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TERRITORIOS COMPARTIDOS - CONTINUACION: PARTES V y VI/X

Adrián N. Escudero



V

(Y) Ahora, sin prisa pero sin pausa, entre los avatares de “extramuros” de Zulema Saus, nos abocamos al misterio del quinto capítulo de su Pergamino del Alma - (22), para vivir junto a ella una experiencia desarrollada en el marco de la función pública, la Dirección de Residencias de Salud. “... un espacio laboral que me estresó mucho por la gran responsabilidad depositada sobre mis hombros”. Tras suyo, recorro el Departamento de Enfermería del Hospital “Dr. J. M. Cullen”, donde se desempeñara como Secretaria de la Dirección Provincial de Residencia de Salud.

Allí puedo verla compartir escritorio con su Jefa, Mabel Visentín o dialogar con Beba Franco y Amira Cohen (Supervisora de Enfermería y Jefa de Personal, respectivamente), o la confidente Etel Ingaramo, y bucear en la versatilidad que la distinguía para cumplir sus tareas formales “y corregir evaluaciones docentes en las horas de receso laboral o cuando toda la actividad planeada ya estaba ejecutada”; eso sí, sin que faltara nunca “una flor fresca para mi escritorio” y aquella “taza de leche tibia y mate cocido” que las enfermeras de Maternidad o las compañeras de Farmacia, a media mañana, le acercaban... ¡Regalos simples de Dios, presente en cada uno de nosotros cuando, despojados de egoísmos y falsos personalismos, somos parte de su Reino de Amor, de Justicia y de Paz, en la sapiencia de que, todo lo demás, añadido será!

Y así fue: la añadidura del trabajo realizado con eficiencia y probidad, apoyado por su profesorado en Ciencias de la Educación, permitió a Saus colaborar en otro tipo de actividades a las usuales y superar tramos jerárquicos, organizando currículas y redactando programas de enseñanza para los médicos Instructores de Residentes -faltos en aquel entonces de conocimiento pedagógicos y didácticos-. Julio Busaniche (Jefe del Departamento de Capacitación y Docencia), Mónica Nieres (Secretaria de la Dirección de Recursos Humanos), Stella Avarece (Bibliotecaria del Hospital de Niños), Marta Kaczorak, así como Rosita Vidaurrazaga (Ordenanza) y Alejandro Sánchez (Contador y auxiliar administrativo de Residencias), Dora Retamas (Ordenanza de la Escuela Superior de Enfermería), son algunos de los tantos ángeles custodios que apoyaron su recta labor al servicio del Bien Común....

Pero también puedo verla sufrir, angustiada por los traspiés –que si de hijos se trata, se agigantan al máximo- que una “neumonía no diagnosticada a tiempo” hizo pender de un hilo a la joven Natalia, y los pediatras Miguel Loréfice y Armando Funes, Hospital de Niños por medio, supieron –gracias a Dios- manejar con éxito la situación. En cuanto a Andrés, supo la guardia del Hospital “J.M. Cullen” atender los aguijones de una tropa de insectos puntiagudos que arremetieron feroces contra el niño, cuando su estupendo panal de Camachuí fuera derribado por éste, así como atender el magullón acreditado jugando al rugby contra una rubicunda columna de monoblock.

Y si de ella se trata, “la vieja Remington que al principio tanto amaba, durante treinta y cuatro largos años me fue, poco a poco, destrozando la columna. Cuando apareció la computadora ya era tarde y además, le tenía pánico. Más, aquí estoy, bastante averiada aprendiendo a dominarla”. Una situación propia de una generación que, al tiempo que conocía todas las respuestas, le cambiaban todas las preguntas (o el cambio tecnológico de la segunda y tercera ola de Toffler). Pero la victoria le fue fiel, porque, confiesa: "Antes hacía informes, notas, contestaba expedientes, ahora estoy aprendiendo a jugar con las palabras como nunca lo había imaginado... Por eso, poco a poco, (...) fui desgranando aquellas gotas del vaso que cayeron como partículas de sangre y me quedé con el agua cristalina del medio vaso lleno”...

Aunque, al final del capítulo, Zulema recordara, no sin cierta desazón, “por esas equivocaciones de la vida con toda la mezcla de tana y catalana” que supo caracterizarla, no haber aceptado el oportuno ofrecimiento que Estela Gagneten le hiciera para ocupar un lugar en el Departamento de Psicología, Psiquiatría y Neurología (del “Cullen”), “cuando la Dirección de Residencias fue trasladada a las oficinas centrales del Ministerio de Salud”... No obstante, sabedora de que en lo Alto no se permiten –aquí, en la tierra- males sino para mayores bienes, Zulema continuó el camino que, al final se transformaría en este libro –tesoro cultural- de territorios compartidos.

