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EL PROFESOR NO SE VENDE

Camilo Valverde Mudarra

España



España en la escala ínfima de Educación.

España recibe la nota más baja en Educación; y, en el panorama nacional, Andalucía, según el granadino “Ideal” de 27-5-08, con una media muy por debajo de la media española, es la que menos invierte en la Escuela. El periódico la califica con el Muy Deficiente, a tenor de datos del propio Ministerio de Educación, coincidentes con el último informe de PISA, en que España aparecía en la escala ínfima del baremo europeo.

La deficiencia educativa hace resonar las alarmas y resalta la desastrosa situación ante la inopia e inepcia de unos políticos que andan a lo suyo, mientras la calidad y eficiencia yacen en las cunetas. Son los lodos esperados que arrastraron aquellas ruinosas LOGSES y ESOS, cuyas críticas y oposición, fueron, ya desde sus inicios, tildadas de “alarmistas”. Y, si queda alguna parte salvable y resaltable, se debe en exclusiva al esfuerzo y profesionalidad del profesorado digno, respetuoso y preparado, que, sufrido y acosado, ha ido aguantando el entramado carcomido.

La administración, volcando su acento hacia demagogias insulsas y un formulismo ingenuo y atosigante, rebajó los contenidos y exigencias solapados bajo un léxico variopinto e inocuo, que ocultaba los usos tradicionales con un aparente cientifista de modernidad y soslayó la figura del profesor desnudándolo de su prestigio, autoridad e importante intervención en el quehacer del Centro. El alumno, presto a los nuevos aires de obligatoriedad y rebaje, se instaló en la pasividad, la agresión y la lúdica oferta; los padres, viéndose también aupados y liberados de su ineludible obligación de educar y defender la educación de sus hijos, se montaron en el carro por una falsa liberalidad y por las tendencias políticas del momento.

El resultado ha sido esta degradación de los Institutos, la parvedad de conocimientos y la escasa calidad del sistema educativo. Así, la Junta de Andalucía, en lugar de plantear la renovación total, se le ocurre venir con su indecente proposición a los profesores del cobro de 7.000 €, al que cumpla ciertos «objetivos», según un «plan de calidad» que, en definitiva, estriba sólo en rebajar los suspensos mediante la generalización del aprobado. ¡Magnífico acto de reflexión en este desastroso fracaso! Esta mezquindad tan degradante es producto de mentes inicuas que han tomado, en su soberbio y bajo descuido, a los profesores, por inútiles míseros que venderían su señorío por treinta monedas.

Los ilusos no saben dónde pisan; no entienden la gran dignidad del profesor, hombre de probada preparación y altura moral y humana, que, constreñido por vergonzosos abusos y humillaciones, se planta, reflexiona y vota en claustro su rechazo a tal soborno en mil Institutos. Esos resignados y respetables hidalgos no aceptan, no pasan por el enjuague del déficit traído por erróneas implantaciones políticas, a cambio de su propia honra y el derroche su dignidad. Tienen un sueldo inferior al que se cobra en otras regiones, no andan sobrados de medios, sufren una creciente burocracia, soportan el detrimento de su consideración y su incuestionable derecho al respeto e integridad física, pero, no se venden, no traicionan su valía por unas vanas y halagüeñas lentejas. Por el contrario, con inteligente buen sentido, han ofrecido a la Junta conceder, en premio, esa indigna recompensa, a los políticos, que logren disminuir la sangrante cantidad de docentes en baja por depresión, mediante una efectiva protección frente a la violencia escolar, la devolución de la libertad de cátedra y la detención de la masificación y la intensiva jubilación anticipada. No están dispuestos a solucionar en falso la situación creada por los políticos.

El complejo sistema y esta ilógica política educativa exigen urgente y honda regeneración en el fundamento de los valores de esfuerzo y mérito vacuamente desechados y la restitución al profesor, de su tradicional prestigio sustraído con incongruentes artimañas de descrédito. Es evidente que las competencias de Educación, Sanidad y Justicia, nunca se debieron transferir.

C. Mudarra

Este artículo tiene © del autor.

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