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DIÁLOGO IMAGINARIO ENTRE DENIS DIDEROT Y EL MARQUÉS DE SADE

Fernando Vargas Valencia

Colombia



En un café de París, alguien ve a Diderot bebiendo un jerez, a su lado se sienta Donatien-Alphonse-Francois, más conocido como el Marqués de Sade. Desde una mesa cercana, alguien registra su necia discusión…

DIDEROT: La sociedad, no será sino una ralea de hipócritas que en secreto pisotean las leyes, o de desgraciados, instrumentos ellos mismos de su propio suplicio cuando se someten, o de imbéciles en quienes el prejuicio ha sofocado la voz de la naturaleza, o seres deformes en quienes la naturaleza ni siquiera reclama sus derechos.

SADE: Hablas de la naturaleza… ¿Qué es el hombre y qué diferencia hay entre él y las otras plantas, entre él y todos los otros animales de la naturaleza? Indudablemente ninguna. Fortuitamente colocado, como ellos, sobre este globo, ha nacido como ellos: se propaga, crece y decrece como ellos; como ellos llega a la vejez y cae como ellos en la nada al cabo del término que la naturaleza asigna a cada especie de animales, en razón de la constitución de sus órganos. Si las semejanzas son tan exactas que al ojo examinador del filósofo le resulta absolutamente imposible percibir ninguna diferencia, entonces habrá tanto mal en matar a un animal como a un hombre o tan poco en matar a uno como a otro, y la distancia entre ambos actos sólo se hará en los perjuicios de nuestros orgullos.

DID. En la naturaleza todas las especies se devoran y todas las clases se devoran en la sociedad. Nos hacemos justicia los unos a los otros, sin que intervenga la ley.

SAD. Pero… puesto que la naturaleza nos dicta igualmente vicios y virtudes, en razón de nuestra organización o, de un modo todavía más filosófico, en razón de la necesidad que tiene de unos o de otras, lo que ella nos inspira sería una medida muy incierta para regular con precisión lo que está bien y lo que está mal.

DID. Si la naturaleza quiere que sea un pícaro como su padre, todos los esfuerzos que haga para convertirlo en un hombre honrado le perjudicarán. Como la educación cruza sin cesar la pendiente de la naturaleza, se sentirá tirado por dos fuerzas contrarias y andará de soslayo en el camino de la vida, como yo veo una infinidad, tan torpes en el bien como en el mal.

SAD. Pero la verdadera educación es la que promueve el espíritu libre… pronto ha de verse de qué acciones sublimes es capaz el genio cuando es libre; hay que mantener, al precio de nuestras fortunas y de nuestras vidas, la libertad que ya nos cuesta tantas víctimas.

DID. La palabra libertad es una palabra vacía de sentido... no hay y no pueden haber seres libre, sólo somos lo que conviene al orden general, a la organización, a la educación y a la sucesión de acontecimientos. Si no hay libertad, no hay acción que merezca elogio o reprobación, no hay vicio ni virtud, nada que sea preciso castigar o recompensar.

SAD. El más grande obstáculo del genio verdaderamente libre es la vieja moral; la moral sojuzga la libertad con el remordimiento. Todos los efectos morales tienen, realmente, causas físicas a las que están irresistiblemente encadenados. Es de locos y de extravagantes no hacer todo lo que nos plazca, arrepentirnos de lo que hemos hecho. El remordimiento es, pues, sólo una debilidad pusilánime que debemos vencer tanto como nos sea posible mediante la reflexión, el razonamiento y el hábito.

DID. La única moral aceptable es la que impulsa al individuo a buscar el placer y rechazar el dolor. Tanto en lo físico como en lo moral estamos sujetos a creernos mas grandes de lo que somos. Si quieres tiranizar al hombre, civilízalo, envenénalo, tanto como puedas, con una moral contraria a la naturaleza, ponle trabas de todo tipo, dificulta sus movimientos con mil obstáculos, ponle delante fantasmas que lo aterroricen, enciende guerra eterna en la caverna y haz que el hombre natural esté encadenado a los pies de la moral. ¿Lo quieres feliz y libre? no te metas en sus asuntos.

SAD. ¿Tiranía? La tiranía y la injusticia, únicos principios de todos los desórdenes, deben ser las primeras leyes de una causa que sólo actúa mediante desórdenes. Todas las criaturas humanas nacen aisladas y sin ninguna necesidad de las unas para las otras. Dejad a los hombres en su estado natural, no civilizarlos, y cada uno encontrará su alimento, su subsistencia, sin tener necesidad de su semejante.

