasiado lejos para ayudarla y no quería descubrirle que tenía serias dificultades económicas. Al contrario, siempre simuló hallarse en las mejores condiciones. Hizo de tripas corazón y telefoneó a su cuñada aprovechando una noche en la que los niños ya dormían. "Pásate mañana por mi despacho en la empresa, ya sabes dónde se encuentra, después de que dejes a los niños en el colegio".
A las nueve y media pedía visita en recepción con su cuñada. El guarda jurado telefoneó a su cuñada y confirmó la cita. Le permitió pasar después de darle unas indicaciones de por dónde debía dirigirse.
Su cuñada la recibió con amabilidad. "Ya he hablado con el jefe de personal. No hay problema en adjudicarte un puesto de administrativa. No necesitas superar ninguna prueba profesional. Sólo tienes que pasar la prueba médica, pero esa te la hago yo. Podrás empezar a trabajar mañana mismo. ¿Tienes ahora tiempo libre?" "Sí, los niños se quedan a comer en el colegio". "Tu horario laboral lo adecuaremos a tus necesidades familiares. No tienes que preocuparte por eso. Vamos al consultorio y así ganamos tiempo".
Fue tras su cuñada sorprendida por tanta amabilidad, después de tanto tiempo sin hablarse y haber discutido agriamente al respecto de la empresa de los hermanos. En el consultorio de la empresa había un joven con bata blanca repasando unos informes. "Es mi ayudante. ATS, se llama Lorenzo, ella es María, mi cuñada". Se saludaron con un par de besos en las mejillas. "¿No te importará que esté presente en el reconocimiento, verdad?". "No, claro". "Pues desnúdate detrás de ese biombo y luego te tumbas boca arriba en esa camilla", le dijo la cuñada.
La viuda fue tras el biombo y se quitó poco a poco la ropa. Salió de detrás del biombo con la braga puesta y los brazos cruzados por delante del pecho. Se dirigió a la camilla. "Espera, no te acueste aún", le dijo la cuñada. "Separe los brazos del pecho", le indicó el joven ATS. Así lo hizo la viuda con cierto apuro y su cuñada le tocó los senos en busca de algún bulto. "Ahora comprueba tú, Lorenzo". El joven se colocó a espaldas de la viuda y le palpó los pechos con lentitud, que le pareció sospechosa a la viuda. "Tiene buenas tetas mi cuñada, ¿verdad, Lorenzo?". "Sí, mucho". "Creía que esto sería más serio", protestó María. "¿Qué te incomoda?. Somos profesionales, hablamos así pero somos muy serios. Que Lorenzo te toque las tetas por exámen médico no impide que le gusten". "Acabemos cuanto antes con esto", pidió la viuda. La cuñada le indicó la camilla. En cuanto se acostó, la médico le quitó la braga y le dijo que separase bien las piernas. "¿Es necesario?", interrogó María. "Es imprescindible. Aquí no entra nadie que no esté sano por dentro y por fuera, es una exigencia de la empresa".
Lorenzo se colocó unos guantes de látex y le metió dos dedos por la vagina. La viuda cerró los ojos para no ver la cara de satisfacción de su cuñada, que parecía vengarse de ella con aquel reconocimiento médico. Luego notó que le metían un dedo por el ano. "Aquí tienes unas manchas sospechosas, tenemos que mirarlas mejor. Ponte boca abajo a cuatro patas". "¿Qué manchas?", protestó. "Junto al ano, y no creo que sean de suciedad".
La viuda se levantó, fue tras el biombo y empezó a vestirse.
"Te pierdes la prueba mejor. Te íbamos a drogar en lugar de sacarte sangre y luego te follaría Lorenzo en mi presencia. Incluso pensaba grabar la sesión", le dijo la cuñada. "Aparentemente tienes muy buen polvo, un coño carnoso, cálido y acogedor, y un culo muy apetecible y prometedor", añadió Lorenzo, "lástima que seas tan estrecha".
"Os denunciaré", dijo María antes de salir de la consulta, roja de ira.
 

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