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IGUALDAD

A estas alturas de la humanidad seguir hablando de la igualdad entre el hombre y la mujer me parece, cuanto menos, una trivialidad. ¡Paciencia, amigos míos, paciencia! No saquéis vuestras armas antes de tiempo y dejadme que me explique. Recordad eso de que... "no por mucho madrugar se nos quita antes el sueño"-¿era así el refrán?-. Bueno a lo que íbamos.

Está fuera de toda duda que la mujer y el hombre, o viceversa, tienen los mismos derechos, las mismas obligaciones; igualmente, está fuera de toda duda que la inteligencia no es patrimonio de ningún sexo; la idiocía, tampoco. También es indiscutible que ambos sexos tienen vicios y virtudes. Hasta aquí creo que estamos de acuerdo, ¿no?

¿Cuando empezó esa guerra? ¿Quién la empezó? ¿Por qué? ¿Qué intereses se ponían en juego? ¿A quién le interesa esta guerra? No sé si tendré respuestas para estas preguntas y, tampoco, si son las preguntas correctas que habría que hacerse. Seguramente habrá otras más interesantes. Intentaré dar respuesta a estos interrogantes. Aunque no me considero machista, no puedo negar mi sexo con lo que puede ser que, inconscientemente, se me pueda deslizar algún comentario de ésta índole. Mis disculpas por adelantado.

Haciendo un repaso histórico -la historia me apasiona- nos encontramos que el papel que se le ha asignado a la mujer en la mayoría de las civilizaciones ha sido el de "ama de casa" y al varón, el de "guerrero". Uno reina en el exterior y el otro en el interior. Uno "gana", el otro "administra".

Pero si observamos a la madre naturaleza veremos que el papel del "macho" es secundario. En la naturaleza el papel principal es el de la "hembra"; y lo es, en tanto y en cuanto, es ella la que asegura la continuidad de la especie. Cierto que los machos se visten con los ropajes más llamativos, más pomposos, pero sólo sirven como "fecundadores". El macho, con su arrogancia, a la naturaleza le importa un pepino. La hembra es menos llamativa porque de esta manera pasa más desapercibida antes sus posibles depredadores. No olvidemos que solo la especie humana utiliza el sexo de dos maneras distintas: para procrear y por placer.

Genéticamente ocurre otro hecho curioso: el cromosoma más importante es el X y no el Y; su importancia es tal que es el cromosoma X el que determina el sexo del futuro recién nacido. Esto hace que existan más hembras que machos. Siguiendo con este razonamiento, el mito bíblico se cae por su peso: Eva no nace de la costilla de Adán sino al revés. La teoría, admito, es mucho más compleja pero la idea es esa.

Históricamente, el pueblo que más y mejor igualó a la mujer con el hombre, aunque parezca mentira, fue el egipcio. En el antiguo Egipto la mujer podía administrar sus bienes, ser propietaria, divorciarse e incluso tenía derecho al aborto. En Grecia la situación dependía de cada Polis y en Roma, su poder, aunque de puertas para adentro, era muy superior a los pueblos de su entorno. No olvidemos el contexto histórico.

En la Edad Media, con el cristianismo, tenemos el ataque más tremendo a la dignidad de la mujer. En primer lugar, se la hace responsable de todos los "pecados" que cometen los hombres y, en segundo lugar, se le niega la educación: "mujer que sepa leer y escribir de ella no se puede esperar nada bueno", rezaba un dicho de la época. Es a partir de este periodo cuando se instaura la "falocracia" al consolidarse el "patriarcado". Habrá sus excepciones, pero serán eso.

El salto nos lleva a la Revolución Francesa, donde empiezan los movimientos reivindicativos de las mujeres. Su grito más famoso lo podemos encontrar en el artículo X de la declaración de las mujeres de Olympie de Rouge: "La mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener igualmente el derecho de subir a la tribuna".

A partir de este momento, y a lo largo de los siglos siguientes, empezarán los movimientos feministas, con distintos matices, a surgir.
Ya termino con mi recorrido histórico-biológico, no pensaba que fuese tan largo, y regreso al principio.

Pienso, que al margen de los intereses de los hombres, de las religiones, de la educación, una parte de la culpa ha sido de las propias mujeres, es más creo que aún lo sigue siendo. Por supuesto, el varón no está exento de ella. Repartamos culpabilidades al 50%.

Al varón, en su egoísmo, le ha venido muy bien que la mujer tenga ese papel secundario, pero es que la mujer, con su sumisión, ha fomentado éste. Es cierto, ha habido mujeres que destacaron en la literatura, en las ciencias, en la política... pero, si nos fijamos con atención, adoptaron en muchos casos posturas masculinas (vestimenta, hábitos, etc.). Todas se arriesgaron a ser rechazadas por la sociedad de su tiempo, muchas veces lo fueron; las peores críticas, el cerrajón más feroz, sus mayores detractoras fueron las propias mujeres.

Los movimientos feministas, con todos mis respetos, están cayendo en un "machismo" feminista al radicalizarse. No me sirve que se le eche la culpa al sistema, a los hombres, etc. Cuando se grita, se pierde la razón y los gritos, al igual que la razón, son asexuados. La sinrazón es la misma para los dos grupos.

Que las mujeres tengan que tener paridad en los gobiernos, en las listas electorales, por ley, no deja de ser una vejación. La mujer tiene, por sí misma, el mismo derecho que el hombre a estar en esos puestos. Debe ser la preparación, la inteligencia, el saber estar, el saber hacer, la profesionalidad lo que sea determinante y esto no tiene nada que ver con el sexo.

Mientras que los hombres y las mujeres no dejemos de hacernos la competencia, siempre habrá alguna mujer y algún hombre que se aproveche de ello. Esta lucha absurda seguirá perpetuándose y los culpables seremos, si ninguna duda, nosotros mismos (y cuando digo "nosotros " y "mismos", incluyo a ambos géneros). La única diferencia que admito es la biológica.

Quedan en el tintero más respuestas. Pasará tiempo para que esta desigualdad desaparezca. El hombre y la mujer no tienen porque tener intereses encontrados; al igual que no tienen porque asumir papeles diferentes, salvo el determinado por la biología, en la sociedad.

Espero y deseo que mis hijos tengan la suerte de vivir en un mundo en que esta diferencia, que tanta tinta está gastando, pase a ser un mal recuerdo. Por supuesto, si es que hemos sido capaces de sentarnos a hablar, a escuchar, y no aparecen más locos, iluminados por la deidad, que hagan estallar nuestro maltrecho planeta.

Meria

Este artículo tiene © del autor.

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