DID. Cuando observo los trabajos de los hombres, y veo ciudades edificadas, pueblos urbanizados, puertos construidos, mares surcados, la tierra y los cielos medidos, el mundo me parece viejo. Cuando encuentro a los hombres indecisos sobre los primeros principios de la medicina y de la agricultura, sobre las propiedades de las sustancias más comunes, sobre el conocimiento de las enfermedades, sobre la talla de los árboles y sobre la forma del arado, la tierra me parece habitada desde ayer. Si los hombres fueran sensatos, se entregarían a investigaciones relativas a su bienestar.

SAD. No somos felices aún. La sociedad con sus virtudes ahoga el deseo de ser feliz porque ahoga nuestras pasiones; el movimiento que combate o contraría a las pasiones no es sino un pusilánime sentimiento de comprar al mejor precio la misma felicidad; la virtud no es sino un servilismo a leyes que varían de un lugar a otro, y que, por tanto, no dejan a la virtud una existencia determinada universalmente. En un mundo así, sólo reina la miseria.

DID. Lo peor es que nunca se paren tantos hijos como en épocas de miseria. Nadie aumenta tanto la población como los miserables. Para ellos, un hijo más no representa nada, la caridad lo alimentará. Además es el único placer que no cuesta dinero, por la noche se consuelan, sin gastar ni cinco, de las calamidades diurnas.

SAD. Y en condiciones de miseria, ningún pueblo tiene carácter. Lo mejor que se puede hacer es adoptar una forma de ser que no sea el resultado de las leyes y de los prejuicios. Lo otro sería el cálculo de un miserable, el rendirse a la debilidad de carácter.

DID. Y pensar que el pueblo está ávido de espectáculos, y acude a cuantos puede, no sólo porque se divierte mientras duran, sino porque todavía le divierte más contarlos luego al regresar. El pueblo, cuando se enfurece, es terrible, pero su furor dura poco. Su propia miseria lo ha convertido en un ser compasivo que cierra los ojos ante el horror cuya exhibición le atrajo, se enternece, y vuelve a su casa llorando.

SAD. Claro está que si lo pensamos bien, veremos claramente que todos los grandes problemas y conmociones siempre tuvieron la misma causa: una potencia penosamente constituida terminó tratando de anular a la otra, y al fin lo consiguió. ¡Es la ley la que engendra los crímenes, y no existiendo leyes no habría crímenes!

DID. En nuestras leyes no se ve más que trabas, encubiertas de mil maneras, trabas que no pueden sino suscitar la indignación o el desprecio de un ser en el que el de la libertad es el mas profundo de los sentimientos.

SAD. Esas leyes están basadas en las lágrimas; sólo se llora porque se tiene miedo: por eso los reyes son tiranos.

DID. En este mundo nada se escucha tal y como se dijo, pero hay algo peor, casi nada se juzga tal y como sucedió. Cuando todo es falso es cuando más se ama la verdad.

SAD. Y si las cosas han cambiado físicamente, moralmente son las mismas: el hombre opulento representa al más fuerte en la sociedad y ha comprado todos los derechos.

DID. El ocioso se atiborra de manjares suculentos, el peón bebe agua y come pan, y ambos perecen en el término prescrito por la naturaleza, uno de indigestión y el otro de inanición. El que no hace nada bebe largos tragos del vino generoso que repararía las fuerzas del que trabaja.

SAD. ¡Y todo es culpa del juramento de respeto a las propiedades! ¿Cuál es el espíritu de un juramento pronunciado por todos los individuos de una sociedad? ¿No es acaso el de mantener una perfecta igualdad entre los ciudadanos, el de someterlos a todos por igual a la ley que protege la propiedad de todos? Ahora bien: me pregunto si acaso es muy justa la ley que ordena que el que nada tiene respete al que tiene todo. ¿Con qué derecho el que nada tiene ha de encadenarse por un pacto que sólo protege al que tiene todo?

DID. Y pensar que la primera promesa que se hicieron dos seres de carne y hueso tuvo lugar al pie de una roca que se estaba convirtiendo en polvo, poniendo por testigo de su constancia un cielo que cambia a cada instante; a su alrededor y en ellos mismos, todo cambiaba, pero ellos creían que su corazón estaba libre de vicisitudes.

