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Beauvoir-Fallaci: miradas divergentes de la maternidad

Diana Gioia

ESPAÑA







Beauvoir-Fallaci. Miradas divergentes de la maternidad


(2009) Miradas cruzadas: estudios franco-italianos. C.Calvo et al. (eds.). Universitat de València. Departament de Filologia Francesa i Italiana. pp.575-589. ISBN: 978-84-370-7364-4

 

 

A.Emma Sopeña Balordi

 

Universitat de València

 

 

A David

(mirada convergente)

 

 

Y ocurrió que la mujer quiso desembarazarse de la fatalidad y de la coacción de un destino biológico al que la maternidad la tenía sometida para hacer de la gestación una decisión voluntaria y libre.

 

 

 

 

1. El feminismo: el modelo francés

 

 

 

 

En 1967, tras apasionados debates, el congreso de diputados francés (Assemblée Nationale) votó el proyecto de ley llamado Neuwirth

[1], derogando la ley del 31 de julio de 1920 que prohibía los métodos anticonceptivos. Dicha ley autorizó la píldora pero no así la prestación farmacéutica por la Seguridad Social, que empezará a ser una realidad sólo en 1974. Las menores y las mujeres no aseguradas podían procurársela anónima y gratuitamente en los centros de planificación (ley del 4/10/1974).

"Un enfant quand je veux si je veux" fue el eslogan del feminismo en 1970. Sin embargo, hubo que esperar hasta 1975 para conseguir la despenalización del aborto (IVG, Interruption Volontaire de Grossesse) con la ley Weil por un periodo de prueba de cinco años. En 1979, una nueva ley sobre la interrupción del embarazo hizo definitivas las disposiciones de la ley Weil de 1975 que empezará a ser una prestación de la Seguridad Social en 1982 (ley del 31/12/1982). Ocho años más tarde, la píldora RU-486 [2] es autorizada gracias al decreto del Consejo de Estado del 21 de diciembre, y al año siguiente, la ley de 18 de enero autorizará la publicidad de preservativos, y la de 27 de enero de 1993 despenalizará el aborto autoprovocado y, debido a los ataques a los centros de interrupción voluntaria del embarazo, creará el delito de obstaculización de la IVG. Estos datos, decisivos y fundamentales, suponen una auténtica ruptura con las condiciones anteriores de la procreación, de modo que, por primera vez, las mujeres tienen el derecho de procrear si así lo deciden y cuando ellas lo deciden.

Por otra parte, muchas mujeres que desean la maternidad sin conseguirlo verán cumplidas sus expectativas gracias a la AMP (Assistance Médicale à la Procréation). Más de una década separa estos dos movimientos reivindicativos.

La progresión del movimiento feminista se organiza en 4 etapas [3]:

1- Etapa de las sufragistas, en la cual las militantes reclaman los derechos civiles y políticos; lejos de poner en tela de juicio la maternidad, la valorizan presentándola como un servicio social digno de protección.

2- Etapa del baby-boom, considerada como una regresión: la natalidad aumenta y las mujeres no se manifiestan por sus derechos; a pesar de las leyes represivas vigentes, se empieza a hablar de métodos anticonceptivos "naturales, y, a pesar del aumento de la natalidad, el aborto clandestino está en auge.

3- Movimiento de Liberación de la Mujer (MLF), que pretende desacralizar la maternidad y recluta nombres como los de S.de Beauvoir que en su obra Le Deuxième Sexe, publicada en 1949, pone de manifiesto que la maternidad no tiene nada de trascendente ya que ha sido impuesta a las mujeres para asegurar la descendencia y las sumerge en la alineación de la vida doméstica; según la escritora, el deseo maternal no es innato sino inculcado socialmente, por lo cual la libertad y la dignidad de la mujer exigen la posibilidad de dominar y planificar su fecundidad. El MLF (Mouvement de Libération des Femmes, 1970) y el MLAC (Mouvement de Libération de l’Avortement et de la Contraception, 1973) se tornan agresivos, y tienen la valentía de decir lo que (casi) nadie quiere oír, que un hijo/a puede no ser deseado/a. Consecuencia: la tasa de natalidad desciende vertiginosamente a partir de 1975. Lo que es digno de ser tenido en cuenta es que el movimiento no elogia el aborto sino que denuncia el sufrimiento, tanto físico como moral, de la mujer con un embarazo no deseado. La Ley Weil (1975) producirá una escisión entre las feministas universalistas, que minimizan la diferencia entre los sexos, aunque convienen en que la maternidad puede producir una expansión del yo femenino, y las diferencialistas, que valorizan lo femenino en su especificidad: ser mujer es visto como un privilegio que permite la experiencia única de la gestación.

