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La vida es un ejercicio de equilibrios…

Entrevista al poeta Carlos Zamora Rodríguez

Carlos Téllez Espino

Cuba



 

Cuando Carlos Zamora Rodríguez publicó en 1991 el poemario  Fábula del cántaro roto, una nueva voz se sumaba al coro polifónico de la poesía insular que va nombrando, otra vez, a un sitio que muchos llaman Cuba. Diez años después apareció Estación de las sombras y, aunque había mucho de uno en otro libro, el poeta era ya el encuentro consigo mismo en la poesía, singular y siempre poético, humano y soñador por excelencia.
Diez años es mucho tiempo y esa década está signada para los cubanos por innumerables quebrantos, aun en medio del más firme y pretendido optimismo. Yo creo que el libro participa de esas angustias y de esa voluntad de supervivencia, por lo que puede funcionar, para los más agudos lectores, como una especie de testimonio poético y así quisiera recordarlo. Y como ves, hablo en singular porque se trata, en esencia, de un solo libro, con motivaciones y entornos muy similares. Quizás distinga al segundo un regusto mayor por la métrica y la rima, sobre todo por la décima, estrofa que críticos y amigos han destacado en ese último cuaderno y yo creo que favoreció la decisión de los jurados de otorgarle una Mención en el Concurso Internacional de Poesía Nicolás Guillén, de México. Estación de las sombras es un libro que quiero; en su sencillez, en su humildad, quisiera reconocerme. Su nacimiento se debe a momentos muy significativos en mi vida y por ello asume las alegrías y dolores de una gestación cualquiera.
 
En el 2002 aparece Como un himno de amor…
Como un himno de amor es un libro de investigación, al menos una muestra de ese libro que no acaba de salir a la luz tras varios años y que pretende reunir una selección de la poesía dedicada a José Martí por los cubanos desde el muy temprano 1879 y hasta 1995, centenario de su muerte en combate. Fue mi Tesis de Diploma y la he depurado y enriquecido durante años. Poetas muy disímiles, en estilos y calidades, ofrecen en este conjunto su amor en versos por el más grande de todos los cubanos.
Siempre hemos sentido, Arnaldo Moreno(coautor) y yo, que el libro no sólo puede funcionar para los investigadores martianos sino, sobre todo, para las nuevas generaciones, que pueden hallar toda una variedad de matices y tendencias, dentro de un canto maravilloso, fervoroso, a alguien que seguimos sintiendo, aun en su indudable humanidad, como un Apóstol. La edición que prepara el Centro de Estudios Martianos tiene como título El amor como un himno.
 
Quien haya leído toda tu poesía encuentra una casi obsesión por el paso cíclico del tiempo, ¿te preocupa dejar cosas atrás, o que las cosas vayan pasando sin detenerse y no puedas evitarlo?
Si antes te decía que los diez años transcurridos entre mis dos cuadernos poéticos significaron mucho tiempo, en otra dimensión te aseguro que somos víctimas del reloj y que el tiempo del que disponemos no es suficiente para todos los proyectos vitales. Nos obligamos entonces a discriminar, a postergar una u otra cosa porque todo no es posible y estoy hablando de porciones de nuestra vida, no de libros. Esa es una de mis agonías. La vida te impone compromisos, determinadas circunstancias te obligan a tomar decisiones y ello no deja de tener consecuencias. Soy un hombre de mi época, comprometido por la suerte de mi país, y una porción de mi vida ha pugnado por ganar un espacio en esa contienda que parece superior a nuestros signos vitales, no me avergüenzo por ello. Me ha tocado vivir una época de grandes sacrificios, y sueño, como muchos de mis compatriotas, que el futuro tiene que ser mejor. Pero hay que trabajar en ello, nadie nos lo obsequiará gratuitamente.
 
¿Es Carlos Zamora un hombre temeroso de la muerte?
No pienso en la muerte propia. Pero me angustia la muerte injusta, la muerte que causan las guerras o las inequidades, que son en esencia consecuencias del egoísmo del hombre.
 
También en tu poesía está el viaje, la peregrinación, el naufragio…
Parábolas o alegorías…he vuelto sobre esos motivos una y otra vez. Son en esencia viajes introspectivos, reveladores probablemente de mi insatisfacción, de una búsqueda que no terminará sino con mi muerte, intelectual o física. Búsqueda de la Razón o de la Belleza, no importa…”la cuestión es acertar…” como decía Celaya.
 
