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Karma, reencarnación y panteismo

César Rubio Aracil

ESPAÑA



A mi amigo Denis Roland Jurado.

INTRODUCCIÓN

Vamos a intentar sintetizar el significado e interrelación de los tres conceptos que forman el título de este ensayo que, forzosamente por razones de espacio y efectividad, habrá de ser breve.
Comoquiera que están bastante popularizadas las ideas de karma y reencarnación, que existen numerosos tratados que hablan del mismo asunto, libros más o menos rigurosos y otros muchos que sólo buscan el efecto comercial, revistas, folletos, opúsculos y Dios sabe cuántos modos de comunicación impresa y sonora, nos hemos permitido el atrevimiento de ofrecer también nuestra opinión, por aquello de que en la diversidad se halla el motivo que hace posible el contraste y, por tanto, la apertura mental. Además, la tendencia en este caso apunta por lo general en una sola dirección: después de nuestra muerte física se abrirá un más o menos largo proceso transformador en otros planos y a diferentes estados de conciencia, que desembocará en la reencarnación. No en todas las religiones habrá coincidencia de criterios (casos del Hinduísmo, Budismo y Jainismo), pero en lo fundamental, sí. Nosotros sin embargo, pretendemos ofrecer otra alternativa, aunque de antemano advertimos que se trata de una especulación más, como todas aquellas que no se pueden prestar a la verificación de laboratorio.
Hablar se puede y se debe de hacer dentro de un orden que guarde un mínimo de lógica, o al menos de sentido común. Ello favorece el enriquecimiento y frena el dogmatismo. Toda persona que duda está abriéndose a un universo contingente, es decir, a la posibilidad; porque buscar verdades absolutas nos arrastrará indefectiblemente a la intolerancia, lo que de ningún modo podemos admitir. De ahí que este apunte para estudio pretenda motivar al posible lector a la reflexión partiendo de variadas ideas. Ese es nuestro propósito y confiamos en que se nos comprenda.

DEFINICIONES 

Consideramos conveniente que antes de comenzar nuestra investigación nos pongamos de acuerdo en el significado de los conceptos, de lo contrario podríamos entrar en colisión nada más iniciar el estudio. Por tanto vamos a buscar las definiciones que nos interesa conocer.

Karma: (*)
En el Hinduismo y en el Budismo, el karma, es, en cierto modo, el peso de los actos y pensamientos acumulados durante la vida individual, que acompaña luego al individuo durante sus sucesivas existencias. Al parecer, en el Budismo es el conjunto de los elementos constitutivos del karma lo que expresa la vida individual; en cambio, en el Hinduísmo la entidad individual es el soporte del karma. Para los jainistas el karma es el propio vínculo que une al cuerpo físico con el alma. Pero, en todos los casos, el hombre que logra eliminar su karma, queda liberado y alcanza el Nirvana.

Reencarnación:
Se trata de una doctrina cuyo soporte converge en la creencia de que el ser humano, al nacer impuro, deberá regenerarse espiritualmente en la tierra durante el tiempo que sea preciso a través de sus numerosas vidas, hasta alcanzar la purificación total. Para ello reencarnará en diferentes cuerpos a lo largo del tiempo, vida a vida. Existen, según las diversas religiones y credos, distintos matices interpretativos en cuanto al proceso se refiere, pero en el fondo se coincide generalmente con lo expresado.

Panteísmo:
Sistema de los que creen que la totalidad del universo es el único Dios.

NUESTRA IDEA, PASO A PASO

Cuestiones previas.

Adviértase que decimos nuestra idea y no nuestra creencia; porque creer, según el D.R.A.E, significa Tener por cierta una cosa que el entendimiento no alcanza o que no está comprobada o demostrada.
En este trabajo nadie podrá decir que aseguramos nada. La verdad puede ser múltiple dependiendo del ángulo de visión desde donde se contemple la realidad, del estado de ánimo o de las circunstancias que rodeen al observador. No dudemos que la observación tal como la concebimos (observador por un lado y objeto por el otro) resultará siempre subjetiva. Una observación omnijetiva -es decir, sistema de observación en el que observador y objeto toman la forma de unidad-, es en la práctica inviable referida al hombre ordinario. Por tanto, la realidad no existe en términos absolutos. Y como no queremos de ningún modo caer en el vicio del dogmatismo, diremos que cualquier idea razonablemente argumentada podrá o no ser cierta, a falta de una verificación seria que la avale.

Investiguemos.

Científicamente se dice que en el universo nada se crea ni se destruye sino que todo se transforma. De acuerdo. Prosigamos, punto por punto desarrollando nuestra idea.

