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Digresiones y casualidades en el fin de ao

Carlos O. Antognazzi

Argentina



En agosto de 1983 yo tena 20 aos (cumplidos en mayo), y escrib un cuento, Vaticinio, que luego incluira en el libro Punto muerto (1987). En este cuento el protagonista (demasiado cercano en sus disquisiciones a las mas de esos veinte aos, con lo cual acepto que se lo tome como un lter ego) asiste a una feria. En ella, una adivina le vaticina su muerte para diciembre de 2010. El cuento termina con la desazn del protagonista y cierto espritu rebelde cuando afirma que para el 2011 tendra 48 aos.

En agosto de 1983 yo tena 20 aos (cumplidos en mayo), y escrib un cuento, Vaticinio, que luego incluira en el libro Punto muerto (1987). En este cuento el protagonista (demasiado cercano en sus disquisiciones a las mas de esos veinte aos, con lo cual acepto que se lo tome como un lter ego) asiste a una feria. En ella, una adivina le vaticina su muerte para diciembre de 2010. El cuento termina con la desazn del protagonista y cierto espritu rebelde cuando afirma que para el 2011 tendra 48 aos.

En 1983 el ao 2010 estaba lo suficientemente lejano como para ser slo una fecha en la bruma. Faltaban 27 aos para llegar a ese 2010, toda una vida atendiendo a que en ese momento yo haba vivido menos aos: slo veinte. La eleccin de la fecha me suena a puro azar. Nada en especial haba o vislumbraba yo en ese 2010 ignoto. Hasta donde recuerdo slo me movi el hecho de ubicar la muerte del protagonista en el otro siglo y nada ms. Una fecha lejana.

Pero el tiempo todo lo puede, y lo que en un momento es lejano de pronto no lo es tanto y si nos distraemos un poco ms, zs!, ya hemos llegado. Ahora que escribo estas lneas slo dos aos me separan de ese otrora brumoso 2010. Las cosas han cambiado. Ya no tengo 20 si no 45 aos, una esposa, dos hijas (una, la mayor, que no me habla; la otra que todava no habla), cierto pasar econmico nimbado de presiones y funestas posibilidades tambin econmicas, como le ocurre a todo ciudadano bien nacido en este Gran Pas del Sur del cono sur que no termina de despegar (ni de hundirse, la verdad). La sensacin de toda la vida por delante que anim en buena medida la escritura de aquellos cuentos de Punto muerto (por ms que haba mucha catarsis y angustia sin disimular en ellos) ha quedado atrs. Ahora la vida o fue vivida o se la est viviendo a como d lugar. No hay ningn “todo por delante”. Ahora ya no. Ahora ya hay algunas certezas, como cosas que ya nunca podr hacer (escalar el Aconcagua) o ser (ni bombero ni astronauta, por ejemplo).

En 1985, dos aos despus de la escritura de Vaticinio y dos aos antes de la publicacin de Punto muerto, en una mesa de saldos compr un libro de ttulo seductor y recnditas promesas, En el camino, de un autor para m desconocido: Jack Kerouac. La novela fue una revelacin de esas que sacuden y conmueven y hacen que uno se pregunte por qu escribe si ya est ese libro en el mundo o, mejor, porqu no se le ocurri a uno escribir ese libro, justamente, en lugar de las boberas que escriba con 22 aos (aunque me sirvieron, claro, y cmo). Pero el camino del arte suele ser escarpado e injusto. Por lo dems, a los 22 aos an tena mucha lectura que recorrer y muchas pginas que escribir para comenzar a hacer algo ms o menos como la gente (verbi gratia, los cuentos de Mare nostrum, escritos con mi primera computadora en 1991; pero entonces no faltaban muchos aos, la verdad). Kerouac comenzaba a escribir a los 22 aos, y a esa edad comenzaba a destruirse sistemticamente con alcohol, tabaco y drogas (por una sobredosis de Benzedrina baj 15 kilos en slo tres das). Nunca ms se recuperara de ese ao nefasto; de all en adelante su cuerpo ira acumulando dao tras dao hasta decir basta. Yo nunca prob droga alguna, ni a los 22 ni ahora. No creo que lo haga ya a esta altura. Hoy, en que la droga es de uso normal y que hasta est por ser reivindicada en Argentina despenalizando su consumo privado, la rebelda requiere otro tipo de actitudes. Hoy es subversivo criticar lo “polticamente correcto”, por ejemplo. Adems, as no se daan las neuronas, que son todas necesarias para poder criticar como corresponde y construir, si se puede, algo mejor.

