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ESTELER

por Ray Respall Rojas

Ray Respall Rojas

CUBA



ESTELER

Existió un caprichoso rey llamado Reletek, el cual tenía un solo entretenimiento: coleccionar juguetes. Gastaba enormes fortunas en juguetes, que adquiría sin reparar en el precio. El país se arruinaba mientras el rey aumentaba su colección. Pero no coleccionaba juguetes comunes este rey, las piezas de su colección tenían que ser muy especiales, únicas en su clase.

Cierta noche soñó que sus juguetes cobraban vida, el sueño lo dejó tan impresionado que ya su colección se le antojó sin valor. A la mañana siguiente lanzó un bando ofreciendo una enorme suma de dinero a quien le trajese un juguete que pareciese vivo.

En los primeros días se presentaron muchos que disfrazaban a los hijos o esposas como muñecos. No faltaron los titiriteros que juraron que sus marionetas tenían vida mientras movían hábilmente los hilos que las sostenían, también hubo quien hizo alarde de ventriloquia para aparentar que su creación hablaba. Hastiado de ellos, el rey mandó a publicar un nuevo edicto donde decía que al próximo que tratara de engañarlo se le darían treinta azotes en las espaldas.

A la mañana siguiente llegó a su palacio un muchacho de unos dieciocho años, delgado, pero al parecer muy fuerte, pues portaba una gran caja. Coronaba su cabeza un sombrero de tres picos del cual colgaban cascabeles. Cuando estuvo frente al soberano le dijo:

- Su Majestad, me llamo Esteler II, he venido porque me gustaría...

- Sí, lo de todos... ¡al grano! Y te advierto que no me hagas perder mi valioso tiempo.

- Excelencia - le respondió con una inclinación que hizo sonar su curioso tocado -, si tan solo me dejase explicarle quién soy y qué hago aquí...

- ¡Cuidado, mocito! Te advierto que a los que no satisfacen mis deseos les toca recibir treinta azotes, y no haré una excepción contigo.

- Por favor, tenga un poco de paciencia - y abrió su caja, de la cual extrajo un muñeco del tamaño de un hombre, vestido a la usanza de la época.

- ¿Esto qué es, un maniquí? - preguntó Reletek.

En ese momento el muñeco comenzó a pestañear y a mover sus manos como si estuviera desperezándose.

- ¡Asombroso! ¡Increíble! - no se cansaba de exclamar el rey mientras el "maniquí" alisaba sus ropas - ¡Un juguete capaz de estirarse y bostezar como si tuviera vida! Pero dime, muchacho, ¿qué nombre le pusiste a tu creación?

- Me llamo Esteler - respondió el muñeco - y soy el verdadero fabricante de juguetes, este que usted recibió - señaló al joven del sombrero de picos - es solo una de mis creaciones.

Y diciendo esto accionó un interruptor oculto en Esteler II, que hizo una reverencia de despedida y entró en su caja.

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