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LÁGRIMAS DE MARZO, SOMBRAS DE SEPTIEMBRE

Daniel Adrián Madeiro

Argentina



Es de noche en el siglo.

Los dioses emigraron

de este tiempo imposible.

II Tiempo Imposible (Frag.) - Andrés R. Blanco

La vida de todos los días a veces cambia o termina inesperadamente.

Esto lo sabemos y lo aceptamos, no sin resignación, ante un accidente o una enfermedad terminal repentina.

Pero hay otros cambios, otros cortes, que no admitimos jamás.

Este siglo se nos presentó vertiginoso y trágico.

A poco de iniciarse, un 11 de septiembre de 2001, miles de personas murieron en el ataque terrorista a las torres gemelas del World Trade Center, en Estados Unidos.

No era admisible responder a esto con la resignación.

Herido por el terrorismo internacional el país considerado como la mayor potencia mundial, la humanidad comprendió que ya nadie estaba seguro.

Después vino Afganistán y Bagdad.

A dos años y seis meses del luctuoso septiembre, exactamente un 11 de Marzo de 2004, tres atentados criminales simultáneos dejan más de doscientos muertos y miles de heridos sobre Madrid, España.

Bombas colocadas en tres estaciones de trenes: El Pozo, Atocha y Santa Eugenia, arrojaron a los rieles los sueños de la gente.

La matanza arrasó con bebés, escolares, estudiantes, amas de casa, obreros, empleados. Gente común que iba a trabajar, a estudiar, a vivir su rutina mientras el mundo gira.

Y más de doscientas almas le fueron arrancadas a la vida.

Y miles de heridos no podrán borrar sus visiones de espanto.

Y millones quedamos doloridos y aterrados.

Lágrimas de este marzo, sombras de aquel septiembre, tienen que ser columnas a favor de la vida.

“Es de noche en el siglo”, seamos una antorcha.

Se ha dicho, en una primera evaluación del atentado, que se trataría de una acción perpetrada por la organización separatista ETA.

Profundizada algo más la investigación, informa la Inteligencia Nacional española que estima, en más de un 90%, que la autoría corresponde al grupo fundamentalista Al Qaeda.

Sin duda esta última hipótesis es la más verosímil, visto el urgente refuerzo de las medidas de seguridad en Estados Unidos, Inglaterra, Francia e Italia. No ha de ser por ETA.

Haya sido uno u otro, o ambos, lo cierto es que se ha ejecutado una matanza de personas indefensas que obliga a identificar a los verdaderos asesinos y a ejercer justicia, por sobre cualquier otra acción.

Hay por estos días quienes hablan, con todo derecho, sobre las culpas de este o aquel por la oleada de terrorismo, o sobre el doble juego que ha llevado a esto, o sobre ciertas alianzas estratégicas que serían irresponsables e inconsultas. Sin duda son elementos de juicio que no hay que perder de vista y que habrá que atender.

Yo pienso que la suerte de cada país está amarrada a la de la comunidad internacional de manera irremediable y parcialmente ajena a algunas acciones. Esa es una parte inseparable de la globalización y su acelerada marcha.

Convengamos que la actual capacidad tecnológica y económica de que disfrutan los extremistas para imponernos su ideología, desde lo virtual (comunicados por Internet) hasta lo plenamente físico (el veloz desplazamiento de los asesinos), todo bajo la protección de las tinieblas, dificultan el determinar la mejor acción frente al enemigo común, cosa que, en otras circunstancias (o épocas pasadas), sería notoriamente más sencillo.

El tiempo corre mucho más rápido de lo que desearíamos. En este marco, y sin que ello deslinde responsabilidades, cabe esperar fallas en la toma de decisiones.

Nadie podría jurar, con una mano en el corazón, que sabía todo lo que pasaría desde la caída del Muro de Berlín hasta hoy. Nadie hay siquiera que pueda afirmar que pasará mañana en el mundo.

No quiero que se interprete esto como un inmiscuirme en los asuntos internos de las comunidades, solo pretendo avalar las razones que me llevan a considerar que hay acciones a tomar, o acciones tomadas, que no siempre van de la mano con nuestros deseos.

11 de septiembre en Estados Unidos, 11 de marzo en España... y ahora ¿Quién sigue?. ¿Seguirá Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, el Vaticano, Argentina (donde ya sufrimos dos ataques en el pasado: embajada de Israel y AMIA)?. ¿Por qué España fue elegida como primera víctima europea?. ¿Qué evitó que Inglaterra, desde siempre aliada de Estados Unidos, no haya ocupado ese lugar?. ¿Quién sigue y por qué?.

El mundo, desde sus orígenes, viene resolviendo a los golpes los problemas de la existencia.

Quizá él o quizá nosotros mismos, no estamos hechos a la medida de nuestros sueños.

Yo veo que sigue el fútbol, por ejemplo, cuando en mi interior siento la firme convicción de que debiéramos parar el mundo hasta arreglarlo.