 
Tu poesía me parece un grito interior contra la soledad, personal y general del hombre…
En su amargo texto El infierno, Henry Barbusse escribió algo así como: sufro un poco el dolor enorme de los que no sufren. Los poetas, y los artistas en general, somos proporcionalmente pocos en relación con nuestros congéneres y sin embargo no creo que exagere al decir que una parte de las mayores y mejores emociones del hombre se deben al arte y a los artistas. Pero esa responsabilidad para con el prójimo entraña una sensibilidad y una generosidad difícilmente compensables. Y por supuesto que no hablo de compensaciones materiales. El poeta, el escritor, el artista, gesta todos los días, alimentado con la savia que ha extraído de su paso por el mundo, para entregarse a los demás. Y a veces ese enorme esfuerzo pasa inadvertido. Sólo una capacidad ilimitada de paciencia e indulgencia permite a los artistas perseverar, y la satisfacción rara vez se encuentra fuera del disfrute de la realización, individual o social, de la obra misma.
 
Sin embargo, también tus textos aparentan una gran serenidad…
La vida es un ejercicio de equilibrios…
 
Sobre la cuerda, el equilibrista sonríe, sopesa ligeramente la gracia de su figura, el guiño del suelo y el encantamiento del público que no perdonará una caída. Todo está en juego, pero el equilibrista sonríe; camina sobre nuestras cabezas…
 
La serenidad pasa por el fuego y es brasa permanente para el lector aguzado.
 
 Vas del soneto a la décima y del verso libre al texto en prosa sin abandonar jamás la intensidad lírica que también te acompaña…
No me adscribo a un molde específico. Los textos nacen con su cuerpo natural y acaso puedo proponerles tímidamente alguna armadura, pero ellos decidirán por sí mismos. Me satisfizo mucho el juicio que sobre mis décimas hiciera el crítico Rogelio Riverón:
 
“…he agradecido la sensación de que sus décimas son primero poesía y después molde. Para decirlo con una frase de hálito arquitectónico, habría que apuntar que estas décimas conciben con más ahínco sus espacios interiores que las cajas rimadas que las delimitan.”
 
Me gusta como lector la variedad y asumo ofrecer otro tanto en mi propuesta poética, pero generalmente no es algo deliberado. No me he propuesto aún un libro de décimas o de sonetos, a pesar de que son estrofas que escribo con cierta regularidad.
 
 
Hay muchas interrogantes en tu poesía y el intento constante de buscar respuestas, ¿crees que la poesía es una necesidad de saber?
La necesidad de saber no es exclusiva de los poetas, pertenece a la condición humana y es una de sus más maravillosas apetencias. Esa necesidad adelanta el futuro. Los poetas tenemos nuestras propias búsquedas, y muchas veces los caminos que conducen al corazón son las mejores opciones; el poeta ofrece sus lecturas del mundo, con la humildad y el orgullo del minero que encuentra una veta maravillosa para explotar; no puede ser responsable del uso que harán de ella pero confía en la bondad esencial del ser humano.
 
En el 1991 aparece Decires, tu libro de poesía para niños, primera y única incursión en este género, cuando muchos esperábamos más…
Decires es un modestísimo cuadernillo que debió enriquecerse en el tiempo y que los amigos me convidan a retomar muy a menudo. Y no he sido capaz. También soy de los que piensa en la complejidad de la literatura para niños, del enorme riesgo que entraña si se pretende hacer con dignidad y eso quizás ha diezmado mi autoconfianza para encarar el género. Tengo, no obstante, un proyecto narrativo dando vueltas y quizás un día de estos me decida. Quisiera regalarles eso a mis hijos, sobre todo a las pequeñas.
 
 
 
 
 
 En la mañana viva o Tan cerca hemos dormido se titula tu novela inédita, donde los conceptos de identidad, patria, sexualidad, exilio, se citan sin nombrarse. ¿Te interesaba abordar la tolerancia y la supervivencia de la amistad en un medio social hostil?
En realidad, en esta, mi primera novela, he querido ofrecer una perspectiva sobre el hombre homosexual desde la vorágine que significaron los años más críticos del Periodo Especial. Y confrontar su suerte individual, dentro de ese complejo proceso que vivimos en los años noventa, con la suerte de su compañero y amigo heterosexual, que luego de compartir situaciones muy similares, a diferencia de él, se queda en Cuba.
 
