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EL SECRETO DE IVONNE GIRALDO

Naudín Gracián Petro

Colombia



 
EL SECRETO DE IVONNE GIRALDO
Por Naudín Gracián
 
Ellas no condenan realmente ninguna debilidad,
sino que más bien procuran humillar
o desarmar nuestras fuerzas.
Por eso, la mujer es la recompensa,
no del guerrero, sino del criminal.
Generalmente se detiene a los criminales
en el lecho de alguna mujer.
Albert Camus - La caída
 
¿Existe una literatura puntualmente machista? ¿O sea que se haya escrito con el deliberado y premeditado propósito de demostrar que el hombre (macho, no ser humano) sí vale, o que vale más que la mujer? Parece que no, pero es debido a que el hombre-macho no ha tenido la necesidad histórico-social de defenderse (el ataque es una muy efectiva y recurrida forma de defensa), de mostrar su valía, como sí lo ha tenido que hacer la mujer.
 
Como todo el mundo sabe, el aporte de la mujer, no sólo socialmente (como formadora de los hijos u organizadora de la vida de los hombres, lo cual es más importante de lo que comúnmente se reconoce) sino en los campos que se han considerado eminentemente de los hombres como el guerrero, el científico, el deportivo, etc., ha sido crucial en el desarrollo de la historia, incluso en épocas en que se tiene la idea de que las mujeres no tocaban esos campos (recordamos a Juana de Arco, Flora Tristan, Marie Curie, Virginia Wolf, por nombrar algunas). Sin embargo, esos aportes de la mujer han sido en muchos casos minimizados y hasta olvidados, por lo cual ha existido la necesidad de que personas y movimientos se hayan dedicado deliberadamente a hacer que se reconozcan, cosa que no es necesaria para los aportes de los hombres como género. Existe incluso una teoría según la cual muchas de las obras intelectuales y guerreras que se conocen como realizadas por hombres en realidad fueron realizadas por mujeres disfrazadas (o que usaron pseudónimo) o fueron robadas a sus autoras originales para ser endilgadas a hombres debido a las condiciones sociales que no permitían que las mujeres descollaran en esos temas o campos. Aunque esas condiciones se han minimizado tanto que incluso pareciera que hoy no existieran, todavía la relevancia del aporte femenino al mundo actual tiende a ser considerado menor y tenido en menos aprecio a la hora de reconocer y resaltar la labor humana. Por eso no se deben dejar pasar por alto, ni considerar innecesarias las iniciativas para subrayar el papel femenino, sobre todo en el campo intelectual.
En ese orden de ideas, existe en Medellín una reciente iniciativa para mostrar la actual obra literaria femenina, que no sólo es creada por mujeres, sino en la que lo femenino, el punto de vista femenino, es lo fundamental. Se trata de la colección Madremonte, de la cual aquí le echaremos una mirada a la novela El cuarto secreto, de la escritora Claudia Ivonne Giraldo, obra ganadora de la Beca de creación en novela, Medellín 2007.
 
