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Mapel Guyer  era un triste hombre solo,  que buscaba el amor en sus versos inspirados en Alejaím  Jasé,  una princesa que vivía en un hermoso castillo a lo alto de una montaña. Mapel era pescador, y todos los días caminaba alrededor de la montaña para llegar a la playa y salir en su lancha a las
afueras de la costa. Al terminar su jornada de pesca, regresaba a la playa en donde con una vara escribía en la arena versos que recitaban la hermosura de la princesa Jasé; luego regresaba caminando otra vez alrededor de la montaña.

Un día la princesa Jasé decidió bajar a ver la puesta de sol desde la orilla del mar. Sus lacayos insistían en acompañarla y la princesa enojada les dijo que quería ir sola. Al llegar a la playa se posó sobre una roca que sobresalía de la arena y comenzó a observar el bello ocaso  que se dibujaba en ese momento en el cielo; pensando  en sus riquezas y su corazón; llegó a la conclusión de que se sentía terriblemente sola a pesar de ser quien era, y se preguntaba en donde podría encontrar al hombre que le diera su amor para hacerla  feliz. Entonces comenzó a llorar y se paró de la roca y decidió caminar sobre la playa alrededor de la montaña. No dio muchos pasos cuando se encontró  unas letras casi incomprensibles sobre la arena que decían:

"De lo bello que baja del cielo,
y se mezcla con el azul del mar,
pienso a veces, y no lo creo,
que acaso usted me pueda amar.

Por que es infinito como el tiempo,
e incontable como los granos de arena,
es tan grande lo que siento,
por su mirada que es tan tierna.

Como una luz que sobresale en la mañana,
se cuela por el cielo,
a través de su ventana
el amor que yo le ofrezco".

Mas abajo un nombre ilegible que el viento había borrado; pero la princesa se dio cuenta de que cerca del escrito había unas huellas  y enseguida comenzó a seguirlas, pero no avanzó mucho cuando la luna salió y las olas del mar se llevaron el rastro de lo que Jasé sospechó, era el de un poeta igual de solitario que ella.

A partir de  ese día Jasé salía a ver la puesta  de sol buscando ansiosa los versos de aquel poeta llamado Mapel Guyer. Tiempo después, la princesa estaba perdidamente enamorada de aquel hombre sin rostro, mientras que Mapel cada día se cansaba mas de buscar el amor de su vida, y de pensar que la princesa era como una estrella, que solo se puede admirar sin llegar a tocarla.

Un día Mapel salió a pescar como siempre,  a su regreso escribió un verso como ya  le era rutina y se fue a casa caminando por donde siempre, sin imaginar que hacía tiempo que la princesa lo buscaba, y que ese día fue antes del atardecer a escribir sobre la arena una pregunta que decía: "Si tu supieras que te busco para amarte tal y cual tu me amas, tal vez no harían falta las palabras para decir mas que lo que es...¿Quién eres poeta del cielo?..."


Mapel  comenzó a correr sobre la playa gritando y saltando de gozo,  cuando de repente se detuvo y se dijo a si mismo: ---Y pensar que esta misma mañana deseaba morir, que conquistar a aquel lucero celeste que reina en el mar, era tan absurdo como querer guardar la luz del sol en un frasco. Enseguida
corrió hacia el escrito y contesto:

"Tan solo soy un poeta enamorado princesa del mar".

Luego muy feliz se fue a su casa.
La tarde de ese día se escurrió  como el agua del rió y con ella nació la noche. Una luna llena y un precioso cielo estrellado iluminaron la playa.
Llego la media noche, y ni la princesa en su castillo ni Mapel en su palapa podían dormir. Mapel se mecía con impulso en su hamaca tratando de conciliar el sueño; mientras que la princesa estaba sentada en bata en la barandela de su balcón.
---Luna de plata que iluminas la noche con el reflejo del mar --- decía inspirada--- ¿Por qué es el destino tan cruel?, ¿Por qué no he podido conocer el amor?. Jasé cerró sus ojos mientras una lagrima se escurrió en su mejilla.
--- No llores --- le consoló la luna --- el destino es dueño del presente de todo y autor de tu vida cada mañana al despertar. Lo único que es tuyo es el recuerdo de lo bueno que puedas conservar en tu corazón al paso de lo que el tiempo ha arrastrado dejando olvidado en el pasado.
--- ¿Crees que mi destino sea no conocer nunca el amor? --- interrogó triste la princesa.
--- Nadie conoce su destino ---  le contestaba la luna.
--- Daría lo que fuera por conocerlo aunque sea por un momento. ---pues si es lo que mas deseas es lo que tendrás.

Luego un destello fugas emergió de aquel astro y pinto el cielo de mil colores que se adornaban con la brillantes de las estrellas de aquella hermosa noche. Alejaím Jasé se puso una sobre bata y decidió bajar a  admirar el cielo desde la playa. Mapel Guyer estaba sudando, definitivamente, no podía dormir, así que se levantó de su hamaca, se puso una playera y decidió salir a fuera de la palapa a fumar un cigarrillo. Se dirigió a una mesita, encendió su cigarrillo y salió a fuera, tomo una
bocanada de humo y llenó sus pulmones, luego lo soltó en dirección a la montaña y observó que detrás de ella en el cielo algo raro pasaba. Asustado tiró el cigarrillo y corrió alrededor de la montaña para llegar a la playa.
Al llegar se quedó maravillado ante la hermosura del cielo, miraba boquiabierto que el cielo y el mar parecían uno. Como tocando hojas de cristal, Mapel imaginaba que el viento entonaba una mágica melodía que susurraba en un suspiro, un momento de inspiración.

