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"Destrucción del lenguaje"

César Rubio Aracil

España



Resulta mucho más cómodo ajustarse a las exigencias de los mercachifles y buhoneros, que consultar el diccionario.

No soy filólogo, sino autodidacto. De la gramática conozco lo más elemental: conjugación y uso de los tiempos verbales, algo de sintaxis, ortografía (con reservas; el uso de la "g" y de la "j" me llevan de cabeza), correcta aplicación pronominal, declinaciones, prosodia, un poco de morfología ... y poco más. En cuanto a las preposiciones, por más que las estudio no logro ajustarme a la ortodoxia académica. No obstante -he ahí el milagro- me desenvuelvo con cierta soltura, y son pocas las enmiendas que me hacen mis correctores de estilo. Después de pergeñar hasta la saciedad, remito mis obras a la agencia literaria que me representa y nunca he tenido problemas en ese sentido. El "milagro", según creo, no es otro que el de leer mucho y, como el músico que no sabe solfeo, percibir el sonido de las palabras y estar atento al ritmo interno de la escritura.

He de darle la razón a DomSem19 en todo cuanto comenta respecto a la destrucción del idioma (de nuestro bello idioma), riquísimo en términos y condenado al ostracismo por muchos profesionales del periodismo e incluso, lamentablemente, por escritores en boga. Los anglicismos, por ejemplo, suponen una lacra que se va haciendo insoportable. Yo nunca escribo la palabra "marketing" porque tengo a mano otra española (no digo castellana porque no lo es), "mercadotecnia", que se ajusta a nuestras exigencias idiomáticas. Sí escribo, debido a su contundencia expresiva, "folclore" (vocablo inglés , de "folk", pueblo, y "lore", ciencia), por ser una palabra aceptada por el DRAE, de amplio uso, y por motivos que a mí se me antojan estéticos. Quiero decir: Acepto el enriquecimiento del lenguaje cuando el sincretismo cultural lo considero próspero; pero nunca por esnobismo. Esta actitud no creo que sea conservadora, aunque tampoco especialmente permisiva.

Dice nuestra buena amiga Lluvia que el lenguaje no es para "usarlo correctamente", sino para usarlo ya. Puede ser que tenga su parte de razón. Existen muchas palabras de uso restringido a comarcas, regiones y otros espacios geográficos que por su riqueza semántica deberían haber sido aceptados por la RAE. Sin embargo este aspecto cultural, eminentemente español, no destruye nuestra lengua. Sí que atenta contra nuestro exquisito idioma el uso de extranjerismos inadecuados y de barbarismos en detrimento de los múltiples vocablos, bellísimos por su sonoridad y valor semántico, que dormitan en las páginas de los diccionarios a la espera de una milagrosa resurrección que considero improbable. Sin embargo, en esos espacios cibernéticos de comunicación virtual llamados ... (me niego a escribir la palabra sustitutiva de los puntos suspensivos, que todos lamentablemente conocemos), se arremete con virulencia, incluso con odio, contra el español. ¿Por qué? Porque es mucho más cómodo dejarse llevar en manada por los mercachifles y buhoneros, que enriquecer el alma por los medios culturales que pone a nuestra disposición uno de los más bellos idiomas de la tierra: el español.

Lluvia es una chica estupenda, inquieta y estudiosa (lo demuestra su artículo en respuesta a "Destrucción del idioma"), que con su contribución literaria está favoreciendo el interesante debate lingüístico y literario que estamos manteniendo. Tiempo tendrá para que se sienta ofendida por causa del fenómeno subcultural que estamos padeciendo los hispanos defensores de nuestra lengua. Aún es joven, y su capacidad de sufrimiento todavía incipiente. La comprendo y respeto sus conclusiones, de buena orientación pero faltas de una mayor profundidad. Que siga estudiando. Y cuando ya no pueda soportar tanto injusto atentado lingüístico, que recuerde las palabras de este viejo amigo de la juventud amiga.

Hace un par de días, en un foro de Internet mal llamado poético, una muchacha arremetió contra mí tildándome de "catedrático" y "pedante" porque escribí la palabra "gluma". "¿Qué significa ese "palabro"?, inquirió con malos modos. Harto de haber estado soportando las coreadas burlas de algunos usuarios, no pude contener la ira y le espeté sin contemplaciones: "Gluma significa el saín envenenado que destilan tu pestilente coño y tu asquerosa lengua".

"Debemos simplificar", dicen muchos cibernautas refiriéndose al uso de la palabra. ¿Se simplifica pronunciando "sip" y "nop" en vez de decir "si" y "no"? ¿Qué significado tiene la exclamación "¡juas!"?, y esta otra -por no citar mil más- "¡ays!", ¿en qué favorece la restricción expresiva?

Es tal la falsa economía que estamos haciendo de nuestro lenguaje y la desordenada, atropellada y desfavorable aceptación de miles de innecesarios anglicismos que, de seguir como vamos, no tardaremos mucho tiempo en ladrar para podernos entender.

César Rubio (Augustus).

Este artículo tiene © del autor.

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