Naturalmente, busqu ms libros de Kerouac. Y en julio de 1987, menos de un mes despus de haber publicado Punto muerto (su fecha de colofn es del 30/06/1987) escrib un artculo de acercamiento a la obra de Kerouac, El insoportable vrtigo de la libertad. El artculo apareci en primera pgina del suplemento cultural del diario “La Capital”, de Rosario, el 08/11/1987; fue el primero que me publicaron en ese suplemento (todo un logro para mis 24 aos, sin contactos ni “palancas”, y enviando las colaboraciones desde otra ciudad). Al ao siguiente, el 24/04/1988, se publica en el suplemento cultural del diario “La Voz del Interior”, de Crdoba (otro logro: recin al mes siguiente, en mayo, cumplira los 25 aos). Aos despus, en mayo de 1991, escrib un artculo sobre la novela Visiones de Cody, de Kerouac, que se public en la (desaparecida) revista “Entrevista” de Santa Fe, en junio de ese mismo ao. Ambos artculos estn incluidos en mi libro Apuntes de literatura (1995).

Keroauc tena todo lo que a un espritu sensible puede seducir: aventura, cierto exotismo, el sabor de la libertad siempre a flor de labios. Y una prosa vigorosa pero libre a la vez, deliciosamente llena de digresiones, abarcativa. De hecho la remed en algn cuento como La vuelta al mundo en bicicleta (que se incluye en el libro Mare nostrum) o Road movie (no casualmente el protagonista es el mismo de la bicicleta), que se incluye en el libro homnimo, de 1998.

Kerouac haba nacido en 1922, el mismo ao que mi padre. Pero mientras mi padre (que ley En el camino a instancias mas) vivi hasta 2003, cuando ya haba cumplido 81 aos, el patriarca de la generacin Beat muri en 1969, con el cuerpo destruido por las drogas, el tabaco y la cirrosis. Tena slo 47 aos, como escrib al final del artculo sobre su obra. En 2010 yo tambin tendr, como Kerouac en 1969, “slo” 47 aos.

Hoy ya he ledo todo lo que he podido de Paul Auster (lo bueno y lo no tanto, y especialmente La msica del azar, su mayor logro), y he escrito lo suficiente (acaba de editarse Triplex, mi libro nmero 18) como para saber y jugar con las casualidades y el annimo azar. Y la pregunta que me ronda desde hace unos das es, entonces, en esta poca del ao tan propicia a balances y cuestionamientos y blanqueos y proyectos, el de la casualidad de haber imaginado la muerte de mi alter ego para cuando cumpliera 47 aos, en el entonces lejano 2010, y que Kerouac, a quien entonces no haba ledo pero que me cautivara enormemente cuando lo leyese, haya muerto tambin con 47 aos.

Cuando Kerouac muri yo tena seis aos y ni soaba con ser escritor (en esa poca, si no recuerdo mal, quera ser bombero o astronauta). A esa edad ms o menos descubr, dolorosamente y de una vez y para siempre, que mi sombra no obedeca mis rdenes y haca siempre exactamente mis movimientos, independientemente de mis deseos. A esa edad el mundo era infinito, como las siestas calurosas en la vereda de casa bajo la mala sombra de los sauces que haba plantado mi padre, mientras observaba las espirales de polvo que levantaba la brisa en la calle Blas Parera, de Santa Fe, entonces de tierra (Blas Parera 3715 es la direccin exacta, a metros de las vas; qu curioso, an hoy recuerdo el nmero). A esa edad todo era posible, hasta lo imposible, y mis padres tenan las respuestas para todas las complicadas preguntas que yo les haca. A esa edad, ciertamente, tena toda la vida por delante.

Y hoy? Hoy no s. Espero, con sinceridad, que no me est llegando esa grotesca regresin que suelen padecer los varones a cierta edad. Por lo pronto estas notas son producto de haber recordado la sentencia de la adivina en mi cuento y a que nuevamente he ledo a Kerouac: La vanidad de los Duluoz, que compr hace unos pocos das, una “novela” eminentemente autobiogrfica que escribi en 1967, a los 45 aos, slo dos aos antes de su muerte, cuando ya era famoso. A los 45, como yo ahora, en diciembre de 2008. Qu casualidad, caramba. Qu casualidad.

Dice Kerouac al final de esa novela, con un tono agrisado y, quizs, premonitorio: escrib el libro, recorr las calles de la vida, de Manhattan, de Long Island, recorr 1183 pginas de mi primera novela, vend el libro, consegu un adelanto, lo celebr mucho, segu escribiendo, hice todo lo que supona que tena que hacer en la vida. Y, sin embargo, no pas nada. Ninguna “generacin” es “nueva”. No hay “nada nuevo bajo el sol”. “Todo es vanidad”.

Es as, ciertamente? A eso se reducir todo? Qu tristeza, entonces. Pero qu ms da, tambin. Qu otra cosa podemos hacer que escribirnos y vivir, en el orden que fuera. Y por otra parte y por si hace falta aclararlo, who wants to live forever?

Carlos O. Antognazzi

Santo Tom (Santa Fe, Argentina), diciembre de 2008

Este artculo tiene del autor.

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