4- Etapa de la procreación asistida: hacia 1980 que tal vez se asienta en el miedo a la esterilidad tras periodos de medicación anticonceptiva, y que también supuso críticas de los movimientos feministas por la ocultación de los efectos nocivos de los tratamientos de fertilización.

Si los métodos anticonceptivos consiguen separar sexualidad y procreación por medio de una artificial esterilidad temporal, la ayuda médica para la procreación fuerza, de igual manera, dicha separación para conseguir, esta vez, la procreación. Es interesante observar cómo la AMP saca a la luz, a su modo, un cuestionamiento sobre la sexualidad y la procreación y, sobre todo, la maternidad deseada.

El MLF puso en evidencia que, puesto que la función biológica de la reproducción es el fruto de una decisión, no resulta lógico dejar que nazca alguien no deseado que podría no ser amado como merece. El deseo de maternidad de la madre pasa a convertirse en el criterio por excelencia, el único legítimo.

Sin embargo el criterio feminista frente a la maternidad no es rectilíneo; se pueden considerar varias etapas sucesivas.

1- La primera de ellas nace en 1970-71, la de la maternidad voluntaria, que lucha por la liberalización del aborto. En esta línea se sitúa Beauvoir:

Enfants délaissés, enfants martyrs, enfants abandonnés à l’Assistance Publique : la plupart des délinquants, beaucoup de criminels ont pris la vie par ce triste départ ; ce sont ces déshérités qui se pendent dans nos prisons ; souvent ils finissent leur vie dans des hôpitaux psychiatriques. (Beauvoir, 1973:11)

Lo esencial de la argumentación de Beauvoir se sitúa en la lucha contra las desigualdades sociales entre las mujeres: las clases acomodadas iban a abortar a Inglaterra o a los Países Bajos.

Sin embargo, en esta etapa, la reflexión sobre la voluntariedad de la maternidad no es frecuente y, de hecho, desaparece de la propaganda a partir de 1972.

2- La segunda etapa se sitúa entre 1970-75 en la que se considera la maternidad como una forma de opresión, de esclavitud, y denuncia la situación que lleva a que la maternidad sea un sacrificio para las siguientes generaciones. Al considerar la maternidad como amenazante para la mujer, se pretende disociar lo femenino y lo maternal, sobre todo reivindicar para las mujeres un estatus social legítimo, independiente de la maternidad. Beauvoir, en sus escritos, pretende la disociación mujer-madre que permitiría la afirmación de la mujer como ser autónomo. Una mujer no será de este modo madre por naturaleza sino por elección.

3- La tercera etapa (1976-1980) significa el elogio de la mujer y la revisión de la idea de la maternidad-esclavitud. Ya no se habla de función social de la maternidad sino de experiencia humana. La década de los 80 ve el auge de la procreación asistida contra la esterilidad.

Sin embargo, tras varias décadas de feminismo, hay que rendirse a la evidencia de que la procreación es uno de los factores decisivos de la desigualdad entre los sexos. Tras el retorno de la baja maternal, que con tanto esfuerzo se consiguió, la mujer-madre se encuentra con las dificultades de compaginación entre el trabajo y la crianza y posterior educación de los hijos, y descubre la asimetría entre maternidad y paternidad. Las mujeres que optaron por la maternidad entran en un mundo de dificultades hasta ese momento desconocidas para ellas.

En 1975, tras el eslogan comentado ("Un enfant quand je veux si je veux"), se hallaba la idea de que la maternidad no podía colmar las expectativas de la mujer, que debía buscar su realización personal en su inserción en la vida social. Hoy se pone en evidencia una "moda maternal" que algunas feministas denuncian como una regresión respecto a las victorias conseguidas con tanto esfuerzo. ¿Ese deseo actual de maternidad se opone al de independencia que estalló en la década de los 70? Es evidente que las mujeres ansiosas de maternidad no tienen que luchar hoy, por lo menos con la misma intensidad, por las reivindicaciones que tan duramente se consiguieron. Pero se plantean serias dudas sobre la reivindicación de la actitud maternal: "Glorifier la maternité, serait-ce un comportement de réparation du sentiment d’abandon qu’elles disent avoir éprouvé étant enfants?" (Frydman&Flis-Trèves, 2005: 13)

