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EL ENCUENTRO

Adrián N. Escudero

Argentina



A la fatua y atrevida fragilidad de la ciencia humana...

En especial, para un nuevo amigo con quien compartir el Maná de la Palabra: el escritor Ing. Jorge Eduardo Furlani, con perpleja admiración…

Bitácora de Vuelo

Hubo tres eventos no contemplados al planificar el viaje: a) La Maquina debió haber quedado suspendida en vilo en el entretejido dimensional, sin materializarse plenamente en el pasado. Mirar el “ayer” como por el cristal de una ventana a la que el sol atraviesa sin romper. Porque la materialización colocaba de golpe, en aquella realidad transgredida, un objeto no generado en su momento por las leyes de la física ni del espacio-tiempo natural; b) El haber salido de la Máquina (lo cual impidió que estuviera completamente inmóvil frente a la realidad vulnerada); c) Por último, el movimiento racional y sensible de caminar y acercarse más al objetivo: eso dio lugar a la perfecta definición de una paradoja cósmica impulsando a la octava alternativa apocalíptica y a la figura del oculto Ángel exterminador descrito pero ignorado por el mundo cristiano en la Revelación de San Juan, por causas tan ajenas como los designios del “Único que Hace y Hace Ser” (1). Pero ni el Equipo, ni él tendrían ocasión de enterarse de esto, hasta no ser parte del todo en el Todo. Los estoy esperando… Por su parte, los siete Arcángeles restantes ya han ido completando oportunamente su trabajo. Fdo.: San Simón Pedro, Acta Nº 09 - Bitácora de Vuelo del Arca del Día del Juicio Final, en dirección hacia el Portal de la Ilustrísima Jerusalén Celeste. Lo no testado, vale. Conste.-

I

... Lo cierto es que, ahora, él estaba parado en aquella esquina enturbiada por un farol mortecino de barrio, que centelleaba serpientes ámbares y ocres, mirando de un lado a otro, fruncido el entrecejo, mordiendo los labios y tratando de adivinar los números y códigos del SG GT-S1100 que temblaba en sus manos recién estrenadas.

El SG GT-S1100 era un gastado celular –el que, sin embargo, estaba orgulloso de poseer por ser el primero de su clase- que había traído desde el 2020 hasta el espacio-tiempo de ella y sus vírgenes 20 años, tan bella como una Venus de Milo y con la que pensaba revivir esa inolvidable e intransferible sensación humana; aquel estremecimiento físico y metafísico que indica que uno se ha enamorado de otro, enamorado de verdad, con cosquillas en los tuétanos, explosiones y ardores en el corazón, pies montados sobre nubes de algodón y boca endulzada por cientos de besos cálidos y perfumados como un azahar de naranjo o copos de azúcar nieve vestidos de rosa o de azul, según fuera la tarde o la mañana del encuentro; del contacto siempre esperado en su noviazgo ideal...

Había utilizado para ello la Máquina Trasmutadota de Furlani (2), y el viejo pero actualizado celular le permitiría comentar a El Equipo los pormenores de su intento de conexión con Evamaría, en el justo momento en que la conociera, allá por 1972 cuando, en una reacción de autoexigencia, había decidido superar al profesor de las primeras clases de computación de datos en la Facultad de Ciencias Económicas donde cursaba estudios de Contador Público, haciendo un Curso Intensivo particular sobre la materia –y del que ella imprevistamente participara-, a fin de sorprender al docente con demostraciones prácticas del manejo de las primitivas tarjetas perforadas con el que comenzara a existir su nuevo mundo: informático, cibernético, telemétrico y tecnocrático...

Pero el nerviosismo que empezaba a agitarlo provenía de un suceso inesperado: la pantalla TFT (táctil anti-rayaduras de 1,76 pulgadas, Bluetooth 2.1 y 40 MB de memoria interna), estaba como electrizada. El celular (una especie de reloj-teléfono con funciones extras de sincronización por medio de Outlook y Google Wave -aprovechando así su interacción con Maps, y con Twitter, Facebook y Friendfeed en una sola ventana-, descontando la placentera alianza de reproducción con archivos MPn), estaba disfuncionando precisamente en el instante de su arribo al pasado y mostraba la información que recibía o intentaba emitir como las curvas de un sismógrafo...

Algo fallaba en la triangulación planeada por El Equipo entre el laboratorio y los enlaces con la Máquina Trasmutante y el GPS conectado al GT-S1100.