Algunas descripciones y pasajes pudieran afectar ciertos puritanismos y “homofobias”…
A pesar de la tolerancia que pudiera aparentar, la opinión pública no favorece aún la filiación y conducta homosexuales. Hay demasiados prejuicios y discriminación, disimulados en poses y actitudes tolerantes e incluso promotoras de la libertad de filiación sexual. No es ni mucho menos un problema exclusivo de Cuba ni del subdesarrollo sino una práctica todavía frecuente en muchos países. En los últimos años el “tema gay” ha cobrado notoriedad en la literatura y se ha mercantilizado bastante. Para mi satisfacción, los que han leído la novela, han encontrado intereses que desbordan la no menos traumática salida de armario del protagonista. Sobre todo por el contexto general del país y en particular del pueblo de provincia, cuya fisonomía me interesa destacar en mi literatura.
 
La novela puede suscitar juicios encontrados en Cuba sobre el tratamiento del tema del exilio como opción y sus implicaciones políticas, pero has dicho que en el fondo la novela es mucho más esencial…
El tema de la emigración cubana es mucho más complejo de lo que se cree y si, ciertamente, la causa fundamental la encontramos en las carencias económicas, alrededor de la economía, pero también de otros factores de índole más social, existen un conjunto de causales que habría que desentrañar y afrontar. No me corresponde a mí hacerlo pero al menos he intentado mostrar una arista del fenómeno a través de una anécdota cercana a la realidad.
 
La sagrada familia  se titula tu libro de cuentos, inédito, conformado por trece cuentos o relatos, algunos de ellos premiados en concursos, y donde pretendes repasar momentos claves de la evolución del género en la Isla…
La reunión de estos cuentos y relatos se relaciona más con su unidad temática que estilística. Escritos durante varios años y sin la intención de conformar un libro inicialmente, ofrece una variedad notable de estilos y tendencias narrativas que de alguna manera repasan los modos de los narradores cubanos contemporáneos. Y aunque los escenarios y asuntos son diversos, cercanos unos al cuento “de la tierra”, o al citadino, o a la prosa poética o al metatexto, lo que realmente los justifica como conjunto es el tema de la familia y de la pareja. Por separado algunos han recibido premios y reconocimientos nacionales y extranjeros y he querido arriesgarme al reunirlos en un libro, que aún no he presentado a ninguna editorial, pero que han avalado amigos escritores y editores cuya opinión respeto.
 
 Los que te conocemos de cerca sabemos de tu magisterio, por decirlo de alguna manera, en la literatura. Muchos textos inéditos de disímiles autores pasaron primero por tu ojo crítico, sin embargo, aunque has escrito algunos prólogos, no ha aparecido aún un libro de crítica literaria o algún ensayo…
Nada de magisterio. La literatura es también oficio y me gusta compartir, con los amigos de la cofradía, las experiencias que he adquirido en su ejercicio durante años. Me he sentido muy satisfecho cuando escritores laureados y reconocidos han pedido mi opinión sobre sus textos y han considerado sugerencias o recomendaciones, o sencillamente apoyo para su gestión editorial. Pero eso es algo común entre escritores, forma parte del proceso natural de gestación de la literatura, que trasciende al libro mismo y que en última instancia es materia de estudio para investigadores del futuro. Ellos convertirán o no en documento escrito los avatares del acontecer literario de esta época. No me he atrevido con el ensayo, que considero un género mayor, y no me seduce la crítica literaria, ya sea por prejuicio, dada la pobre consideración –no sé hasta qué punto justificada en el caso cubano – que se tiene de ella o sencillamente porque prefiero dar mi opinión sólo al que le pide…
 
 
 
 ¿Cuál debe ser la misión del escritor ante su tiempo?
Ante todo, el escritor debe ser consecuente con sus principios, debe ser sincero. Dejar memoria de su tiempo, que no es necesariamente hacer literatura testimonial. A veces me pregunto si será suficiente para nuestros hijos y nietos mañana lo que ha sido publicado en la prensa periódica; si podrán entender esta época, tan compleja y polémica, tras la lectura de los noticiarios. Nos ha tocado vivir una época increíble: la caída del bloque socialista europeo; el nacimiento del nuevo milenio con muros derrumbados y otros erigidos; la expansión de epidemias terribles como el SIDA; la globalización del terror y de las guerras; el desastre ecológico…pero sobre todo la época quizás más difícil y heroica de toda nuestra historia patria con todas sus consecuencias. Y no puedo imaginar que los escritores podamos estar al margen. Creo, por el contrario, que debemos estar en el vórtice y sólo mantener el distanciamiento que propicie la objetividad imprescindible del escritor.
 
 Si te dieran la posibilidad de dirigirte a la Asamblea General de las Naciones Unidas, ¿qué dirías?
Quizás no sería un discurso tan original ni poético. Pero reclamaría como otros el derecho al desarrollo, a la paz, que son las opciones que nos quedan para sobrevivir en un mundo que se aleja cada día de ese simple propósito. Pudiera pedir a las naciones que juzguen con severidad si todo lo que ha construido el hombre en nombre del progreso debe desaparecer por el egoísmo y la ambición más absurdos. Quizás escriba para esa ocasión un poema terrible sobre el advenimiento de las sombras…
 
 
 
 
 

P.-S.