Y acaso, "Cette maternité-attitude actuellement revendiquée et survalorisée ne serait-elle pas à considérer comme une revanche, un règlement de comptes, une réparation ou une leçon à donner à leurs mères? " (Frydman&Flis-Trèves, 2005: 15)

 

 

2. La mirada de Beauvoir

 

 

 

 

Le Deuxième Sexe sigue siendo una obra polémica. Su influencia marcó los movimientos feministas de todo el mundo, y actualmente el texto mantiene su actualidad puesto que puede considerarse una obra enciclopédica en la cual la autora revisa todo el saber de la época: la historia, la antropología, la psicología, etc. Las situaciones opresivas y alienantes, descritas y denunciadas por Beauvoir, perduran en sociedades no muy alejadas de las nuestras. Como ponen en evidencia ciertos sectores feministas, el feminismo se estanca e incluso retrocede en países que intentan hermanarse con los occidentales. Para Armengaud, decir que "El Segundo Sexo es obsoleto, viejo o pasado de moda, es decir que el feminismo ha sido rebasado y que no tiene razón de ser, (y esto es) hacer creer a las jóvenes que no se puede tener todo y que exigir otros derechos que no tienen sería pedir demasiado".

[4]

Respecto a la maternidad, lo que pretendía Beauvoir era denunciarla y criticarla como existía en 1949, en un país donde no se tenía el derecho a la contracepción ni al aborto. Lo que ella criticaba no era la maternidad como tal, sino la "obligación" de la maternidad, el callejón sin salida, que las mujeres no tuvieran elección y que la maternidad fuera la única salida posible. Para ella, que siguió los postulados de la filosofía existencialista, la opresión de la mujer nace de la radical alteridad de ésta respecto al hombre, hecho biológico sometido a las contingencias históricas.

Beauvoir se basa en su experiencia, más que una activista era una filósofa, una intelectual y Le Deuxième Sexe es más un ensayo filosófico que feminista que abrió el campo del pensamiento filosófico feminista. Como activista, Simone de Beauvoir puso su nombre y prestigio para la firma, en 1971, del "Manifiesto de las 343", en el que intelectuales y artistas francesas reivindicaban su derecho al aborto. Fue en casa de Simone de Beauvoir donde, años más tarde, nacería el Mouvement de Libération des Femmes.

 

 

3. La mirada de Fallaci

 

 

 

 

La posición de Fallaci frente a la maternidad se halla en las antípodas de Beauvoir.

La Oriana polémica, controvertida, audaz y aguerrida escritora comprometida nunca dejará de lamentarse por no haber tenido acceso a la procreación.

Me pesa, sí, me pesa no dejar al menos un hijo cuando me muera. Por eso, cuando hablo de mis libros, siempre me refiero a ellos con la palabra hijos. Mi hijo, mis hijos. Pero mis hijos son hijos de papel. No de mi sangre. Y los hijos de papel no paren otros hijos de papel. No son más que una pobre ilusión de la maternidad.[5]

A pesar de la elegancia innata de su persona, Fallaci no cifraba la belleza femenina en un cuerpo cuidadosamente sujeto a los cánones al uso sino en la mujer gestante:

En lugar de pasión hoy tenemos hedonismo. (...) Si me preguntáis cuál es para mí el símbolo de la belleza femenina, no pienso en la Venus de Milo ni en Sofia Loren. Pienso en una hermosa mujer preñada. Una mujer que lleva dentro otra vida tiene algo poderoso, triunfal, de una belleza incomparable. Una mujer deformada por un barrigón que contiene a otro ser humano. Una de las estatuas que más me conmueven es una prehistórica de una mujer preñada.[6]

Imagen que envidiaba por ser inaccesible para ella: "Yo sólo envidio a las mujeres que tienen hijos. Nunca he podido tenerlos; se morían antes de nacer.[7]"

Lettera a un bambino mai nato, escrito en 1975, es un libro controvertido: el mismo título, que adelanta el dramático epílogo, puede conducir a error ya que el lector puede esperar una decisión tomada por la protagonista al hilo de las continuas indecisiones de una mujer libre, con un futuro profesional por delante, que se encuentra con un embarazo no esperado y fisiológicamente delicado.

