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La Maga

Marie Rojas Tamayo

Cuba



LA MAGA
 
 
 El hombre fue a ver a la Maga.
 
- Has destruido mi vida, lo he perdido todo, no tengo casa, he tenido que entregar la mayor parte del dinero acumulado en tantos años de trabajo, si no fuera porque tengo conciencia te mataría ahora mismo, con mis propias manos… ¡Pensar que confié en ti!
 
 La Maga sonrió.
 
- ¡Quién los entiende! – dijo para sí – Vienen a buscar mi ayuda, les doy lo que desean y luego acuden llenos de ira, a querer arrebatarme hasta la vida.
 
 Señaló al hombre la puerta del cuarto contiguo.
 
- ¿Crees que eres el único, o el primero? Ten el valor de entrar en esa habitación y verás.
 
 El hombre entró y, con sorpresa, se encontró sentadas frente a frente a su ex esposa y a su amante. La Maga, que lo había seguido, habló de nuevo:
 
- Primero vino tu esposa, una perfecta desconocida, pidiéndome librarse de la carga de un matrimonio que la hacía infeliz, de dormir junto a un hombre cuya presencia rechazaba, de fingir alegría donde había solo rencores, todo por no perder las comodidades alcanzadas. Traía consigo una fotografía de aquel a quien se había unido en busca de algo que, obviamente, no era amor, le sugerí unos baños con flores durante una semana para que dejara fluir un poco el rencor. Un día después, viniste tú, quejándote de tu vida monótona, vacía, carente de toda sorpresa, emoción, caricia o alegría, pidiendo a gritos un cambio, “costara lo que costara”. Al momento reconocí en tu rostro al del esposo rechazado… el mundo es muy pequeño, pensé. Te mandé a tomar contacto con un árbol determinado, en un parque que suelo frecuentar, para que descargaras tus sentimientos negativos; mientras tanto, idearía alguna fórmula que complaciera a ambos…
 
 Ellos la escuchaban expectantes, sin atreverse a mirarse, la Maga continuó.
 
- Pero la vida tenía ideada una solución: esa misma tarde apareció esta muchacha, en la flor de su vida, romántica, llena de ilusiones, capaz de llenar las expectativas de cualquier hombre, diciéndome sin embargo que solo había encontrado desengaños, que le concediera un encuentro mágico que la llevara a conocer el verdadero amor, pues solo eso quería, no le importaba nada material, ni el pasado que se lleva a cuestas, solo “algo verdadero”. ¿Qué hubieran hecho en mi lugar sino admirar la sabiduría de los que dibujan nuestras vidas? Le di cita en el mismo árbol, a la misma hora, con el único compromiso de no hablar de su encuentro conmigo.
 
 El hombre y la muchacha se miraron, sonriendo tímidamente.
 
- El azar se encargó del resto. Pudo haber sucedido lo contrario, un desencuentro, pero estaba destinado a ocurrir lo que ocurrió. Cuando comprobé que eran felices, que juraban haber encontrado a su media naranja, llamé a la esposa resentida para decirle que hiciera seguir a su esposo, que él tenía una amante. Con ello tuvo las pruebas suficientes para obtener el divorcio ventajoso y la libertad a la que aspiraba. El amor, si es que una vez existió, hace tiempo había muerto.
 
 El hombre y su ex esposa cruzaron una rápida mirada y bajaron los ojos.
 
- Ahora ella tiene su dinero, su casa, su yate – miró al hombre -, tú tienes toda una vida por delante para amar a este ser maravilloso que la fortuna puso en tu camino, que no te quiere por ser lo que eras, sino por ser quien eres. Ella ha encontrado lo que buscaba, un amor que arriesgó todo por tenerla y que está dispuesto a recorrer el mundo descalzo para ir a su encuentro.
 
 El hombre y su amante se tomaron de las manos.
 
- He dado a cada uno lo que deseaba. Y hoy los he escuchado por turno venir a quejarse de sus pequeñas pérdidas o sus cargos de conciencia… ¿es que no saben que para ganar también hay que saber perder?
 
 La mujer recogió su cartera, poniéndose de pie. El hombre y la joven, sin dejar de mirarse a los ojos, también hicieron ademán de levantarse.
 
- Una sola cosa antes de que se marchen – dijo la Maga, sonriendo una vez más -… No tuve que inventar nada, todo estaba escrito, solo fui un mero instrumento en manos del destino.
 
 
 
Marié
 

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