II

De hecho, mientras trataba de serenarse y adivinar las causas del inconveniente, pensaba que lo más difícil se había alcanzado, y que el Experimento Furlani había dado resultado: las tres fases se habían cumplido matemáticamente. Había podido desmaterializarse y trasladarse átomo por átomo en el tiempo, para recomponerse luego -como persona- a la perfección. O, al menos, eso creía. El Equipo había tomado todos los recaudos posibles como para que, el encuentro, sólo fuera medianamente lejano, pero conscientemente nítido: una extensión a tiro de piedra entre ambos protagonistas.

De hecho también, no podían modificarse eventos de ninguna clase, a riesgo de cambiar su propio futuro. Más, de haber podido, le hubiera dejado a la vista un mensaje enigmático junto a un regalo que sabría apreciar gustosa, pues le encantaba andar en bicicleta y hacerse dueña de parques y paseos pedaleando sueños... Y una bicicleta Rintendo, de diez mil dólares, equipada con Jet, es decir, con motor de avión y propulsión a chorro de 4.4 caballos de fuerza suficientes para alcanzar los 9 kilómetros de distancia con un litro de combustible JP-4, a 80 Km la hora, le hubiera resultado una sorpresa increíble... Y hubiera sido magnífico verle la carita de ángel enrojecida en tanto leía y releía la tarjeta de un ignoto y acaudalado admirador...

De hecho, tampoco su presencia podía ser la de un holograma. Él estaba ahí en carne y huesos, a pocos metros de la puerta de la casa donde ella vivía, casi en el cruce de las calles Amenábar y Avenida Freyre, merodeando los contornos del barrio sur; por lo que, los síntomas del escozor que repulgaba o erizaba a su piel como al de una gallina, ya no eran sólo los defectos detectados en su medio de comunicación interestelar, con los dedos estremecidos y el corazón paralizado por la perplejidad del inconveniente tecnológico advertido, sino por la posibilidad de verla, de pronto, aparecer y tentarse a...

III

Era una noche tórrida y húmeda del verano santafesino y, en cualquier momento, ella, con su piel de seda y su música de The Beatles y Rolling Stone, de Serrat y Spinetta, se mostraría envuelta en una larga –hasta su cintura de odalisca- oscura y brillante cabellera que cubriría pudorosamente a unos pequeños, redondos y robustos pechos de miel, mientras sus labios repetían al unísono aquellas canciones que, todavía, de donde provenía (aunque ella no estuviera ya), seguían y seguirían sonando de generación en generación...

Entonces sucedió. Finalmente ocurrió. Sí, se habían tomado todas las previsiones posibles. Aunque..., no todas. No todas. Cosas de humanos, al fin y al cabo. Sí, claro que se lo había preparado con intensidad desde el punto de vista psicológico para afrontar el encuentro –a distancia- con ella, y todas las pruebas realizadas -excepto en los primeros intentos- habían dado positivo. No cabían dudas tampoco acerca de la serena frialdad mental –aunque a nivel sentimental pudiera captar todos los increíbles efectos del contacto- con que Adánbar enfrentaría la situación, la grabaría y la traería de vuelta como testimonio de una experiencia única a nivel de transmutación con seres terrenos viajando por el tiempo y el espacio.

Sin embargo...

Lo cierto es que mientras estuvo inmóvil, reconociéndose a sí mismo, todo fue a la perfección. Excepto por aquellos raros signos eléctricos que le habían imposibilitado conectarse al Equipo e informarle que, su aparición en el pasado, había resultado un rotundo éxito. No obstante, ahí pareció estar, prima facie, el punto: el “punto de ruptura” en el espacio tiempo que, El Equipo, había intentado -en vano- no violar...

Porque, al principio, nadie de El Equipo se percató acerca de la mismísima presencia de aquella extraña Máquina zumbando sordamente en la quietud del otoño; tampoco que su viajero inesperado para el antaño ocre del ayer, al mover sus dedos intrigados en indagar el significado de la falla detectada en la pantalla de su transmisor GT-S1100 (aunque todavía sin mover un pie del sitio donde se había materializado su cuerpo), diera lugar a que un millón de invisibles ácaros se sacudiera junto al polvillo también invisible que rodeaba la micro atmósfera que lo contenía como persona ajena a ese lejano (cercano) mundo. Por eso, el problema no fue culpa de su agitado respirar: la escafandra mantenía intacto el flujo de oxígeno interior y exterior a ella… Pero sí en parte de sus manos y sus dedos moviéndose libre y tensamente, manipulando el aparato de comunicación; esos detalles parecían haber comenzado –entre otras razones desconocidas - un proceso irreversible de cambio interdimensional

Es que ese millón de ácaros y de polvo propio del aire exógeno había sido removido y seguía siéndolo cada vez que él intentaba pulsar una nueva tecla del celular para solucionar el fallo… Un fallo que, estaba seguro ahora, no hubiera existido de haber sido preservado, por él, todo movimiento dentro del traje que lo aislaba casi –casi- totalmente de la superficie del pasado bajo visita a campo...