A tre settimane sei quasi invisibile (...) Il tuo cuore è già fatto, (...) Pompa sangue e batte regularmente dal diciottesimo giorno: potrei buttarti via? Che m’importa se sei incominciato per caso o per sbaglio, anche il mondo in cui ci troviamo non incominciò per caso e forse per sbaglio? (Fallaci, 1979:9)

La Lettera es, en efecto, un diario intimista de una mujer que reconstruye reflexivamente su vida con los miedos, las alegrías, las incertidumbres ... una mujer que busca respuestas en un "monológico-diálogo" con el hijo que nunca nacerá. La entidad dramática de los personajes de su "carta" está en relación con el acontecimiento de su embarazo. Su excompañero y padre de su futuro hijo, la amiga, el jefe, los médicos ... cada uno de ellos intentando influir en su vida: su antiguo compañero, que no desea complicaciones, su amiga feminista, que considera que el aborto sería una decisión más apropiada que llevar adelante su embarazo, el médico hostil y la médica comprensiva y acogedora, el egoísmo del jefe ... todos ellos conforman un microcosmos de opiniones encontradas que en nada favorecen la difícil situación en la que se encuentra la protagonista. Una mujer asustada por el enorme y vital compromiso en el que se halla: "(...) chiusa a chiave dentro una paura che mi bagna il volto, i capelli, i pensieri. (...) È paura di te (...) e se nascere non ti piacesse? E se un giorno tu me lo rimproverassi (....)." (Fallaci, 1997:7)

¿Cuál es el verdadero sentido de la "carta" de Fallaci? Desde nuestro punto de vista no es solamente el poner de manifiesto la compleja situación de una mujer que se enfrenta a una maternidad tan inesperada como difícil, sino el entramado reflexivo que evidencia: ¿qué sentido tiene nacer?, ¿cómo afrontar la decisión de dar la vida o quitarla?, "(...) ho deciso per te: nascerai. L’ho deciso dopo averti visto in fotografia". (Fallaci, 1979:9)

¿Por qué el derecho a la existencia de un ser humano lo tiene ella en sus manos? "(...) nascere è meglio di non nascere. Tuttavia è lecito imporre tale ragionamento anche a te?" (Fallaci, 1979:9)

¿Cuándo empieza la existencia? Fallaci duda: "Forse non è nemmeno vita ma possibilità di vita." (Fallaci, 1979:8) Y al contemplar su situación personal comprometida por la aparición de ese ser inesperado, se rebela:

Perchè dovrei sopportare una tale agonia? In nome di chè cosa? Di un reato commesso abbracciando un uomo? Di una cellula scissa in due cellule e poi in quattro e poi in otto, all’infinito, senza che oi lo volessi, senza che io lo ordenassi? Oppure in nome della vita? (...) Ma cos’è questa vita per cui tu, che esisti non ancora fatto, conti più di me che esisto già fatta? (...) Cos’è questo tuo diritto ad esistere che non tiene conto del mio diritto ad esistere? Non c’è umanità in te ... Umanità! Ma sei un essere umano, tu? Bastano davvero una bollicina d’uovo e uno spermio di cinque micron a fare un essere umano? Essere umano son io che penso e parlo e rido e piango e agisco in un mondo che agisce per costruire cose ed idee. Tu non sei che un bambolottino di carne che non pensa, non parla, non ride, non piange, e agisce soltanto per costruire se stesso. (Fallaci, 1979 : 61)

Incluso reconoce que el discurso entablado no es dialógico sino monológico, y con ello deshace la supuesta alteridad del ser no nacido:

Ciò che vedo in te non sei te: sono io! Ti ho attribuito una coscienza, ho dialgato con te, ma la tua coscienza era la mia coscienza e il nostro dialogo era un monologo: il mio! Basta con questa commedia, con questo delirio. Non si è umani per diritto naturale, prima di nascere. Umani lo si diventa dopo, quando si è nati. (Fallaci, 1979 : 61)

Obligada a abandonar sus responsabilidades profesionales por un embarazo delicado, Fallaci no duda en poner en boca de la protagonista palabras como "tiranía", "calvario", para referirse al proceso de la gestación; un calvario por el que ella misma apostó desconociendo su magnitud:

Ti insinuasti in me come un ladro, e mi rapinasti il ventre, il sangue, il respiro. Ora vorresti rapinarmi l’esistenza intera. Non te lo permetterò. E giacché sono arrivata a dirti queste verità sacrosante, sai che cosa concludo? Non vedo perchè dovrei avere un bambino. (...) Io ho altri doveri verso la vita. Ho un lavoro che mi piace e intendo farlo. Ho un futuro che mi aspetta e non intendo abbandonarlo. Chi assolve una dona povera che non vuole quel figlio, deve assolvere anche me. Essere povere, essere violentate, non costituisce la sola giustificazione. Lascio questo ospedale e parto per il mio viaggio. Poi sarà quel che sarà. Se riuscirai a nascere, nascerai. Se non ci riuscirai, morirai. Io non ti ammazzo, sia chiaro: semplicemente, mi rifiuto di aiutarti ad esercitar fino in fondo la tua tirannia. (Fallaci, 1979: 62)

E per amore di un pesciolino mi inventai un calvario in seguito al quale rischio di finire anch’io. È inaccettabile. Ma perché non ti ho fatto togliere prima? Perché ho perso tanto tempo prezioso lasciando che tu mi avvelenassi? (Fallaci, 1979: 98)

Pero dura poco su rebeldía; ante la posibilidad de eliminar la existencia que ya siente viva se horroriza:

Chi ha detto che sei materia inerte, quasi un vegetale estirpabile con un cucchiaio? Se voglio liberarmi di te, sostengono, è questo il momento. Anzi il momento incomincia ora. In altre parole, avrei dovuto aspettare che tu diventassi un essere umano con gli occhi e le dita e la bocca per ammazarti. Prima no. Prima eri troppo piccilo per essere individuato e strappato. Sono pazzi.

(...) La sola idea di ucciderti, oggi, mi uccide (Fallaci, 1979: 24-25)

¿Cómo, cuándo establecer la frontera que permite impedir la prosecución de la gestación? La protagonista realiza con el nuevo ser un pacto de entente cordiale:

Quanto sei esiggente, bambino. Prima pretendi di controllare il mio corpo e privarlo del suo più elementare diritto: muoversi. Poi addirittura di controllare la mia mente e il mio cuore (...) Se vogliamo restare insieme, bambino, dobbiamo scendere a patti. Eccoli. Ti faccio una concessione: ingrasso, ti regalo il mio corpo. Ma la mia mente no. Le mie reazioni no. Me le tengo. E con quelle pretendo una mancia: i miei piaceri spiccioli. Infatti ora bevo un whisky, e fumo un pacchetto di sigarette, una dopo l’altra, e riprendo a lavorare, ad esistere come pesona e non come barottolo (Fallaci, 1979: 38)

En la "carta", ya desde la dedicatoria, se hace evidente la preocupación que la anima: "A chi si pone il dilemma di dare la vita o negarla."

La Carta pretende no tomar partido, pues el tiempo del "pensamiento-relato" es una vacilación continuada, pero en toda ella va brotando su convencimiento del privilegio que tiene la mujer de poder producir vida: "Il privilegio di tenerlo nel proprio ventre, di nutrirlo col proprio sangue, di custodire la responsabilità della sua venuta al mondo è tutto femminile.[8]"

En la misma época en que se predicaba la liberalización de la maternidad y de una autorrealización que parecía solamente posible por medio de la profesionalidad, Fallaci exclamaba que el embarazo era un privilegio, un don porque: "quando hai messo al mondo un altro essere non muori quando muori, perché attraverso quell’essere che è fatto della tua carne e del tuo sangue tu continui a vivere.[9]"

 

 

4. Miradas divergentes

 

 

 

 

¡Qué lejos de la contemplación admirativa de Fallaci hacia el vientre gestante está el comentario de Bianca Lamblin - profesora de filosofía y amante en su juventud de Beauvoir y Sartre - en su libro que desveló los desgarrados desengaños con sus dos maestros y amigos, Beauvoir y Sartre:

 

(...) ce qui me paraissait comique était leur attitude devant mon gros ventre: on aurait dit que j’étais une limace ou quelque autre animal dégoûtant. Ils regardaient droit devant eux, l’air crispé. C’est une attitude que je leur ai toujours connue: la maternité (…) leur causait une révolte profonde. (Lamblin, 1993: 162)