Dos novelas, una novela:
El recurso de contar historias paralelas no es nada nuevo. En algunos casos este recurso tiene gran éxito en el sentido de que aporta estéticamente a la obra, como en el caso de La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa, y en otros no se logra consolidar, malogra la obra en su totalidad porque las distintas historias no logran trenzarse bien, como en el caso de El cielo en la otra esquina, del mismo autor.
Primera novela: la historia de la mujer en el bosque: Esta historia recuerda a En las lindes del monte, de Mario Escobar (incluso contiene esa frase en alguna parte), por lo contemplativa de la selva, y a Alicia en el país de las maravillas, por la mirada maravillosa y maravillada ante la naturaleza. Es esta una novela totalmente irreal, y Consuelo Posada, quien presenta la obra, lo puntualiza cuando dice en la contraportada que “En un plano irreal, la mujer del bosque teje sueños…”. La autora es conciente de ello al presentarla como una invención, cuando dice que es un puntito azul en la página que “si se le acerca bien a los ojos, se verá que se trata de una mujer”; e incluso en otro episodio la califica de “extraña novela” que lee la protagonista de la otra novela, la real, la de Irene.
Esta novela del bosque, aunque no contiene elementos maravillosos, parece un cuento de hadas en el cual la naturaleza sólo es maravillosa, apacible, serena, reconfortante, propiciadora. Es la visión de una mujer citadina que ha idealizado el vivir en la selva y por lo tanto no aparecen en ella los zancudos y numerosos y muy molestos bichos que en la realidad torturan en el monte a las personas provenientes de la ciudad, ni las serpientes tan peligrosas y asustadoras en la realidad y en la psiquis de quien no está acostumbrado al monte; ni el barro, ni los caminos escabrosos e intransitables en épocas de lluvia (la casa del bosque es nueva pero no se describe el duro proceso de domeñar un camino); no hay fieras reales, ni sustos, ni el tremendo ruido de los animales y del silencio en los amaneceres, atardeceres y noches de la selva; no existe ni la más remota mención ni temor a grupos delincuenciales, un ingrediente obligatorio en la situación actual (y desde hace mucho tiempo) de nuestros campos; los campesinos son idílicos, trabajadores, colaboradores, sin afugias; no se pelean, no se emborrachan, no tienen vicios que los perturben; las mujeres caminan solas y sin lumbre en la apretada oscuridad de la noche selvática, sin el más mínimo temor a animales, hombres ni espinas; la protagonista recién instalada, sin un huerto que tendría que haber sido formado durante meses de dedicación, vive casi del aire, no tiene que trabajar para vivir, casi no tiene que ir a la ciudad en busca de víveres sin los cuales hoy los campesinos no viven. Incluso aparecen de la nada en la casa alejada de otras viviendas y en el medio del bosque, una gallina y un pavo real, como si fueran animales que brotan de nuestra naturaleza.
De todas maneras, si la aceptamos de entrada como una historia irreal, esta novela de la mujer en el bosque aporta frescura en el alma y nostalgia de la sencillez que hemos perdido por el fragor de las ciudades.
Segunda novela: Irene: Es la propia novela de la obra porque está anclada en la realidad, se nota que es el mundo que conoce perfectamente la autora, impone el ritmo, hace engarruñar el corazón, está escrita con alma, carne, huesos, pelos y pellejos. Se trata de una historia desgarradora, hasta cierto punto compasiva, combativa y denunciante de la situación de la mujer en la sociedad actual. Aborda los neurálgicos temas de las madres que deben descuidar a sus hijos por el trabajo, los hijos que se crían y malcrían casi solos, abandonados por sus padres trabajadores; las mujeres menospreciadas en su valía como trabajadoras por el macho-jefe; los hombres perdidos de su posible felicidad, víctimas de su condición de machos conquistadores; la infidelidad masculina y femenina que destruye los hogares; la anorexia tan propia de nuestra época; el maltrato intrafamiliar, el desarraigo, la falta de identificación y claridad con un objetivo de vida verdaderamente humano. Es esta una novela dura, escrita con pulso firme, con los sentidos atentos y un punto de vista muy femenino pero sin titubeos. Posiciona a la mujer como un ser que es más que su condición sexual, condicionada pero no mutilada debido a su sexualidad, sino digna de lograr su realización como ser humano. En ese sentido es más convincente que Retrato de una dama, de Henry James, pues mientras en la novela del inglés la mujer se realiza casi que exclusivamente a través del amor, de manera que va de un amante a otro y se considera realizada sólo cuando logra el amor verdadero que la rondó muchos años sin que ella lo notara aunque andaba buscándolo por todos lados (los deseos de esta mujer de conocer mundo, de emanciparse de su obligación social de atarse a un hombre, terminan siendo una especie de locura juvenil que luego no lucha por conseguir ni incide en su felicidad o infelicidad); en cambio en Irene la maternidad, el trabajo, el sexo, la intelectualidad, la familia, son todos ingredientes importantes, pero todos juntos, para la realización de la vida del ser mujer. En esta novela el amor (“no se puede vivir sin amar”, es una frase recurrente de la protagonista) encierra todo eso porque amar es amar la vida, tener el gusto por vivirla.
 