EL AUTOR Y SU OBRA.

Carlos Zamora Rodríguez (Matanzas, 1962). Licenciado en Filología en la Universidad Central de Las Villas (1985). Poeta, narrador e investigador. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
La Editorial tunera Sanlope publicó sus cuadernos Fábula del cántaro roto (poesía) y Decires (poesía para niños), ambos en 1991 y por ese propio sello editorial aparecieron Estación de las sombras (2001), que fuera Mención en el Concurso Internacional de poesía “Nicolás Guillén” (México, 1999) y Como un himno de amor (2002).

Ha sido finalista del Concurso internacional ARTÍFICE, de poesía (Loja, Granada, España) en el 2005 y Mención especial en la II y VI ediciones de ese propio certamen (2002 y 2006). Ha recibido además el Premio del Concurso Nacional Cuentos de Amor (2000) y el Premio Décima joven de Cuba (1996), entre otros reconocimientos.

Sus textos han sido incluidos en numerosas antologías y compilaciones cubanas y extranjeras, entre ellas: Nuevos poetas cubanos (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1994), Poesía cubana hoy (Madrid: Editorial Grupo Cero, 1995), Nuevos juegos prohibidos (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1997), Diez de espada (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1997), Hermanos (Brasil, 1997), Otra vez todo el amor (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1998).

Poemas y otros textos suyos han aparecido en La Gaceta de Cuba, la Revista de la Biblioteca Nacional, la Revista del Vigía, El Caimán Barbudo, Islas, y en publicaciones españolas, venezolanas, mexicanas, argentinas, etc.

Prologó los títulos Décima e Identidad: Siglos XVIII y XIX, de Virgilio López Lemus (La Habana, Editorial Academia, 1997) y Renacimiento en La Martha Elena, de Nicolás García Flores y Daniel Laguna Labrada (México, Instituto Veracruzano de la Cultura, 1999) e hizo la selección y edición de Lezama: paleta y metáfora (La Habana, Ediciones Bachiller, 2006)

Tiene en proceso editorial El amor como un himno. Poemas cubanos a José Martí, por el Centro de Estudios Martianos.

Labora en la Biblioteca Nacional “José Martí” como especialista de la Biblioteca Digital. Coordina además las Ediciones Bachiller, de la cual es fundador, en esa institución y colabora con sus publicaciones. Ha participado como guionista y realizador de varios de sus proyectos digitales

La obsesión por el paso cíclico del tiempo que convierte al hombre, y al mundo, en nuevas realidades que siguen llevando en sí vestigios de las realidades anteriores, parece ser una de las constantes de la poesía de Carlos Zamora, en la cual los diversos sujetos líricos (nacidos de la crisis de identidad del individuo posmoderno, pero también de esa espiral dialéctica que es su concepción del tiempo) luchan por satisfacer la necesidad de saber qué los acosa en cada estadio de su eterno devenir.

De esta manera, las ideas del viaje, de la peregrinación, del naufragio, aparecen entrevistas bajo el universo alegórico de Odiseo (el propio héroe, Penélope, Ítaca), que siempre regresa al hogar (sea la casa de la infancia, la infancia misma como perdido paraíso que es preciso recuperar para reemprender la marcha una y otra vez, el amparo de la memoria contra la soledad esencial del hombre, la familia en su doble abanico simbólico de raíz y de pérdida, o la mujer que es carne, incógnita, pero también refugio, crecimiento, espíritu) para salvarse de las oscilaciones de su fe, del dolor de existir y hasta de la improbable virtud balsámica de la poesía.

Con una facilidad compositiva que va con donaire del soneto a la décima y del verso libre al texto en prosa sin abandonar jamás la intensidad lírica, un alto poder de síntesis y el tono introspectivo en que late un profundo temblor humano, la voz de Carlos Zamora se suma a esa estela de poetas intimistas cubanos (Eugenio Florit, Emilio Ballagas, Dulce María Loynaz, Eliseo Diego) que, como él, fueron sobrevivientes que silbaron, sin tregua, “una canción (ancestral) sobre la gracia”.

Palabras de presentación del poeta a cargo de Jesús David Curbelo.
Centro Cultural Dulce María Loynaz, 16 de noviembre del 2006.

