Portada del sitio > LITERATURA > Literatura Erótica > TRES DÍAS DE PERMISO
{id_article} Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

TRES DÍAS DE PERMISO

Antonio Nadal Pería

España



Fue abordado en el bar donde solía comer por un tipo de mal aspecto al que no veía desde hacía diez años, cuando lo encarcelaron por violación y asesinato de una adolescente. "¿Cómo es posible que te dejen libre tan pronto?", comentó. "Por buen comportamiento, estudios y trabajos", contestó con sorna. "¿Qué quieres, además de amargarme la comida?". "Sólo estoy libre por tres días, pero necesito urgentemente droga". "Me he retirado del negocio". "No me lo creo. Si no me proporcionas droga te rajaré". Siguió comiendo sin hacerle caso. El otro se sentó a su lado, sacó una navaja de un bolsillo del pantalón y presionó con la punta un costado del comensal. "Hay dos mujeres policías que venden droga de la que se requisa a gente conocida o recomendada. Son dos bolleras que viven juntas, pero no te fíes de eso. Si te huelen peligroso te meterán dos tiros en la cabeza, uno cada una de ellas". "Dáme la dirección y no te preocupes de más".
Una mujer policía, de unos treinta y cinco años, sube dos plantas de escaleras, abre con precacución una puerta y entra sigilosamente en la vivienda después de cerrar sin producir el mínimo sonido. Avanza por un largo pasillo hacia el fondo. Se ven las primeras luces del día a través de algunas ventanas. Entra en un dormitorio. Un bulto inmóvil sobre la cama. Se acerca más y se agacha, con las esposas preparadas. Inmoviliza las muñecas de la mujer que duerme boca abajo, que empieza a despertarse. Levanta la persiana y entra suficiente luz en el dormitorio para que las dos mujeres se reconozcan. La policía le da la vuelta al cuerpo y coloca a su compañera boca arriba. Saca su pistola de la funda y se la coloca junto al cuello. "No te esperaba tan pronto", dice la que estaba acostada. "Me confundes, zorra", le espeta la policía. Rebusca por los cajones del dormitorio y saca dos pañuelos. Uno se lo mete en la boca y con el otro la amordaza. Le levanta la camiseta, desnudadno su pecho, y le arranca de un tirón la braga. "Separa las piernas o te vuelo el cerebro", le dice apuntando el caño de la pistola a una sien. La mujer sorprendida en la cama obedece y la policía le introduce la pistola por la vagina y le da vueltas por dentro mientras le acaricia los pechos. Se nota que disfruta. Suena el timbre de la puerta. No se molesta en abrir, pero suena repetidamente, hasta que decide acudir a la puerta. Echa un vistazo por la mirilla y no le gusta el tipo que ve en el rellano de la escalera. "Vengo de parte del cagao, es urgente". Con ese calificativo se conoce en la policía a un individuo que es confidente y además a ellas les proporciona unos cuantos clientes. Introduce la pistola en la funda y abre la puerta. El tipo entra como un vendaval. "Tranquilo, muchacho. ¿De dónde has escapado?". "Estoy libre, pero necesito meterme algo". La policía le da la espalda para acudir al lugar donde guarda la mercancía y en ese momento el delincuente la agarra por el cuello y le introduce la navaja por la espalda. La mujer policía cae medio desvanecida, sangrando. Le araña el cuello con la navaja. "Dime dónde guardas la mercancía o te rajo", amenaza a la vez que le quita la pistola. Ella no tiene fuerzas para moverse. El delincuente le arranca con premura la ropa y la viola mientras le clava las navaja varias veces en el pecho.
La otra mujer policía que permanece en el dormitorio y es cucha todo se da una vuelta en la cama y cae al suelo de bruces. Intenta ponerse en pie para huir, a sabiendas de lo dificilísimo de la misión. El delincuente se ríe al contemplar sus vanos esfuerzos. "Tú me dirás dónde tenéis la mercancía". Registra unos cajones y encuentra un consolador. Le quita el pañuelo de la boca a la chica y le introduce la pistola en la vagina. "Dímelo o te vuelo todo por dentro. Ahora no jugamos". "En la primera habitación, en una maleta escondida en el zapatero", dice. Corre haciaallí y descubre que es mentira. Cuando regresa al dormitorio, la mujer policía se ha levantado y está a punto de apoderarse de su pistola colgada de una silla, aun con las manos esposadas detrás. La tumba de bruces en el suelo y tras unos puñetazos en la cabeza consigue que deje de defenderse. Entonces le introduce todo el consolador por el ano haciéndola gritar, y para que se calle le clava la navaja en el cuello. Se levanta pesadamente y se contempla en el espejo. lleva las ropas manchadas de sangre. Sólo le queda escapar de allí y en la premura no toma precauciones. Unos días después será detenido por la policía.

Este artículo tiene © del autor.

665

Comentar este artículo

   © 2003- 2018 Mundo Cultural Hispano

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visiteurs connectés : 7

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3815227 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 479 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0