Alejaím caminaba sin dejar de admirar el cielo, mientras Mapel hacia lo mismo.  Una luz fugaz que asemejaba una gigantesca ave, volaba  sobre aquel hermoso escenario, dejando a su paso un arcó iris que dibujaba emociones;  las nubes  formaban niños bailando y corriendo en el cielo, se arrojaban
estrellas y se escondían detrás de  la luna. No cabía duda, parecía como si dios mismo hubiese coloreado aquel paraíso celestial,  era bello sin dejar de ser de noche.  De pronto Mapel y la princesa se toparon y luego se  miraron durante un  rato sin cruzar palabras.  A Mapel le pareció creer que
los ojos de la princesa eran aun mas bellos que el cielo, y en su mente, dibujaba versos que no se atrevían a salir. Se tomaron de las manos. La princesa olvidó que era princesa,  y Mapel sintió que era un  rey.  La mágica y hermosa música que antes imaginaba Mapel ahora era posible de escuchar , el viento acariciaba el pelo de la princesa y el resplandor del cielo la hacia mas bella, mientras que la música recordaba a la princesa los versos dibujados en la arena. La música subió de volumen; el cielo cambio de colores; los niños del cielo miraban atentos; el corazón de la princesa latía mas rápido; y el estomago de Mapel daba vueltas; de pronto todo culminó en un beso que llenó el espacio vacío del mar; las estrellas tintineaban y los niños cantaban.

Aquella fue la noche mas especial de la vida  de ambos. Luego ninguno quería irse pero tuvieron que despedirse. Ninguno de los dos pudo dormir aquella noche. Al día siguiente Mapel se fue mas temprano que de costumbre a pescar, planeando regresar antes para ver junto a la princesa el atardecer.

Caminó a la playa alrededor de la montaña,  mientras ensayaba los versos que le recitaría a la  princesa  en su segundo encuentro.  Al llegar a la playa se dio cuenta que hacia mas viento que de costumbre, pero  a pesar de eso Mapel partió hacia mar abierto. Mientras la princesa en su castillo se asomó por la ventana y tubo un extraño presentimiento.

Mapel estuvo en medio del océano pescando como lo hacia siempre, pero al regresar observó que el cielo se comenzó a nublar y que el viento arrecio la corriente de las olas, mientras que gotas muy gruesas de lluvia comenzaron a caer del cielo, el cual comenzó a tronar y se pintó de negro, como si
después de estar muy tranquilo se hubiera enfurecido. Rayos, lluvia y viento azotaban al mar quien le respondía lanzando olas tan altas que casi arañaban las obscuras nubes del cielo. Y en medio de esta batalla, Mapel.

Una ola gigantesca volteó su lancha, ahora si estaba en peligro. El mar furioso parecía gritarle al cielo  quien le respondía grotesco con estruendosos azotes de lluvia y viento. La princesa estaba en un mar de llanto, pues sabia que dentro del océano estaba aquel poeta que tanto amaba.
Así que decidió ir acompañada de sus lacayos quienes le impidieron  entrar al mar. En cinco botes intentaron salir al rescate, pero apenas tocaron mar  abierto, y las olas furiosas los revolcaron hasta la costa impidiéndoles hacer algo.

Pasó un rato y la  tormenta cesó; el cielo se despejó; el sol despedía sus últimos destellos; las olas se mostraban agitadas pero ya no furiosas. La princesa tenia un nudo en la garganta, cuando de pronto vio algo a lo lejos y saltó nadando al mar para ver que era. No nado mucho, pues la olas acercaban el objeto a la playa. Sus lacayos fueron tras de ella y la sacaron. La princesa empezó a llorar como nunca antes en su vida.  Era la lancha despedazada de Mapel.
--- ¡¿Dónde estas?!, ¡Regresa!, ¡Te amo! --- gritaba  la princesa llorando envuelta en agonía.

Los lacayos obligaron a la princesa regresara a su castillo. Muy temprano al día siguiente salieron en busca de Mapel con la esperanza de que hubiese naufragado en alguna isla cercana; pero no encontraron nada. Al día siguiente hicieron lo mismo, y así cinco días hasta completar una semana.

Todos eso días la princesa muy triste y callada se posaba en la roca de la playa para ver el atardecer. Pero el  séptimo día de búsqueda, uno de los lacayos llegó hasta ella y le pregunto:
--- ¿Lo amaba?--- la princesa lo miró y le dijo que si.
--- ¿Cuánto? --- insistía el lacayo.
--- Demasiado--- le respondió la princesa con otra mirada diferente a la de aquella noche mágica. Otros lacayos se acercaron a ella y tristes agachaban la cabeza. El primer lacayo tragó saliva y le dijo: lo buscamos siete días, no hay rastros de el.  Se lo trago el mar.

La princesa  Alejaím  Jasé cerró fuerte los ojos y dejó escapar un par de lagrimas que dibujaban  en su rostro una tristeza que pinto el cielo de gris.  El  lacayo se hincó a sus pies buscando su rostro y le pregunto:
--- ¿Cómo fue? --- y la princesa reteniendo el llanto y suspirando dijo: "Sin palabras"

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