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DESARROLLO

por Ray Respall Rojas

Ray Respall Rojas

CUBA



 Algunas veces la vida es una ironía: Siempre me ha fascinado la computación, por eso la escogí como carrera. En la Universidad fui un alumno brillante, a pesar de que mi exceso de fantasía y mi adicción por los videojuegos me creó algunos problemas. Finalmente me gradué de programador. Tras pasar por varias pruebas y oposiciones, empecé a trabajar en una empresa que se dedica a crear juegos para computadoras. Esta empresa es la más conocida en el mundo, tanta ha llegado a ser su fama, que ya las personas no compran los juegos por el tema ni por el nombre, suponen que si lleva nuestra marca, el producto es el mejor.

Una tarde en que me encontraba en mi despacho barajando ideas, se me ocurrió crear un nuevo juego y llamarlo Desarrollo. En él, el jugador tendría que hacer el papel de un muchacho que está a punto de graduarse de programador y tiene que enfrentar toda suerte de enemigos para continuar su vida: debería vencer a los celosos del talento que no tienen, a los incompetentes, a los de cerebro disminuido y exceso de musculatura que tratan de arrebatarle a la chica más guapa, conquistada a duras penas… al final de cada nivel habría un acertijo, laberinto o enigma que resolver. Este juego lo haría basado en mi vida y en todos los obstáculos que tuve que vencer para llegar hasta donde estoy. Al instante puse manos a la obra. Tardé unos cuantos meses en elaborarlo y en cuanto lo terminé, lo entregué a mis superiores para que fuera evaluado, pues un juego nuevo ha de pasar muchas pruebas para ser aprobado.

A los pocos días me notificaron que mi invento había sido aceptado y más pronto de lo que creí había sido puesto en venta. A las doce horas de su lanzamiento al mercado me llamaron para decirme que el juego era un éxito, que en todas las tiendas en donde lo habían puesto se había agotado. Una semana después el director visitó mi oficina para decirme que mi creación era fenomenal, que ya se estaba vendiendo en Internet. Pero nada me preparó para la próxima noticia: a la mañana siguiente me notificaron que mi juego había sido escogido como el mejor del año, lo cual me calificaba para formar parte de la junta directiva de la empresa en que trabajaba.

De repente oigo una alegre melodía y al alzar la mirada veo frente a mí el rostro sonriente de un muchacho de unos doce años, que me mira a través de una pantalla de cristal líquido mientras grita:

- ¡Gané, gané, soy el nuevo campeón de Desarrollo!

Al fondo discuten dos voces. Una, femenina - imagino que debe ser la madre - protesta por la obsesión del niño por los juegos de la computadora:

- ¡En mis tiempos se jugaba al aire libre, casi no había televisores y ni hablar de computadoras, videojuegos, Internet! Hacíamos nuestros papalotes, nuestras cuerdas de saltar; por reyes nos regalaban una pelota o un puñado de canicas… ¡Y éramos muy felices! - dice de modo concluyente.

Le responde una ronca voz que supongo que será la del padre, argumentando que ahora el aire libre está muy contaminado, que el mundo está evolucionando y que los juegos como Desarrollo preparan a los adolescentes para la verdadera vida. La madre habla del perrito lanudo que fue su más fiel compañero de infancia y el padre defiende las mascotas virtuales, que no ensucian ni riegan la casa, "amén de que se pueden desconectar a gusto". La madre habla del placer incomparable de admirar el arcoiris después de haberse bañado en un aguacero y el padre insiste en que eso solo trae resfriados.

El niño me mira casi angustiado, sin atreverse a opinar… ¡Pobre chico, casi me parece que nos conocemos de toda la vida! A propósito de esta disputa hogareña: de momento no logro recordar el rostro de mis padres, esto sucede a menudo cuando pienso en mi propia infancia, tampoco logro enfocar el paisaje de afuera al que se refiere la madre, debe ser el efecto del exceso de horas dedicadas al trabajo, encerrado en la oficina.

Mientras las voces continúan con sus argumentos, el pequeño extrae un trompo del bolsillo de su camisa, me lo muestra mientras guiña un ojo, se lo guarda, sonríe con expresión victoriosa y sale de puntillas, sigiloso, mientras los padres continúan su controversia, que parece que va a ser eterna.

Ahí regresa mi amigo, parece que ha olvidado algo, lo está buscando en el borde inferior de la pantalla, mueve los dedos con rapidez mientras de vez en cuando me observa con cierta preocupación, no sé si parece apenado por la escena que me he visto obligado a presenciar o porque teme que sus padres, que ahora discuten sobre el decorado de la sala, lo tomen de nuevo como centro de la conversación. ¡Ya lo ha encontrado! ¿Qué sería? Me dice adiós con la mano y se aleja de nuevo hacia la puerta, por donde penetra un haz de rayos solares que invita a jugar. Mientras esto sucede los padres, el decorado, todos los detalles que abarca mi vista comienzan a desvanecerse.

Mis fuerzas decaen, me estoy debilitando, o sumiendo en un letargo. ¿Duermo o espero a que alguien me despierte? ¿Mañana recordaré esto? ¿Será acaso que mi memoria abarca únicamente lo que ellos desean que guarde? Sólo antes de caer completamente en la nada, comienzo a entender por qué nunca he tenido recuerdos de mi pasado: sólo fui y he sido el protagonista de un juego: Desarrollo.

Envidio la suerte de mi amigo, ¡quién fuera él para tener un día al aire libre!

 

Este artículo tiene © del autor.

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