VI

Ahora, de pronto y con los labios fruncidos, me pregunta: “Adri, ¿te cansas del viaje?”. Lo dice en serio, preocupada por la intensidad del recorrido que llevamos adelante... La miro con una sonrisa comprensiva. “-No, por supuesto. Estoy encantado de caminar con vos“. Y Ella que me dice: “Sabés, mi viejo, te estoy muy agradecida por haber aceptado este convite a conocer el Territorio de mis sueños y realidades. Otros ya lo han hecho, pero deseo que, poco a poco, todos mis amigos formen, de alguna manera, parte de él”...

“De todos modos, no estaría mal un café, y... unas rosquillas, diría Homero Simpsom”, le respondo. Y su carcajada es una larga brazada como para tocar la meta en el maratón Santa Fe-Coronda... “¿Así? Pues, mirá de lo que soy capaz en estas tierras....”. Y, soltándome la mano un instante –sólo un instante, que resulta una turbación en mi ser, porque sin la firmeza de sus dedos apretando los míos, en la dimensión que navegábamos, uno podía ir a parar a cualquiera de los infinitos universos paralelos con que Dios teje la realidad-, bate palmas y, frente nuestro, toda la secuencia de imágenes anteriores desaparece, y sólo existe un cielo azul y ese Sol siempre presente brillando en el cenit, acariciándonos el cuerpo y el alma en una estancia semejante a la que Beatriz Vallejos poseía en Rincón; un sitio de puro verde cubierto de plantas, pájaros, flores y mariposas, con un mesón de madera y unas sillas de algarrobo desprendidas del tronco de los árboles que orbitan el jardín, y nos hace suyos... ¡Qué delicia! Con la destreza de una maga, Zulema ha hechizado el “todo” de su casa-Libro, ambientándolo de tal modo que, no por casualidad ni capricho demiúrgico, hiciera memoria de su adorable amiga y Poeta –y de la cual me hablaría, especialmente, más adelante-, mientras el aroma a café y a tostadas nos apacienta inmejorablemente para continuar con la crónica de una rica existencia...

Es el momento elegido para sobrevolar los ecos de su “Familia de Origen y Ampliada”, es decir, de sus padres, del fondo de la casa de sus abuelos maternos, de la madrina de Andrés, de los recuerdos de algunos hermanos de papá; y más luego, del Patio de calle Amenábar, de animarse a pintar semblanzas de sus barrios de un ayer siempre hoy; mientras, en el centro de mesa de ancestral costura, las volutas difusas del fragante café, confundido en su levedad con el perfume opíparo que exuda el Jardín, dan vida al sexto capítulo del Pergamino del Alma - (23) de Zulema Saus ...

Primero, el tata. Papá. Papá José María, Escribano, “funcionario de Tribunales de lunes a viernes y humilde carpintero los sábados y domingos. ¡Cómo te gratificaba trabajar la madera!". Y bastó ese recuerdo para que, parte del mesón que nos acogía con olores dulces y floridos, fuera tras su persona el “escritorio” donde Zulema escribiera los borradores de este libro-Casa: Si papá, “Estuve escribiendo los borradores en tu escritorio, el que vos mismo hicieras. En tu escritorio papá, que ahora es el mío: leo, escribo, hago mis artesanías, coso, pinto. Antes, era el lugar más tranquilo para preparar las clases y corregir las interminables evaluaciones de los alumnos”...

Ahora, es la biblioteca existencial donde el pensamiento de Zule se detiene y activa, para recordar las dulzuras y “rigidez cuando te enojabas..., papá”. Porque "reconozco que, como hija única –por que me adelanté 18 años o Guillermo José se atrasó, (y) pasó un tiempo para que me aceptaras- debí ser caprichosa” (y se sonroja). También, gracias a Ceci, una de sus primas, la Zule alude a “la repisa lustrada” que hizo don Saus, y que “hoy está en el comedor, con las fotos de (sus) nietos y bisnietos”, así como “tu secreter, la caja de madera que vos mismo construiste como todo lo madera que luce en la casa... (y donde un día descubrí) los recortes que mamá había conservado de los recordatorios de tus amigos y sus palabras de despedida al ascender a la Cámara del Crimen”, rescatando “tu trabajo honrado y tu conducta... al servicio de la comunidad, sin tomar la función pública como fuente de satisfacciones personales o materiales”...

