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UN MÉDICO LLAMADO “DIOS”

Daniel Adrián Madeiro

Planeta Tierra



Un niño común y corriente siempre desea cosas buenas y lindas, siempre espera que DIOS le guarde y ayude a los que ama, sentir en su interior una voz que le acompañe y aconseje.

UN MÉDICO LLAMADO “DIOS”
 
Después de esto, Jesús se fue de aquel lugar. En el camino vio a un hombre llamado Mateo, que estaba cobrando impuestos para el gobierno de Roma. Jesús le dijo: “Sígueme”.
Mateo se levantó, dejó todo lo que tenía, y lo siguió.
Ese mismo día, Mateo ofreció en su casa una gran fiesta en honor de Jesús.
Allí estaban comiendo muchos cobradores de impuestos y otras personas.
Algunos fariseos y maestros de la Ley comenzaron a hablar contra los discípulos de Jesús,
y les dijeron: “¿Por qué comen ustedes con los cobradores de impuestos y con toda esta gente mala?”.
Jesús les respondió: “Los que necesitan del médico son los enfermos, no los que están sanos. Yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a DIOS, no a los que se creen buenos”.
 
Lucas 5:27-32
 
 
Recuerdo cierto tiempo de mi niñez interesado por encontrar una manera de ayudar a la gente a erradicar el dolor sobre la Tierra, una forma de evitar que la guerra, el hambre, el egoísmo, destruyan la esperanza de construir un mundo mejor.
Entre los 9 o 10 años llegó a mis manos una revista que se llamaba “Mente Sagaz” donde se delineaba el futuro hablando de clones, robots, viajes al espacio y otras posibilidades de la ciencia que parecían anunciar mejoras para la vida humana.
Creciendo pude ver que no sucedió como imaginaba.
Pero en mi corazón seguía latiendo el mismo deseo de mi primera infancia tal como hasta hoy día.
La respuesta al porqué de esta inclinación no fue una natural predisposición a ser bueno.
No.
Sucede que uno de los primeros escritos que llegó a mis manos, mucho antes que aquella revista, fue el Nuevo Testamento.
Un niño común y corriente siempre desea cosas buenas y lindas, siempre espera que DIOS le guarde y ayude a los que ama, sentir en su interior una voz que le acompañe y aconseje.
Un hombre sano también desea las mismas cosas; aun si no cree en DIOS.
Todos sabemos que el mundo puede mejorar, que la guerra, el hambre, el egoísmo pueden ser cosas del pasado si trabajamos unidos para ello.
Y cuando un niño o un adulto escuchan palabras hermosas, consejos simples y útiles como los del Sermón de la Montaña, todos podemos ser Mateo y dejarlo todo para seguir a ese hombre de las buenas noticias, Jesús.
 
El evangelista nos cuenta que, movido por su alegría, Mateo organizó una fiesta. Su corazón había encontrado un sentido, una razón para vivir con dignidad cada día.
Seguramente, habría escuchado o recibido comentarios sobre este Jesús frente a la multitud, sobre sus milagros y sus palabras dando a conocer a un DIOS misericordioso: “Si Ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón DIOS, su Padre que está en el cielo, dará buenas cosas a quienes se las pidan” 
Mateo era del grupo de los “malos”, de los mal vistos entre su pueblo.
Quizá sentirse indigno le haya impedido acercarse al Predicador.
Entonces, puede entenderse que la invitación de Jesús al verlo: “Sígueme”, esa única palabra que vista desde la lectura desatenta del Evangelio parece relatar un milagro de transformación instantánea, sea nada más y nada menos que la voz que esperan los desahuciados para encontrar una razón para seguir.
Dile: “comparte mi pan” a un hambriento, “cuenta conmigo” a quien cayó en desgracia, “necesito de ti” al despreciado, y verás transformaciones que no son milagros, son fórmulas para ayudarles a revivir y ganarle sentido a la vida.
Las palabras de Jesús revivieron a Mateo.
 
Y en su alegría, organizó una fiesta.
Los conocidos de su entorno eran recaudadores y otras personas vistas como “gente mala”.
Pero esa era su gente y Mateo no podía ocultarles el cambio que había obrado en su vida.
Ante la presencia de Jesús con ellos, los maestros de la Ley preguntan: “¿Por qué comen ustedes con los cobradores de impuestos y con toda esta gente mala?”.
La respuesta de Jesús no se hizo esperar: “Los que necesitan del médico son los enfermos, no los que están sanos. Yo vine a invitar a los pecadores para que regresen a DIOS”.
El “Sígueme” de Jesús a Mateo es esa invitación que muchos necesitan para darse cuenta que no está todo perdido, que hay otra oportunidad, que se puede cambiar, mejorar, servir.
Los que se creen sanos” no buscan un médico y a los enfermos los médicos no suelen ir a buscarlos.
Sólo una conciencia dispuesta a reconocer que un mal nos aqueja, que no podemos solos, que necesitamos un ayudante, puede sanarnos.
 
Yo he tardado en reconocer mi necesidad.
Así como las distintas enfermedades que asolan nuestro cuerpo pueden ser sanadas a tiempo o no, según cuanto nos hayamos demorado en buscarle el remedio, quiera DIOS que mi vida sea liberada de todo mal.
Como fue dicho, el primer libro importante que llegó muy temprano a mi vida fue el Nuevo Testamento.
Ahora, luego de mucha resistencia de mi parte, siento y pienso que, verdaderamente, hay una manera de ayudar a la gente a erradicar el dolor sobre la Tierra, una forma de evitar que la guerra, el hambre, el egoísmo, destruyan la esperanza de construir un mundo mejor.
DIOS, su Padre que está en el cielo, dará buenas cosas a quienes se las pidan”.
Hay un médico llamado DIOS… y va a domicilio.
 
Daniel Adrián Madeiro
 
Las obras de mi autoría publicadas aquí o en otros sitios de la Internet, son de distribución LIBRE y GRATUITA, siempre que sea sin fines de lucro, respetando el texto y citando al autor. Si lo haces, me gustará saberlo. Será un placer que alguien los encuentre útiles para obtener fondos destinados a un fin solidario comprobable como, por ejemplo, ayudar a niños pobres. ¡Que DIOS te bendiga!
 
 
 
 

Ver en línea : Unos poemas de amor

Este artículo tiene © del autor.

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