Y prosigue: "La question des enfants nous séparait peut-être encore plus profondément, car Simone de Beauvoir, n’ayant jamais éprouvé le désir d’enfant, ne pouvait imaginer ce qui pousse un homme et une femme à souhaiter en avoir." (Lamblin, 1993: 167)

Lamblin reproduce algunos fragmentos de Le Deuxième Sexe en este sentido:

[la femme] forme avec l’enfant un couple équivoque qui la submerge; prise aux rets de la nature, elle est plante et bête ... elle est un être humain, conscience et liberté, qui est devenu un instrument passif de la vie.(...)jour après jour un polype né de sa chair va s’engraisser … elle est la proie de l’espèce. (Lamblin, 1993: 167)

quedando claro que Beauvoir silencia los aspectos más bellos de la maternidad:

Toute la riche signification positive du désir d’enfant est, sinon passée sous silence, du moins exprimée dans des textes très faibles, comme à regret, alors que le dégoût, la peur, la haine de la maternité telle que la concevait Simone de Beauvoir ressortent en des formules frappantes. (Lamblin, 1993: 167-168)

Así pues, mientras que Fallaci alude a sus bambini di carta, que define como una ben povera illusione di maternità[10], Beauvoir asevera que o se hacen libros o se hacen niños, teorizando sobre las mujeres en su necesidad de liberarse de la carga de la procreación en su época.

On exalte la maternité parce que la maternité c’est la façon de garder la femme au foyer et de lui faire faire le ménage. Au lieu de dire à la petite fille, quand elle a deux, trois ou quatre ans: Tu seras vouée à laver la vaisselle", on lui dit: "Tu seras vouée à être maman", on lui donne des poupées, on exalte la maternité de façon que, quand elle devienne une jeune fille, elle ne pense qu’à une chose c’est se marier et avoir des enfants. On l’a convaincue qu’elle ne serait pas une femme complète si elle n’a pas d’enfant. Quand une femme n’a pas d’enfant on dit: "Ce n’est pas une vraie femme", mais quand un home n’a pas d’enfant on ne dit pas: "Ce n’est pas un vrai homme." (Beauvoir: 1979: 511)

Se trata para Beauvoir de una estratagema para apartarla de su normal integración en la vida social y profesional:

(...) une ruse. Il est difficile de présenter à la petite fille comme une vocation sacrée le fait de laver le linge sale et la vaisselle, difficile de la convaincre que c’est son irrésistible vocation. Mais si une femme est retenue au foyer par ses enfants, du même coup elle devient cette ménagère à qui on extorque quasi gratuitement sa force de travail. On la persuadera donc dès son plus jeune âge – par la parole, par l’exemple, par les livres et les jeux qu’on lui propose – qu’elle est vouée à la maternité (...) En général elle suit le chemin qu’on lui a tracé; elle se marie, elle a des enfants, elle tient sa maison: le tour est joué.

Cependant elle ne serait pas esclave du foyer si elle avait les moyens de planifier ses maternités selon ses désirs et ses intérêts. Elle pourrait les concilier avec ses études, une formation professionnelle, une carrière. Elle réclamerait, elle occuperait des places que les hommes considèrent comme leur revenant de droit. (…) C’est parce qu’ils sont conscients de ce danger que les hommes se sont ligués pour saboter la contraception, acculant les femmes à l’avortement, qu’ils leur interdisent. (…) l’enfant est nécessaire pour maintenir la femme à la cuisine. Celle qui se rebelle contre la maternité forcée est sur le chemin d’une rébellion plus générale. (Beauvoir, 1979: 508)

La mujer queda así sometida y esclavizada a la maternidad, lo cual no sería tan grave si pudiera elegirla y programarla, hecho que le permitiría estar a la misma altura que el hombre en el plano no solamente profesional sino familiar.

Queda patente, por lo tanto, que Beauvoir no se "opone" a la maternidad como tantas voces disparatadas quisieron hacer creer: ¿cómo podría oponerse a la prosecución del ser humano? En una época en la que la mujer no tenía derecho al voto, en la que los métodos contraceptivos eran vistos como una victoria lejana y en la que las mujeres con graves problemas personales y familiares se veían abocadas al recurso del aborto clandestino sin un mínimo de higiene, Beauvoir intentó, con su acción y su palabra, convencer a la mujer de la posibilidad de salir de la trampa ancestral en la que estaba sumergida.

