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En el hospital

Antonio Martinez Jurado

España



En el hospital, uno suele recordar momentos de su vida, reflejos de la realidad, ya que se hacen largas las horas que se pasan allí.

Era un viernes caluroso, Abel recibía una llamada alarmante de su hermano Fran: estaban a punto de llevar a su madre al hospital, era preciso presentarse cuanto antes en la residencia para tramitarlo todo.

Días antes, Fran le había comentado a su hermano que su madre se encontraba sola y se iba a morir, siendo preciso sacarla de la residencia para llevarla a su casa.

Años antes, los hermanos habían tenido una gran discusión por no ponerse de acuerdo, para ponerle a una mujer y que viviera en su casa, motivo que había provocado de que ellos no se llevasen bien.

La ambulancia corría rapidamente y veloz por las calles de aquella pequeña ciudad hasta llegar al hospital. La señora Victoria era mayor y, a sus ochenta y seis años, su corazón estaba bastante cansado y fatigado.

Entró rapidamente en la sala de observación donde fue atendida por los médicos de urgencia que se interesaron por todo su historial médico, para poder aplicarle una medicina preventiva que en aquellos momentos necesitaba la anciana señora.

Mientras tanto los hermanos, con sus respectivos cónyuges, esperaban en la sala del Hospital, sin intercambiar palabra alguna, sólo pequeñas conversaciones superfluas y sin sentido para matar la larga espera, porque en el fondo no sabían lo que podía ocurrir.

Por la mente de Abel desfilaba la película por su vida, de lo que había sido su hermano con su madre, pero no se atrevía a decir nada sino que estaba con rabia. Pero lo que más le preocupaba en aquel instante era el estado de salud de su madre.

Eran las ocho y media, tocaba el turno de visita, la vieron alli, entubada y seminconsciente. La médico les informó que estaba muy débil pero que su vida no corría peligro. Era preciso ingresarla para tratar mejor su corazón. 
La primera noche estuvo Fran, según primer acuerdo tomado entre ambos hermanos, a cambio que que Abel se quedase todo el sábado, ya que su trabajo en ese día no le podía permitir estar con ella; él pasaría también la segunda noche.

Llegó el domingo. Abel se quedó por la noche, los acuerdos eran alternar las noches, las mañanas para Fran y las tardes para Abel. Todo estaba claro pero la situacion empezó a fallar cuando los cambios en las horas de las mañanas y las noches no se respetaban por parte de Fran y cónyuge. Abel decidió que era preciso y necesario cambiar a turnos de veinticuatro horas, con entradas o salidas a las cuatro de la tarde, por necesidades del guión.
Es cuando aquella situación tan nefasta se volvió compatible para todos y cada uno tuvo que afrontar su problema a las necesidades que existían en el momento.

Los días pasaban, poco a poco la situación de su madre se iba estabilizando, pero ellos seguían con su guerra fría. Fran utilizaba a sus tíos, porque a todas las personas que puedan hay que pedirles el favor de que te echen una mano, ya que ellas lo están deseando, en caso contrario es de ser un desagradecido, que él mas tarde de alguna manera, "cuando pudiera se lo pagaría" del mismo modo. En cambio Abel esta teoría la consideraba como "una explotación de los mayores", un aprovecharse en beneficio propio sin tener en cuenta los demás. Consideraba que las personas están ahí no para sacarle el jugo y exprimirlas sino para que, en momentos in extremis, te pudieran ayudar... y no a las primeras de cambio contar con ellas. Abel consideraba que la familia está ahí, que los que tienen que tirar hacia adelante son los hijos y todo lo que hay alrededor del núcleo familiar, porque cada familia tiene sus propios problemas.

Para Fran el sacrificio que hacía era quedarse con su madre en el hospital por la noche y poco más; sin embargo, Abel, durante su turno, pasaba las veinticuatro horas seguidas con su madre. En resumidas cuentas, fue Abel quien pasó más horas con su madre en el hospital. 

A Abel lo consideraban el resto de la familia como la persona exigente porque les decía la verdad a todos en la cara, era su verdad, para él, ya que tenía la conciencia muy tranquila de que se había comportado muy bien con su madre a lo largo de toda su vida. 

En los momentos en los que estaba con ella, en su largos sueños, recordaba cuando murió su padre: él tenía apenas cuatro años y la acompañaba al cementerio a poner flores en su tumbapor para su santo, en el día de los difuntos y por el aniversario de su muerte. Así durante muchos años. También se veía como, siendo niño aún, le ayudaba en su trabajo, por mañana y durante las largas tardes de verano, mientras su hermano estaba jugando al fútbol.
El continuó estudiando para sacarse una carrera mientras su hermano pasaba la vida jugando al fútbol que era su pasión. En ese largo sueño vio aquellos momentos de tomar decisiones con respecto a su madre, del tipo económicas, de cuidar de ella y atender sus necesidades. Todo ello lo llevó Abel a enfrentarse duramente con Fran y a no relacionarse con él. Mientras tanto Fran se aprovechaba de las situaciones y conseguía vivir de las rentas con el trabajo de su madre y poder llevar y hacerse cargo del negocio de ella, por supuesto su madre lo ayudaría en todo momento puesto que él se encontraba en peor situación, además era el menor.
La mente de Abel era un cúmulo de historias en aquel hospital, que a veces le hacían sentirse más fatigado que nunca, estaba angustiado por todos aquellos momentos recordando su vida pasada y sin poder hacer nada. Su madre estaba allí y él era el malo de la película, el que discutía, el que se preocupaba por llevarla siempre al médico, el que pagaba su estancia en la residencia, el que era capaz de dar su vida por ella... Pero Victoria no lo veía así: consideraba que tenía celos de su hermano desde pequeño. Fran en un momento llegó a decir que su hermano había secuestrado a su madre cuando la llevó a su casa mientras gestionaba los papeles para ingresarla en una residencia -sacándola del estado de miseria y de soledad en el que vivía, contando sólo con las visitas y el amparo de Abel.

Pasados diecisiete días con sus repectivas noches Victoria tuvo una mejoría, y volvió a su residencia. Abel y Fran continuaron sus vidas y, para evitar más enfrentamientos, sentaron las bases para el futuro imponiendo turnos de veinticuatro horas y el día de mañana lo dirá todo a todos.
En el hospital no fue nada más que empezar... Victoria tendrá su final pero en su consciencia quedará que, durante su vida, ella nunca intentó hacer nada para que sus hijos tuvieran una relación normal. Pensaba y decía siempre que la mano derecha no supiese nunca lo que hiciese la izquierda. Fran y Abel son hermanos, y sin embargo son dos auténticos desconocidos. No volverán a decirse ni adíós. Sólo sentirán vagamente que fueron en su día hijos de una misma madre y de un mismo padre.
 
En el hospital todas las historias tienen su final...
Y no se pueden remediar.

 

 

 

Este artículo tiene © del autor.

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