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LA NOCHE EN MALLORCA

Luces y Sombras de Dos Islas

Bartolomé Adrover Guerrero

España



LA NOCHE EN MALLORCA

La noche Mallorquina
es inmensamente negra,
bordada de aromas plateados y azules,
pululan por sus aires
sonidos, extraños ecos y los cantos de los búhos.
La noche Mallorquina es toda magia,
se pueblan sus cielos de mariposas doradas,
pétalos de nenúfares incandescentes
mientras reposa la fauna marina
en las orillas de sus playas,
tiñendo los aires del inconfundible sabor del mar,
cánticos de aquellos que surcaron sus aguas
y si el olfato no me engaña,
el inconfundible aroma de los cirios
que alguien encendió al Cristo de la Sangre.

Los viejos pinos, mueren junto al mar,
clavando en las arenas de cristal sus agujas,
mientras las aguas aúllan a la luna
la vieja canción del verano Mallorquín.

Flotan entre olas
las notas de ámbar de aquella guitarra
que un campesino de arenas
dedicó a la sombra del olivo.

Luna y concierto,
sólo dos palabras,
dos palabras para definir tu noche.
¡Oh, bella!
Tú, isla de luz.

Amanece,
en la playa Mallorquina,
tumbado junto a la última botella de tinto
que descorché.
Los primeros rayos disuelven las sombras,
tiñen de su color dorado natural las arenas.
Alzo mi vista,
que se pierde al fondo de la bahía,
veo desmoronarse aquel viejo edificio,
la catedral.

¡Claro! Acabo el agosto,
un nuevo rey puso la primera piedra,
después de todo
las catedrales fueron creadas en agosto,
los agostos fueron creados
para plantar las piedras de las catedrales
y los astros flotan en enormes playas
pobladas de caracolas
y las estrellas de mar que se extinguieron.

Bartolomé Adrover Guerrero

 

LA NOCHE EN LA HABANA

La Habana, cuando anochece
Es bella como nunca.

La noche habanera es especialmente cálida,
Sus calles se tornan silenciosas, vacías,
Mas si nos acercamos al mar,
La brisa nos trae voces de leyenda,
Gritos de náufragos,
Cantos de sirenas.

La Habana de noche,
Cuando hay luz

Es una fiesta.
Es mi París, mi Londres, mi Venecia.
Es las farolas mortecinas,
Los portales vigilados,
Los pasos sigilosos del ladrón de besos,
Los anuncios donde siempre faltan letras
Iluminando tantas tendederas.
Es la alegría de estar vivos,
De celebrar sin tener necesidad de más pretexto que
La música que escapa de una ventana,
Ensordeciendo el acelerado paso de las horas.

La Habana de noche,
Cuando no hay luz,
Depende de las fases de la Luna.
Es mi reino encantado,
Mi Nunca Jamás,
Mi Oz, mi Ofir,
Mi Vía Láctea,
Sinfonía de sonidos en misterio,
Pálidas luces en el interior de las casas,
Provenientes de quién sabe cuántas velas,
La búsqueda del sueño que se niega a visitarnos
Mientras las horas parecen detenerse.

La Habana, al caer la noche,
Entre luces o en penumbra,
Es salir a los balcones,
Con esa taza de café que nos compensa del cansancio,
Huyendo del calor,
A contemplar caminos trazados por estrellas fugaces
Olvidando casi siempre,
Que debíamos haber formulado aquel deseo:
“Por favor, Dioses que rigen mi destino,
No me aparten nunca de ella”.

Marié Rojas

Este artículo tiene © del autor.

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