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AMIGO DE LAS DOCE DE LA NOCHE

por Ray Respall

Ray Respall Rojas

CUBA




AMIGO DE LAS DOCE DE LA NOCHE

Hola, querido lector. ¿Alguna vez te has imaginado que un ser humano pueda tener como mejor amigo a un miembro del reino vegetal? Mi historia comienza cuando yo era un pequeño de seis años. El mundo me era entonces un poco aburrido, siempre la misma rutina: ir a la escuela todas las mañanas, jugar los mismos juegos por las tardes, irme a la cama a las ocho y treinta de la noche... Deseaba algo distinto, una aventura. Cada noche me quedaba despierto imaginándome cosas fantásticas.

Un día, exactamente cuando el reloj de la sala daba las doce de la noche, pensé: "Quisiera estar en un lugar distinto", y en un abrir y cerrar de ojos, estuve frente a un cartel que decía: "La Tierra de un solo habitante". Comprendí que había saltado a otro mundo. Miré a mi alrededor y no vi nada, ¿dónde estaría ese misterioso habitante? Grité: - ¿No hay nadie aquí?

Choqué con una pequeña planta y cuando la toqué me dijo:

- Hola! - y desprendió sus raíces del suelo como si fueran piecitos, usando las hojas como manitas.

Al ver esto sentí un poco de miedo y me quise ir, pero después de pensarlo me quedé, en fin de cuentas lo que yo estaba buscando era una aventura. Por otro lado, no sabía como saltar de nuevo a mi mundo y la planta parecía inofensiva, muy dispuesta a conversar.

Ella también se sentía sola, porque era el único habitante de su mundo. Me contó que los seres que había poblado su planeta no cuidaban de la naturaleza, así esta empezó a debilitarse. Fueron muriendo aves, peces, mariposas. Finalmente quedaron las plantas, pero como la atmósfera y el agua estaban muy contaminadas, estas también fueron desapareciendo hasta quedar solo ella, no sabía ni como.

Se había sentido muy triste y en su desesperación por buscar compañía, un día descubrió que podía zafar sus raíces del suelo y caminar. Luego aprendió a hablar y a escribir, pero no tenía amigos con quién conversar ni a quienes escribirles cartas. Entonces puso un letrero en su planeta llamándolo La Tierra de un solo habitante.

Conversamos sobre nuestras vidas y vimos que teníamos muchas cosas en común; nos hicimos amigos. Me dijo que no tenía nombre, porque nadie había tenido necesidad de llamarlo. Yo lo llamé Maxi, porque fue la máxima sorpresa que había tenido en mi vida.

Salimos a caminar para conocer su lugar de origen, todo era desolado y árido. De pronto, me empecé a hundir en un pantano. Mientras más trataba de salir, más me hundía en su lodo. Maxi se estiró hasta alcanzar mi brazo, me haló hacia arriba y me salvó.

En ese momento desperté. Yo estaba en casa. Había regresado, pero en el fondo estaba triste, porque pensaba en lo que me había contado la planta la destrucción de su planeta; además, había perdido a un amigo, dejándolo solo de nuevo en aquel lugar de pesadilla. Pero al mirar mi almohada vi una tarjeta que decía: "Ve al Patio".

Lleno de curiosidad fui corriendo al patio. Ya casi estaba amaneciendo; vi a Maxi esperándome, pero salió el primer rayo del sol y se transformó en una planta común, metida en una maceta. No entendía lo que estaba pasando, observé que al lado de la maceta había una carta que decía:

Amigo,

Llegaste un poco tarde, salté contigo porque estaba agarrado muy fuerte a tu mano, pero me alegro, porque así ni tú ni yo estaremos más solos. Aquí soy un poco diferente, por el día una planta corriente y a las doce de la noche el amigo que conociste.

Confío en que me cuidarás y que enseñarás a todos tus amigos a cuidar las plantas, los animales, el cielo, las aguas, para que este hermoso planeta donde vives no se vuelva un enorme desierto como el mío.

Tu amigo,

Maxi

Desde ese momento supe que seguiríamos siendo amigos para siempre... Han pasado cuatro años, pero he sido fiel a la promesa que le hice a Maxi, cuido de él con esmero y le hablo a todos de cuidar mucho la Naturaleza y en especial a los árboles, esos amigos silenciosos.

Maxi crece al mismo tiempo que yo. Dentro de poco lo plantaré en un cantero, para que se convierta en un joven árbol. Mi aventura en el planeta amarillo la cuento a todo el que quiera oírla, esperando que aprendan la lección, porque como dice mi amigo de las doce de la noche, la Tierra es demasiado hermosa para correr la misma suerte.

Este artículo tiene © del autor.

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