Sí, papá, “tengo buenos recuerdos” de vos; como cuando, en la Plaza de las Palomas, me enseñaste a darle de comer en la boca; o me llevabas “al Parque del Sur y nos sentábamos largos ratos en ese hermoso y enorme ombú a mirar el lago hasta el atardecer, cuando los pájaros de la isla volaban rasantes por el agua a sus nidos”. Aquí Zule me mira con una ternura que traspasa a los ejes de mi persona, y se enlaza física y mentalmente –conteniéndome en ese círculo amical- con el Horacio; el Horacio C. Rossi, joven Poeta Mayor (de las Esencias) de Santa Fe –que poco más tarde emprendería inexorable vuelo hacia el “Cielo de los Escritores” 24 . Y me dice: “Cuando el Horacio visitó la Casa, supo –entre otras tantas cosas- distinguir la forma en que se había acuñado en sus muros, la imagen del ya desaparecido ombú del Parque, porque “Ese ombú, tiene tanta historia, tantos lindos recuerdos…”; árbol del que sólo me queda en la memoria su porte de mansión de pájaros, hasta aquel día en que un Gobernador de la provincia, después de una tormenta, lo hizo voltear, junto a otros tantos, para hacer con sus raíces una pista de carreras de autos en el sur colonial de la ciudad… ¿Sabés? “Sus raíces sobresalían del lado barrancoso del Parque. Eran tan grandes que nos trepábamos en ellas y nos escondíamos de pequeños, los niños del barrio, en los huecos que formaban… Una compañera de la Escuela Normal, Cristina Cantard, con la cual compartimos cinco años, me pone en su libro de despedida de 5to. Año: ‘no sólo somos amigas en el período escolar, sino también en la época de verano. Ya nos vamos a encontrar los Diablos del Agua: 19-11-65’”.

Adri, te preguntarás quiénes eran los Diablos del Agua; pues “Cristina, Marilé Curletti y Zule”. ¡Qué inconscientes éramos a los 14 años! Nos tirábamos de las balsas del club “El Quilla” y, después de bucear entre las ‘viejas del agua’, nadábamos hasta el caminito de la muerte, así lo llamaban. Nos trepábamos al ombú, descansábamos y, desde sus ramas, de cabeza de nuevo al agua hasta las balsas, ida y vuelta, ida y vuelta”. ¡Toda una fiesta! Muchas personas me ponderaron “la chapa” y a muchos jóvenes tuve que explicarles de qué se trataba cuando hacía los mandados a mamá camino del almacenero de la esquina de Amenábar y San Jerónimo. ¡Toda una fiesta!”, repite Zule entusiasmada. Y, vuelta nuevamente hacia el nosotros dos, comenta: ¡Toda una fiesta! Sí, como cuando “visitábamos a (los) tíos solteros: María, Ricardo y Lolita... ¡Cuántos dulces me ofrecían, qué rico sus budines ¡Los hacían ellos mismos en la panadería Santo Domingo!"; o como cuando íbamos a mimar a la abuela Francisca, esa catalana que “me cosió vestidos, me regaló su propia cama de hierro forjado y su bella cómoda de mármol de Carrara, ahora repleta de autorretratos”; o visitábamos “la casa de los abuelos maternos, italianos: Rafael (que diseñaba y cortaba trajes, porque ese era su oficio) y Marieta... y te encontrabas con Julio, un hermano muy querido, casado con Aída, madrina mía, y hermana mayor de mamá”; o como cuando, papá, ya en mi adolescencia, “pudimos dialogar (contigo) de igual a igual... ¡Cuánto sabías de Historia Argentina!"; aunque tu ilusión más grande hubiera sido ser Arquitecto (“... pasabas horas y horas dibujando”), pero eras ¡tan multifacético!: de joven, maratonista y criador de palomas mensajeras; de casado, experto en cruza de canarios de colores “tan bellos: el naranja rabioso, el rojo y ese amarillo fuerte como el sol del mediodía”, y gustador de la “la pesca, el río, las lanchas, la isla”. Y, con esas tiernas actitudes, que me estrujaban de amor el corazón..., como cuando cumplí los quince y “me trajiste dos anillos para que me quedara con el que más me gustara. Uno tenía una piedra de agua marina y otro una perla cultivada. Me quedé con el último”; o como cuando, a los diecisiete, me diste el coraje –que mamá, por su temerosa naturaleza, no podía darme- para hacerme una cirugía estética, “sosteniéndome la cabeza mientras me anestesiaban” ...