Ella misma expresa explícitamente en Le Deuxième Sexe que el cuerpo de la mujer se orienta a la perpetuación de la especie:

C’est par la maternité que la femme accomplit intégralement son destin physiologique; c’est là sa vocation "naturelle" puisque tout son organisme est orienté vers la perpétuation de l’espèce. Mais on a dit déjà que la société humaine n’est jamais abandonnée à la nature. Et en particulier depuis environ un siècle, la fonction reproductrice n’est plus commandée par le seul hasard biologique, elle est contrôlée par des volontés. (Beauvoir, 1949 II: 134)

Beauvoir reniega de lo forzado de la tendencia a la gestación:

En effet, on répète à la femme depuis son enfance qu’elle est faite pour engendrer et on lui chante la splendeur de la maternité; les inconvénients de sa condition – règles, maladies, etc. – l’ennui des tâches ménagères, tout est justifié par ce merveilleux privilège qu’elle détient de mettre des enfants au monde. (Beauvoir, 1949 II: 146)

Incluso en alguna declaración pone en evidencia una relativa belleza de la maternidad, siempre que no venga atormentada por penurias, insolidaridad y soledad:

Si les choses étaient un peu différentes, si les tâches, comme élever les enfants, étaient mieux réparties entre l’homme et la femme, s’il y avait une aide de l’État beaucoup plus considérable qui permette de créer plus de crèches, de maternelles, etc., et si on enlevait à la femme la mauvaise conscience qui lui vient d’une manière atavique à travers sa propre mère, sa propre grand-mère, son après ça, la maternité, pourquoi pas? C’est une chose assez belle, en effet, que de voir naître, grandir, se développer un être humain. (Dayan, 1979: 72)

En todo caso, y a diferencia de Fallaci, no deseó la maternidad para ella misma en ninguna época de su vida: "Je le répète – je l’ai dit déjà souvent -, je n’ai jamais regretté de ne pas avoir d’enfants. J’aime beaucoup mieux les amitiés, j’aime beaucoup mieux des relations, oui, que j’ai choisies, que celles qui m’auraient été imposées par la maternité." (Dayan & Ribowska, 1979: 73)

dice la autora en una de las entrevistas del film Simone de Beauvoir (Dayan & Ribowska, 1979) en la que además alude a la relación materno-filial en relación con su hija adoptiva:

A.Schwartzer: Vous n’avez donc pas d’enfants, mais il y a une personne dans votre vie qui compte beaucoup, c’est Sylvie Le Bon, qui pourrait être votre fille, qui a l’âge qu’aurait pu avoir votre fille. Est-ce que c’est une espèce d’ersatz de relations mère-fille?

S. de Beauvoir: Oh! absolument pas. Il s’agit de relations bien meilleures que celles qui existent généralement entre mères et filles. Je connais beaucoup d’amies, qui ont des filles, de trente, trente-cinq ans alors qu’elles en ont soixante, et qui s’entendent très mal avec elles. J’ai toujours été pour les relations choisies contre les relations imposées. (Dayan & Ribowska, 1979: 72-73)

Ni Beauvoir ni Fallaci creen en la institución familiar:

(...) mi resterai incatenato con la schiavitù degli affetti, la schiavitù del rimpianto. Alcuni la chiamano schiavitù della famiglia. Io non credo alla famiglia. La famiglia è una menzogna costruita da chi organizzò questo mondo per controllare meglio la gente, sfruttarne meglio l’obbedienza alle regole. Ci si ribella più facimente quando si è soli, ci si rassegna più facilmente quando si vive con altri. La famiglia non è che il portavoce di un sistema (Fallaci, 1979: 36)

pero Fallaci sí cree, en cambio, en la relación materno-filial:

Vorrei che tu fossi una donna. Vorrei che tu provassi un giorno ciò che provo io: non sono affatto d’accordo con la mia mamma la quale pensa che nascere donna sia una disgrazia (...) il nostro è un mondo fabbricato dagli uomini per gli uomini, la loro dittatura è così antica che si estende perfino al linguaggio. (...) Eppure, o propio per questo, essere donna è così affascinante. È un’avventura che richiede un tale coraggio, una sfida che non annoia mai. (...) avrai da batterti per spiegare che il peccato non nacque il giorno in cui Eva colse la mela: quel giorno nacque una splendida virtù chiamata disubbidienza. (...) Essere mamma non è un mestiere. Non è neanche un dovere. È solo un diritto fra tanti diritti. (...) Ma se nascerai uomo sarò contenta lo stesso. E forse di più perché ti saranno risparmiate tante umiliazioni, tanti servitù, tanti abusi. (...) se nascerai uomo, spero che tu diventi un uomo come io l’ho sempre sognato: dolce coi debili, feroce coi prepotenti, generoso con chi ti vuol bene (Fallaci, 1979: 12-13)

Para Fallaci, a pesar del peso que supone en tantas ocasiones seguir adelante, a pesar de las dificultades todavía existentes hoy en las sociedades más avanzadas – o quizás por ello - merece la pena el coraje de ser mujer.