1) Al morir, el hombre (como cualquier ser orgánico) se descompone en las diferentes partes minerales de que está formado, lo cual viene a significar que la complejidad que posibilitó su conciencia ya no existe. Sabemos todos que el potencial de conciencia de los seres viene determinado por la gradual complicación de la trama de la materia. Un infusorio por ejemplo, es un ser muy complejo porque para que la vida se manifieste en esa forma tan simple, se requiere de una variadísima gama de reacciones bioquímicas. Pero un conejo, cuya conciencia es mucho más elevada, exigirá mayor complejidad en su química orgánica, y así hasta llegar al hombre, súmmum de la conciencia universal conocida, cuyas neuronas harán posible el milagro de su inteligencia y sentido más amplio de la percepción. Hasta este punto no creemos que haya discrepancia. Sin embargo, al referirnos a los posibles estados post mórtem sí que podremos hacernos unas cuantas preguntas como, por ejemplo:
¿Qué soporte físico puede existir después de la muerte, cuando la dislocación orgánica y de la forma han culminado? Porque es evidente que la conciencia por sí sola no puede darse; necesita del cuerpo que la sustente. Y siendo esto así, ¿cómo es posible que se dé el proceso evolutivo hasta llegar a la reencarnación? Los ocultistas dirán que por los cuerpos sutiles: Etérico, Astral, Mental inferior y Mental superior, cuerpos éstos compuestos de materia mucho más sutil, pero materia al fin y al cabo. Como no estamos en condiciones de afirmar ni de negar nada en este sentido, lo aceptaremos como posible, dando con ello una muestra de tolerancia, aunque somos conscientes de que nuestra permisividad va más allá de lo aconsejable. Porque, aun admitiendo como contenedores de la conciencia formas físicas tan sutiles como los llamados cuerpos Emocional y Mental, éstos deberán disponer de algún órgano (cerebral y nervioso) que haga posible la manifestación de la referida conciencia.

2) Los estudiosos de las llamadas ciencias ocultas aseguran que, después de muerto el hombre y superados los pasos previos necesarios, el desencarnado vivirá primero la etapa emocional en el plano Astral y posteriormente los estados mentales correspondientes, hasta que al fin, después de haber pasado por el Devachán o cielo compensatorio (estado de conciencia en el que el ser se recreará en las delicias de su efímero paraíso), el skanda o semilla de su individualidad reencarne de nuevo. De este modo, mediante el aprendizaje en otra vida, y después en otra y en otras, alcanzará al final su integración en el Todo.

3) Desde nuestro punto de vista, lo tratado en los dos párrafos anteriores se ajusta netamente a la concepción cartesiana de un universo compartimentado, es decir, se trata de una visión reduccionista de la realidad. Nosotros pensamos hoy que el universo no es, como desde hace tres siglos se ha creído, una gran maquinaria de relojería en la que cada una de sus partes participa aislada o separadamente del conjunto. Más bien aceptamos, a la luz de los descubrimientos portentosos de la física cuántica y relativista, que la parte lleva en sí la información del todo. Para ser más claros pondremos un ejemplo. Supongamos una fotografía holográfica. Si la cortamos en trozos más o menos grandes, cada una de las partes, al aplicarle adecuadamente mediante las correspondientes técnicas un rayo láser, volverá a reflejar la fotografía entera y no la parte ampliada. Aprovechándonos de este símil, diremos que todo en el universo está interrelacionado. Nuestras células contienen la información de toda la creación. Es como si en cualquier lugar del cosmos estuviera escrito el proceso, secuencia a secuencia, evolutivo; únicamente que para que el mensaje pueda descifrarse se precisa de cada vez más elevadas cotas de organización, cada vez más complejidad hasta poder desentrañar los misterios del universos desde que se produjo el estallido inicial. Pensamos que nadie está dotado de tan elevado poder perceptivo como para conocer tanto misterio, pero sí que de algún modo la parte, repetimos, contiene la información del Todo.

4) Dice Jean Charon (notable físico teórico francés) más o menos, que los electrones humanos están impregnados del psiquismo de cada ser. Por tanto, si aceptamos esta teoría, mis átomos, cuando yo muera, serán portadores de mis experiencias.

5) Y siendo así que cualquier acto humano puede quedar registrado en alguna parte (Noosfera del padre Teilhard de Chardin o Inconsciente Colectivo de Carl G. Jung), ¿por qué no pensar entonces en la configuración de sistemas atómicos que contengan la experiencia de múltiples seres? Si así fuese, la nueva conciencia sería una síntesis de varias experiencias. Naturalmente todas estas ideas -volvemos a insistir- no son más que producto de la especulación aunque ajustadas a una cierta lógica. Pero también las teorías reencarnacionista y kármica son especulaciones que nadie ha podido probar como ciertas.
Como este breve trabajo no pretende ir más allá del apunte para una posible reflexión sobre el asunto, llegaremos rápidamente a la siguiente conclusión: Tanto derecho tiene el ocultista de defender su idea de que el individuo humano puede reencarnar innumerables veces, hasta alcanzar el Nirvana, como nosotros de pensar en la posibilidad de que cada ser aporte su experiencia que, unida a la de los demás seres haga avanzar a la especie en su desarrollo, tributando de este modo a la Vida por el favor de cada existencia. De ese modo, cada uno de nosotros estaremos presentes en el universo, no con nuestra personalidad de ahora, no con nuestras características, no, sintiendo como en la actualidad sentimos. Sí, organizados en nuevos sistemas. Resultaría algo así como si la Vida decidiera: "Voy a enviar globos sondas al universo, para que cada uno de ellos traiga a mi seno una experiencia nueva que me enriquezca". Y nosotros, que nos creemos reyes del cosmos, no seríamos sino servidores de un fabuloso orden universal del que participamos. Esta idea la creemos más generosa que buscar por la vía de la individualidad el motivo de sentirnos eternos como seres.
¡Qué bonito y poético pensar que soy mar y fuego, fuente de la montaña y árbol en flor; y que las rosas llevan por su savia aunque sólo sea un atisbo de mi emoción, cuando un día yo, junto al macizo floral de un jardín cualquiera, besé a la mujer que amo!

(*) Manual-diccionario de esoterismo. HERVE MASSON, Ediciones Roca, México 1975

Este artículo tiene © del autor.

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