Pero te fuiste, papá. No por sabido, tan dolido. Me tomaste de las manos y me dijiste –antes que el Ángel de Luz te hiciera nacer al Cielo-: “-Cuida de tu madre y hermano”. “-Sí te contesté, quedate tranquilo”, ¡Dios!, amigo Adrián, “¡Qué dolor tan grande por su sufrimiento!” (...).

Ahora, de improviso, todo cambia. Volvemos al escenario vegetal y al enorme mesón donde la vegetación respira el aroma a café y a rosquillas de la Zule, y el café y las rosquillas se nutren, a su vez, del perfume de los jazmines del Jardín, en recíproca cortesía natural... Y dice: “Es bueno -ahora- hablar de mamá... (pero la emoción le impide pronunciar su nombre: se llamaba, recuerden, Idilia; Idilia María Gagliardi, tal su nombre completo, según explica durante la charla). "De todo su trabajo, de su emprendimiento, de su amor por las flores, de su experiencia docente como maestra de actividades prácticas recibida en la Escuela Sarmiento. Nunca supe por qué no continuó...". Sí, “Es bueno hablar de mamá y (de) sus gestos. (Como...) cuando papá descubrió que había perdido la vista de un ojo, (y) un médico de Rosario le aconsejó que dejara de leer porque podía quedar ciego. Abruptamente, (papá) abandonó los estudios de Derecho. Fue entonces cuando ella le leía los libros de las últimas materias para memorizarlas y, aprendiendo junto a él, lo ayudó a recibirse de Escribano. Yo ya había nacido. Tenía dos años”...

Entonces, el perfume de la Casa-libro comenzó a volverse cada vez más dulce y penetrante. Con cada palabra y recuerdo de Zulema acerca de su madre, todo el Jardín latía y susurraba encantos de pureza y santidad... Sí, es bueno hablar de mamá, y de lo agradecida que estaba con ella su hermana menor por sus cuidados en la niñez. Es bueno hablar de mamá, “y recordar su gusto por la música. Ella me indujo para que aprendiera piano. De adolescente me llevaba al cine Ocean todos los lunes, a escuchar los conciertos mensualmente programados. También le gustaba el Teatro. Iba una vez a la semana, con una de sus amigas preferidas: Elena Bonacchi”. Era coqueta. “Cuidaba su cabello rojizo, se marcaba los rulos con las tijeras calentadas al fuego y hasta ahora -¿la hueles en el Jardín?- siento su aroma tan dulce: Chanel Nº 5”.

Pero..., y aquí volvió a soltar esa carcajada tan contagiosa que la caracterizaba, dijo perspicaz: “También es bueno recordar las protestas de ella, cuando en los almuerzos papá metía sistemáticamente todos los días, al regresar del trabajo, la corbata en el plato de sopa y ¡las migas, tantas migas de pan desparramadas por la mesa y por el piso!". Pero seamos justos. Mamá era una “Señora hermosa con ojos de color del tiempo: a veces grises, a veces verdes, elegante, inteligente... Tenía cualidades muy especiales”... En la cocina, en la costura, en el tejido, en la artesanía... “Decoraba un ambiente reciclando lo que encontraba a mano... Aparte, sabía lidiar con albañiles, gasistas, plomeros, pintores... Tenía una sonrisa amplia y un muy atento y discreto oído, para quien lo necesitara... Sinceramente, no sé de dónde emanaba tanta energía. Tantas ganas de vivir. De querer a los niños y proteger a los más necesitados”...

Pero aunque, “todo pasa y todo queda”, nos dice Machado, un día, “En el ’83, entre Navidad y Año Nuevo”, porque era uno de los Ángeles que, de seguro, Jesús necesitaba en el coro que aclamara ante los pastores su Nacimiento, “se fue de golpe... Cuando más la necesitábamos todos los que compartíamos su entorno. Cuando más la necesitaba Guillermo, viviendo como todo varón su turbulenta adolescencia, y yo”... Su agonía fue de once días, de once siglos donde ...