Imagino que cuando en 1989 mi amigo, Andrés R. Blanco, escritor nacido en Mérida, Extremadura, escribió los versos del poema citado arriba, no sospechaba esta noche tan abismal. Aun estaba lejos este siglo XXI y su dolor.

O quizá yo me equivoque y ha podido profetizar con sus versos este triste presente: sin grandes idealistas que nos guíen; con un torbellino de masacres sembrando muerte; con un mundo desierto de voces alegres que festejen la vida; esperando que algún día un sueño sacie nuestra angustia; mientras reinan las tinieblas y hemos quedado solos.

Es de noche en el siglo

y no hay estrellas vivas

cuya luz ilumine

los ojos de los hombres.

El viento es incesante;

suspira entre osamentas

que una vez respiraron.

En los bosques sin fronda

se acentúa el silencio,

ya que todos los pájaros

huyeron hacia arriba

para morir sin aire

en las alturas blancas.

Tan sólo el agua vive

como un sueño azulado

bajo infinitas curvas.

Es de noche en el siglo.

Los dioses emigraron

de este tiempo imposible.

Ruego que DIOS quiera y nosotros colaboremos para ubicarnos por encima de nuestras diferencias ideológicas, sumándonos a las filas de los que luchan, sin violencia y, por favor, sin descanso, por un mundo mejor para todos. Comencemos por firmar nuestro compromiso para con las víctimas de este 11 de marzo, sumadas a las provocadas por ETA, las de las torres gemelas, las de AMIA, las de la Embajada de Israel en Buenos Aires, y también de los inocentes de Afganistán, de Bagdad, de Israel, de Palestina, y de todos los sufrientes indefensos del planeta.

Estamos globalizados y eso lo hace más urgente. Pero aun si no fuera así debemos recordar que todos vivimos en la misma casa, se llama Tierra.

No podemos escapar, no debemos escapar.

Yo he visto a mucha gente cargada de una enorme emotividad frente a los muertos por atentados o guerras; mucha lágrima corriendo en las mejillas; mucho grito de paz.

Después vi muchedumbres volviendo a sus cosas; cruzando los brazos; bajando banderas; consumiendo polvo, hierba o pastillas que los saquen del mundo; prestos a llorar cuando el horror vuelva.

Si tu deseo de una Tierra mejor no es permanente, esto no lo escribí para Ti.

Si el dolor de las víctimas lo clasificas según su procedencia, no vuelvas a leerme.

Si aun no comprendes que estamos todos juntos, que la Tierra toda es un solo pueblo, vuelve cuando lo entiendas.

Hay muchas cosas que no nos gustan y sobre las cuales tenemos marcadas diferencias. Sin duda hay distintas clases de enemigos y de metodologías tendientes a dominar el mundo a favor de solo algunos. ¿Y qué con eso?. Nuestro trabajo, el de una gran mayoría de casi seis mil millones de habitantes, debiera ser unirnos en las causas comunes a todos hasta resolverlas. Y debo repetirlo: Hasta resolverlas, porque siempre dejamos todo a medio hacer.

Hoy tenemos un dolor ya repetido en muchos otros lugares del planeta.

Si los asesinos fueron motivados por las culpas de otros, lo cierto es que no tienen derecho a apelar a la cobardía de matar inocentes.

Sumémonos para ayudar a los familiares de toda víctima;
abracemos la paz hasta que sea realidad; no descansemos que los asesinos no descansan; guardemos la vigilia porque los bandos que desean controlar el mundo nos prefieren dormidos; desarrollemos la ambición de los conquistadores pero a favor de un planeta con verdad y con justicia para todos.

Un fragmento del poema “Sepan lo sepan lo sepan”, del premio Nóbel de literatura, el chileno Pablo Neruda, dice:

Ay la mentira que vivimos

fue el pan nuestro de cada día.

Señores del siglo veintiuno,

es necesario que lo sepan

lo que nosotros no supimos,

que se vea el contra y el por,

porque no lo vimos nosotros,

y que no coma nadie más

el alimento mentiroso

que en nuestro tiempo nos nutría.

Señores del siglo XXI, ¿Habremos tomado debida conciencia de toda la mentira?; ¿Estaremos realmente deseosos de la Verdad para siempre?.

Tan rápido como va todo, pronto, muy pronto lo sabremos.

Si verdaderamente el dolor ayuda a madurar y hacerse responsable del futuro, me quedaré tranquilo porque tenemos un maravilloso porvenir por delante.

Si no fuera así, no tendrá sentido la vida por no aprender la lección que nos da la muerte.

DIOS quiera que todos nos resolvamos a cambiar la Tierra para siempre.

Daniel Adrián Madeiro

Copyright © Daniel Adrián Madeiro.

Todos los derechos reservados para el autor.

Madeiro@Tutopia.Com

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Este artículo tiene © del autor.

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