Carlos Zamora (…) combina en Estación de las sombras una suerte de apremio metafísico con una conciencia de lo doméstico que arroja una serenidad permanente aun en sus etapas oscuras. Pero en lo directo de estas piezas no hay mengua de la intensidad. Antes bien parece como si las sensaciones tendieran a concentrarse para jugar a conformar el diario de un hombre accidentado y testarudo
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(…) Leyendo este libro de Carlos Zamora, he agradecido la sensación de que sus décimas son primero poesía y después molde. Para decirlo con una frase de hálito arquitectónico, habría que apuntar que estas décimas conciben con más ahínco sus espacios interiores que las cajas rimadas que las delimitan.

Los místicos dirían que Estación de las sombras emite una luz como de aguada, desleída a propósito, humedecida por una lucidez a ratos amarga. Yo mencionaría su tono sosegado y su melancolía intermitente. También la forma en que se ofrece, que es sincera y arrastra una estela de inevitabilidad.

En: Sombrías estaciones, Rogelio Riverón. Granma, 4 de noviembre del 2002, p.6.

En la mañana viva o Tan cerca hemos dormido (novela, inédita)

Su tema desborda a mi juicio el mero “destape” o “salida del armario”, tan familiar ya en los predios literarios -aunque no tanto en mi país- para abordar la tolerancia y la supervivencia de la amistad en un medio social hostil, donde pugnan intereses e ideologías diversas a pesar de cierta pretendida homogeneidad.

La sociedad cubana de los 90 del pasado siglo, analizada en su escenario más crítico: el pueblo de provincia, será abordada una y otra vez, en una suerte de entrecruzado ejercicio memorístico, por los dos personajes principales de la novela. Separados por diferentes filiaciones sexuales e ideológicas, ambos repasarán, en un breve reencuentro en España, el pasado común y confrontarán sus nuevas condiciones de vida. Los conceptos de identidad, patria, sexualidad, exilio, se citarán aquí sin nombrarse.

He propuesto un título compuesto: En la mañana viva, afín con el espíritu de Lorca, (casi un leimotiv de la novela, que comienza con un unos versos de su autoría y cuya relación, muy especial con Cuba, tiene una configuración simbólica para los protagonistas de esta historia); o Tan cerca hemos dormido, más comprometido con el argumento y acaso más provocador para los lectores.

La novela puede suscitar juicios encontrados en Cuba sobre el tratamiento del tema del exilio como opción y sus implicaciones políticas, pero el fondo es más esencial que esas valoraciones. Igualmente algunas descripciones y pasajes pudieran afectar ciertos puritanismos y “homofobias”, pero no son intencionales.

La sagrada familia (cuentos, inédito)

Conformado por trece cuentos o relatos el conjunto revela una diversidad estilística que pretende repasar momentos claves de la evolución del género en la Isla. Desde el típico cuento “de la tierra”, hasta los de más ascendencia “metatextual” y cierto experimentalismo, las historias abordarán el tema de la familia cubana en sus diversas perspectivas.

Varios de los textos incluidos han sido reconocidos en concursos cubanos como La llama doble y el Artífice, de Granada, España.

COMO UN HIMNO DE AMOR* (Antología de poemas)

Por Waldo González.

Publicado por la tunera Editorial Sanlope, en vísperas del Aniversario 150 del natalicio de José Martí, Como un himno de amor es una necesaria antología de poemas cubanos dedicados al Apóstol.

El volumen, de sólo 70 cuartillas, incluye figuras de nuestras letras como Nicolás Guillén, Manuel Navarro Luna, José Zacarías Tallet, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Ángel Augier, Jesús Orta Ruiz, Indio Naborí, Raúl Ferrer, Mariano Brull y Rafaela Chacón Nardi, entre otros notables nombres de la poesía nacional, incluidas algunas del siglo XIX, como Bonifacio Byrne, Mercedes Matamoros y Luis Pérez de Zambrana.

El título es un “avance” de otro proyecto mayor de sus autores: el poeta matancero Carlos Zamora y el periodista avileño Arnaldo Moreno, quienes apuntan en el prólogo que “este trabajo representa una selección limitada, sólo veinte poemas, de un conjunto aparecido en 1987 en la revista Islas, aunque con algunas inclusiones y correcciones significativas.”

…………..

En suma, Como un himno de amor resulta un breve pero válido esfuerzo por homenajear la inmensa figura del Héroe Nacional de Cuba con el aporte de veinte de los mejores poetas cubanos de dos siglos.

*Reseña para la radio. El libro es un avance de El amor como un himno. Poemas cubanos a José Martí, en proceso editorial por el Centro de Estudios Martianos.

Este artículo tiene © del autor.

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