CONTINUARÁ (CON PARTES VII-VIII/X (Ta. 1º-08-2008, incorpora otro capítulo)

ADRIÁN N. ESCUDERO - Otoño (Marzo) 2008 - T.a.: Invierno (Agosto) 2008 - Del Libro Homenaje "EL REINO DE LOS SUEÑOS" (Colección de Crónicas Oníricas) - CRÓNICA VI (LA TORRE SIN MURALLAS) - La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), Primavera 2008 - Invierno 2008.-

Su parte "INTRODUCCIÖN" fue publicada en el presente Magazin Virtual "MUNDO CULTURAL HISPANO" (Alicante - España), con fecha 21-07-08. En tanto que, sus "PARTES I-II/X" fueron publicadas en el referido Magazin con fecha 24-07-08; y sus "PARTES III-IV/X el 30-07-08.-

P.-S.

NOTAS AL PIE:}

(22) - Capítulo: Dirección de Residencias de Salud", ob. cit., págs. 65/68.-

(23) - Capítulo: "Mi familia de origen, mi familia ampliada", ob. cit., págs. 69/86.-

(24) - Expresión debida al Poeta Oscar Ángel (Cacho) Agú, al referirse al fallecimiento del Poeta Horacio C. Rossi (1953-2008).-

ADRIAN N. ESCUDERO – Santa Fe (Argentina). Breviario curricular: Autor de los libros de cuentos editados: “LOS ULTIMOS DIAS” (Colección Ficción Conjetural y Metafísica) (Edic. Colmegna S.A. - Santa Fe-Argentina, 1977); “BREVE SINFONIA Y OTROS CUENTOS” (Colección de Realismo Mágico) (Edic. Colmegna S.A. - Santa Fe, Argentina, 1990) y “DOCTOR DE MUNDOS I – EL SILLON DE LOS SUEÑOS” (Colección de Ficción Conjetural y Metafísica) (Edic. Vinciguerra S.R.L. - Buenos Aires, Argentina, 2000); así como, entre otros, de los libros de cuentos inéditos concluidos: “NOSTALGIAS DEL FUTURO” – Antología Fantástica (Colección de Ficción Conjetural y Metafísica (La Botica del Autor – Santa Fe, Argentina, 2005); “DESDE EL UMBRAL – Terrores Cotidianos y de los otros” (Colección de Horror). La Botica del Autor – Santa Fe, Argentina 2006/2007; EL REINO DE LOS SUEÑOS (Crónicas de Relatos y Poemas Prestados – Libro Homenaje). Colección de Crónicas Oníricas). La Botica del Autor – Santa Fe (Argentina), 2005/2008 y “DOCTOR DE MUNDOS II – VISIONES EXTRAÑAS” (Colección de Ficción Conjetural y Metafísica (Inédito. La Botica del Autor – Santa Fe, Argentina, 2003/2008); “MUNDOS PARALELOS y Otros Cuentos” (Colección de Realismo Mágico). La Botica del Autor – Santa Fe, Argentina 2004/2008; “EL EMPERADOR HA MUERTO y Otros Relatos” (Colección de Realismo Mágico). La Botica del Autor – Santa Fe, Argentina 2005/2008); y de los libros de cuentos inéditos en desarrollo: “Doctor de Mundos III” – LOS ESPACIALES (Colección de Ficción Conjetural y Metafísica. La Botica del Autor – Santa Fe, Argentina 2005/2008); “APOCALIPSIS BANG y Otros Cuentos para un Semáforo” (Colección de Microrrelatos). La Botica del Autor (Santa Fe, Argentina 2006-2008); y “ATILA y Otros Cuentos de Abecedario” (Colección de Realismo Histórico). La Botica del Autor (Santa Fe, Argentina 2007-2008): todo sobre relatos con copyrigts en magazins locales, nacionales e internacionales y/o inscriptos en la Dirección Nacional del Derecho de Autor (Ministerio de Justicia y Culto de la Nación).

Datos personales: Domicilio particular: Obispo Gelabert 3073 – (3000) Santa Fe (Argentina) – L.E.. Nº 8.467.257 - Te.: (0342) 455-4811 – Contador Público Nacional (1975-FCA/FCE-UNL) y Magíster en Dirección de Empresas (CT-1998 – UCSF/UCC). Miembro de la Asociación Santafesina de Escritores (ASDE – 1978); Sociedad Argentina de Escritores (SADE-Santa Fe, 2004); Asociación Cultural “El Puente” (Santa Fe, 2004); Instituto de Cultura Hispánica de Santa Fe (Argentina) (2006) y RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL (REMES) (España) (2007).-

Blog Personal: Narr-Arte (en desarrollo)

E.mails:
adrianesc@fibertel.com.ar
adrianesc@hotmail.com
adries.escudero@gmail.com

AGOSTO 2008.-

Este artículo tiene © del autor.

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