SAD. ¡La verdadera sabiduría residía más en incrementar los propios placeres que en multiplicar la cifra de las penas!

DID. ¡Desconfiad de quien quiera poner orden!

SAD. Sobretodo si es un orden basado en la desigualdad y en los celos.

DID. Los celos son la pasión de un animal indigente y avaro que teme fallar, sentimiento injusto del hombre, consecuencia de nuestras falsas costumbres, y de un derecho de propiedad extendido a un objeto que siente, piensa, quiere y es libre.

SAD. Ja! Me habláis de los vínculos del amor… Semejante sentimiento sólo cabe considerarlo como el efecto resultante de las cualidades de un objeto bello sobre nosotros. Tales efectos nos transportan, nos encienden. Si poseemos ese objeto, ya estamos contentos. Si nos resulta imposible tenerlo, ya nos desesperamos. Pero ¿sobre qué se basa ese sentimiento…? Sobre el deseo. ¿Qué consecuencias tiene ese sentimiento…? La locura. El motivo es la posesión del objeto: ¡pues bien, tratemos de lograrla! Pero con sabiduría. Gocemos de él cuando lo poseemos; consolémonos en el caso contrario: otros mil objetos semejantes, y a menudo mucho mejores, nos consolarán de su pérdida. Todos los hombres, todas las mujeres, se parecen: no hay amor que resista a una reflexión sana.

DID. Ser sensible es una cosa y sentir, otra. La una es cuestión de alma, la otra cuestión de juicio.

SAD. ¡Oh, qué engaño es esa embriaguez que absorbe en nosotros el resultado de nuestros sentidos y nos pone en un estado tal que ya no vemos, que ya no existimos más que a través de ese objeto locamente adorado! ¿Acaso es vivir?, ¿Acaso eso es el gusto?

DID. El gusto es una facilidad, adquirida por medio de experiencias reiteradas, de captar lo verdadero o lo bueno con la circunstancia que lo hace bello, y sentirse rápida y vivamente impresionado por ello. Si las experiencias que determinan el juicio están presentes en la memoria, se poseerá un gusto esclarecido, si el recuerdo de ello ha desaparecido, y solo permanece la impresión, se poseerá la sensación, el instinto.

SAD. ¿Acaso es el hombre el dueño de sus gustos? Cabe compadecerse de quienes los poseen singulares, pero nunca insultarlos: su error es el error de la naturaleza; ¿acaso un hombre os dice algo desagradable cuando os testimonia su deseo de gozar de vos? Sin duda que no; os hace un cumplido. ¿Por qué responderle entonces con injurias o con insultos? Sólo los necios pueden pensar así. Ocurre que el mundo está poblado de imbéciles ramplones que se creen que se les falta al respeto cuando se les declara que se los encuentra aptos para los placeres.

DID. Cuando leo El Avaro me digo: Sé avaro si quieres, pero guárdate de hablar como si lo fueses. Cuando leo El Tartufo exclamo: Sé hipócrita si quieres, pero no hables como hipócrita. Conserva los vicios que te son útiles, mas no adoptes el tono y las apariencias que te pondrían en ridículo.

SAD. En mi caso, los primeros principios de mi filosofía consisten en el desprecio de la opinión pública; ¿qué influencia puede ejercer sobre el verdadero genio esta opinión vulgar? Esta opinión no nos afecta sino en razón de nuestra sensibilidad; pero si a fuerza de sabiduría y reflexión, logramos ahogar esa sensibilidad hasta el punto de no sentir sus efectos, incluso en las cosas que nos conciernen más directamente, resultará imposible que la opinión pueda influir en nuestra felicidad…

DID. El acto de generalizar tiende a despojar a los conceptos de todo lo que tienen de sensible.

El tabernero interrumpió afirmando que era hora de cerrar. En la calle bajo el amparo de la embriaguez, a manera de despedida, estas palabras fueron lo último que se dijeron:

DID. Voltaire, me ha escrito: Os considero un hombre necesario en este mundo, nacido para iluminarlo y para aplastar su fanatismo e hipocresía. Con la enorme cantidad de conocimientos que poseéis, y que bastarían para resecar el corazón, el vuestro sigue siendo muy sensible....

SAD. Ja! En mi caso, una vez tapada, la fosa será sembrada de bellotas, para que en el futuro se confundan mi sepulcro y el bosque. De esta manera, los rastros de mi tumba desaparecerán de la superficie de la tierra, como me precio que mi memoria se borrará del espíritu de los hombres.

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