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A Cesar, no siempre bien leido

y mucho menos comprendido.

LA PALABRA
La palabra, escrita o hablada, es uno de los bienes más preciados que puede tener la raza humana y es el rasgo que más la diferencia del resto de los mamíferos. Hay muchos más rasgos diferenciales, en el buen y en el mal sentido, pero en estos momentos es éste el que me interesa.

El "hombre" desde que está sobre la tierra, en todas las épocas, ha intentado reproducir las palabras que emitía mediante signos, pictogramas, dibujos, etc. La historia de la escritura es apasionante al igual que la de la formación de los distintos idiomas. Es la misma historia del "hombre". La palabra es un ser vivo y como tal nace, crece, se reproduce y muere. Si, muere- ya lo he dicho anteriomente-; un idioma muere cuando se deja de utilizar y esto ha pasado, está pasando, con cientos de ellos quizás porque no los consideramos cultos o civilizados.

Pero éste no es el motivo de mi artículo.El motivo es la discusión que se ha suscitado con la utilización de la palabra "hombre".

Recordemos un poco la gramática:
Cuando hablamos, cuando escribimos, utilizamos lo que se ha dado en llamar palabras, éstas tienen diferentes funciones; hay plabras que pueden cumplir esta funciones por si solas, son la llamadas "independientes" y otras, que tendrán que combinarse con las primeras y, por tanto, serán las "dependientes". Estas funciones nos permiten distinguir varias clases de palabras independientes: sustantivo, adjetivo, adverbio y verbo.

En ellas, podemos diferenciar dos partes-no olvidemos esto, pues nos hará falta después-: la raíz que hace referencia a su origen y la terminación que nos indica sus valores gramaticales.

Fijémonos, ahora, en el sustantivo: la estructura interna de éste está formada por la combinación de unos signos léxicos, en la raíz, y unos signos morfológicos que encontraremos en la terminación.

Pues bien, uno de estos signos morfológicos es el género y, tradicionalmente, éste se divide en femenino y masculino. También, por tradición, la mayoría de las palabras terminadas en "o" se consideran masculinas y, por ende, las terminadas en "a" femeninas.

Hasta aquí las cosas pueden estar más o menos claras; pero, ¿ésta diferencia implica, necesariamenhte, una diferenciación sexual? Amigos míos, siento deciros que no.
Tenemos un grupo de palabras que para saber a que género pertenecen no tenemos mas remedio que ayudarnos del "Artículo" (v.g., el artista, la artista); otras, chulas ellas, son tan grandes. que les da igual que artículo que le pongamos (v.g.el mar, la mar- a mí me gusta más la mar-); las de más allá, necesitarán de un acompañante, mas adulador, el "Adjetivo" o , para que molestarse en aguantar a alguien, mejor sólas que mal acompañadas, las epicenas no necesuitan a nadie- vaya nombrecito, así ¿cómo se va a ligar?,- v.g. hormiga, liebre, mosquito.

Hay unos cuantos casos más- al final daré la reseña del libro que he utilizado- pero no tenemos mucho más espacio así que voy a finalizar este recuerdo copiando casi literalmente un epígrafe de la gramáticaque estoy utilizando.

"... de los géneros, el masculino es el de mayor extensión y el femenino es el de mayor intensión. Quiere
esto decir que cuando el uso lingüístico ha decidido la indistinción de los géneros, lo que se emplea en
la expresión es el significante propio del masculino. Así, en los padre, los reyes, los hombres se significa la
fusión de ambos géneros(esto es el padre y la madre, el rey y la reina, los hombres y las mujeres) cuando tales expresiones se oponen a otras como los hijos, los príncipes, los animales; pero sigue siendo vigente el masculino cuando se manifiestan en oposición a los femeninos las madres, la reina, las mujeres."

Lo que escuchamos muchas veces, demasiadas, a los políticos, a algunos periodistas, incluso a algún que otro profesor de universidad, no quiere decir que sea lo correcto aunque "políticamente" sea lo más educado o adecuado- como gustéis-.

Y si, es cierto, debemos tener cuidado con las palabras, pues como dicen en mi tierra: no es lo mismo subir la cuesta del Chapi (una cuesta que sube al Sacromonte) que subir con la piCHA a cuestas.
Meria


Gramática de la Lengua Española

Emilio Alarcos Llorach

Real Academia Española. Colección Nebrija Bello

Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1999, 10ª Reimpresión

ISBN: 84-239-7840-0

Este artículo tiene © del autor.

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