Con ocasión de este encuentro, he traído a dos mujeres, escritoras comprometidas y cercanas en el tiempo[11], que presentan dos miradas abolutamente divergentes de la maternidad: el rechazo y el anhelo. En la humana búsqueda de la trascendencia, ambas se valieron de la palabra. Tal vez el miedo de la escritora francesa a la desaparición, como seres humanos, de ella misma y de su entorno inmediato, se gestara en su rechazo de la descendencia; no en vano, hacia el final de su vida, adoptó – al igual que lo había hecho Sartre - a una joven amiga. Quien rechazara de pleno la maternidad, buscó la ayuda y la cercanía de una mujer, que por la edad bien habría podido ser su hija; tras la muerte de la escritora, ella fue quien se ocupó de su herencia intelectual y material - de manera tan absoluta, radical e intransigente con el entorno familiar y amistoso de Beauvoir - como lo había hecho anteriormente la hija adoptiva de Sartre[12].

 

 

Referencias

 

Dayan, J.& Ribowska, M.(1979) Simone de Beauvoir. Un film de Josée Dayan et Malka Ribowska. Paris: Gallimard.

De Beauvoir, S. (1949) Le Deuxième sexe I-II. Paris: Gallimard.

De Beauvoir, S. (1973) Avortement : une loi en procès. L’affaire de Bobigny (Préface). Paris: Gallimard.

Fallaci, O. (1997) Lettera a un bambino mai nato. Milano: BUR.

Francis, C. & Gontier, F. (1979) Les écrits de Simone de Beauvoir. Paris: Gallimard.

Frydman, R.& Flis-Trèves, N. (eds.)(2005) Rêves de femmes. V Colloque Gynécologie-Psychologie. Paris: Odile Jacob.

Lamblin, ,B. (1993) Mémoires d’une jeune fille dérangée. Paris: Balland.

 

 

 

 

 



[1]Por el diputado que lo propuso, Lucien Neuwirth.

[2]La RU-486 es un fármaco que se utiliza, casi exclusivamente, para producir abortos de embriones de pocos días de vida. Su denominación procede del hecho de ser el producto de investigación número 486 de la firma farmacéutica francesa Roussel-Uclaf, filial de la firma alemana Hoechst. Se trata de una antiprogesterona que actúa impidiendo que la hormona progesterona desarrolle sus normales acciones fisiológicas.

[3]Según Y. Knibiehler (Frydman&Flis-Trèves, 2005: 18).

[4]A medio siglo de El Segundo Sexo: coloquio internacional sobre la obra (Paris)

http://www.jornada.unam.mx/1999/06/08/juan_paris.htm

 

Delphy,C & Chaperon,S (2002) Cinquantenaire du deuxième sexe : Colloque International Simone de Beauvoir.

 

 

 

[11] Beauvoir 1908-1986, Fallaci 1929-2006

[12] Los dos escritores compartieron con sus respectivas hijas adoptivas, muchas temporadas vacacionales en aparente armonía, según numerosos escritos. Sin embargo, a la muerte de Sartre, Arlette Elkaïm, su hija adoptiva, cambió la cerradura del piso del escritor para impedir la entrada en él a Beauvoir, y le negó incluso el permiso para recoger sus objetos personales que allí se encontraban. De igual manera, Sylvie Le Bon, hija adoptiva de Beauvoir, impidió a Hélène de Beauvoir, la querida hermana de la escritora, el acceso a la vivienda para recoger objetos y recuerdos personales y familiares. La publicación de correspondencias personales tras la muerte de ambos escritores (con el beneplácito de las herederas), supuso además el desgarro emocional de personas íntimas de Beauvoir y de Sartre. De ellos dan buena cuenta los escritos de dichas personas.

Ver en línea : METAFORAS

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