Y, (otra vez) de hecho, la explosión aconteció poco después. Un evento posible –aunque no el más importante- omitido al parecer también por El Equipo que lo había trasladado durante la científica y romántica experiencia, colmó la ingeniería de las regularidades inmutables que sostenían en sincrónica y sinérgica danza cada cosa del Universo Material…

Exacto. Fue cuando un pie dio lugar a otro. Y un paso a otro, y ya no sólo otro millón de ácaros sino otros dos millones de motas de polvo se alzaron leves e ingenuas sobre la húmeda vereda -despegadas de las suelas de unos zapatos asépticamente preparados-, y cambiaron su postura, su posición, su exacto y preciso lugar…, es que todo se esfumó. Instantáneamente. Todo se difuminó sin dar lugar a reacción alguna. Y sólo su alma rumbo a lo desconocido pudo percatarse que el Universo entero -tal cual lo había conocido-, había desaparecido para siempre en un abrir y cerrar de ojos…

Epílogo

… Y mientras la estela de su esencia se proyectaba como un haz de luz en dirección al Único que Es y Hace Ser, la compleja estructura de racionalidad con que había sido revestido, avistó a lo lejos una suerte de planeta Tierra pero diferente al suyo; un planeta más bien desértico y lánguidamente recorrido -en la soledad de sus extensas y acrisoladas estepas, sin estribaciones montañosas a la vista-, por unas líneas de agua cuyo origen no podría develar jamás...

Así, un nuevo proyecto había comenzado y del cual no formaría parte. Ni siquiera subsistiría en el más mínimo recuerdo entre las razas de los hipotéticos habitantes (si los hubiera) de ese nuevo mundo en pleno génesis, perdido en la inmensidad de un oscuro océano gaseoso que se alejaba de su estela mental, borrosamente y hasta el infinito, atravesado por un incontable número de almas que, como la suya, fluían en una especie de Arca hacia el Origen, excitando al Cosmos cual alucinantes miríadas de estrellas fugaces...

(Y pensar que las palabras que hubiere deseado repetir en ocasión de su singular ‘aterrizaje’, no eran otras sino aquellas que, un 20 de julio de 1969 pronunciara el astronauta Neil Armstrong cuando, al posar un pie sobre la Luna, expresara solemne y magníficamente -¿para todos tiempos?-: “Thar´s one small step for a man, one giant leap for mankind” )(3).

O de la fatua y atrevida fragilidad de la ciencia humana…

ooOOoo

ADRIÁN N. ESCUDERO – Santa Fe (Argentina), 15/22-08-09 (Asunción y Coronación de María Santísima a los Cielos).-

Integra los libros “Apocalipsis Bang y Otras Historias” (2006/2009) – Colección de Relatos y Microrrelatos Extraordinarios; “Mundos Paralelos y Otros Cuentos” (2004/2009) – Colección de Realismo Mágico. Inéditos. La Botica del Autor (Santa Fe, Argentina); y “Los Espaciales y Otras Profecías” (2005/2009) – Colección de Ficción Conjetural y Metafísica. En desarrollo. La Botica del Autor (Santa Fe-Argentina).-

(1) - De esta forma se dirige a Dios el poeta místico, César I. Actis Brú (n.1942 – Tandil, Provincia de Buenos Aires y radicado en Santa Fe desde 1956), en su libro “Mystagogia Poética”, págs. 55/60 (Ediciones Universidad Católica de Santa Fe – Argentina), Julio 2008.-

(2) - Alude al tipo de máquina del tiempo o trasladador espacio-temporal cósmico descrito y denominado así por el escritor Ing. Jorge Eduardo Furlani (n. 1941 – Mendoza, Argentina – Blog: Los Cuentos del Viejo), en su relato “La Máquina transmutadora” (La Plata, Provincia de Buenos Aires-Argentina, 02-06-08). Publicado en Magazín virtual “La Página de los Cuentos (Tu comunidad de cuentos en Internet)” el 10-06-08.-

(3) - “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la Humanidad”.-

Este artículo tiene © del autor.

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