En el caso de esta obra, las dos historias no se entrecruzan ni son interdepedientes. Podríamos decir que la de la mujer en el bosque sobra ya que no logra redondez y la de Irene no necesita de ella para su unidad. Sin embargo, le aporta mucho ambiente, es fundamental en el ritmo y se constituye en la propuesta simbólica de la lucha que debe asumir la mujer (según parece decir la autora) por la independencia, por la construcción y defensa de su mundo femenino (natural), en medio del fragor caníbal de esta civilización machista (artificial). Sin embargo, debo decir que por momentos me da la impresión de que la historia del bosque se alarga demasiado, que es innecesariamente minuciosa y por ello en alguna página recordé una curiosa frase de Julio César Londoño, acérrimo defensor del cuento: “El novelista es un parlanchín que sigue hablando después de que el lector se ha ido”.
 
Los hombres:
En El cuarto secreto lo central y leiv motiv es el mundo femenino y, como tal, los hombres existen en esta novela pero como ingredientes que determinan asuntos, no como seres interesantes en sí mismos. El mundo femenino está tocado, a veces circundado e incluso atacado por los hombres, pero son casi sombras, viven en un mundo aparte, comunicado con el mundo femenino, pero independiente y no determinante en la novela. Es un mundo que casi no comprenden las protagonistas ni la narradora (no hablo de la autora), pero que tampoco tienen mucho interés en comprender más allá de lo que las afecta. Si bien en esta novela los hombres son presentados casi siempre como una fuerza negativa, también hay cierto dejo como de lástima hacia esos seres perdidos e inauténticos, inauténticos no porque sean seres humanos sino porque son hombres. Aunque en algún episodio la cópula con el macho tiene algo de mágico que contribuye a arreglar la situación familiar de la protagonista y su visión del mundo (no obstante se da en su infidelidad), luego no hay ningún dolor en la pérdida de esa posibilidad de cópula, como si se perdiera un juguete poco amado. En la historia de la mujer del bosque no hay ni siquiera la conciencia de que la cópula existe y en una ocasión en que parece darse, es psicológica, mágica, en la cual el hombre es un ser casi irreal, prescindible. Esto parece ser marcadamente femenino, pero producto de una feminidad algo castrada por la religión y la sociedad machista, la cual consideraba que la mujer debía asumir el placer sexual (o genital, según dicen ahora) como algo poco fundamental en su vida. Es como si se pretendiera decir: “Las mujeres somos tan valiosas que, contrario al hombre, podemos realizarnos plenamente sin sexo” (desnaturalizadas).
 
Entonces esta novela muy femenina no es feminista en el sentido de que no se sienta a dictar cátedra contra los hombres, sino que se dedica a escudriñar el universo femenino. Una mujer me había dicho: “Es una novela muy hermosa”. Y sí, creo que debería ser leída por muchas mujeres que se identificarán con su dolor, visión, ternura, esperanza y universo femenino. Y también por muchos hombres que valorarán su calidad literaria y la fuerza de su prosa. Y, por qué no, para que seamos más concientes de lo mucho que no comprendemos a las mujeres.
 
 
 
 
 
NAUDÍN GRACIÁN PETRO nació en Montelíbano, Córdoba, Colombia. Ha publicado 9 libros entre cuentos y novelas, ha ganado varios premios literarios y publica reseñas de libros en prensa y la web. E-mail: ngracian@gmail.com
 

Este artículo tiene © del autor.

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