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LA VIDA DEL MIEDO

Valentín Justel Tejedor

España



P R O L O G O

INTRODUCCION

La violencia de género en nuestro país está alcanzando cotas realmente preocupantes; así, a pesar de haberse tomado importantes medidas de prevención por parte de los poderes públicos, los dramáticos índices de este trágico fenómeno no parecen disminuir.

La base del problema radica en una dinámica psico-social erróneamente adquirida por el individuo, es decir, existen dos componentes que intervienen en este fenómeno, por una parte, la propia conciencia de algunos individuos, que a través del aprendizaje vital han ido adquiriendo una serie de comportamientos equívocos y desviados en cuanto al rol que verdaderamente les corresponde desempeñar en el núcleo de la relación conyugal.

Y por otra parte, la implantación errónea en las propias bases de la sociedad de que ésta se rige por criterios de carácter machista. Así, en el primer supuesto cabría hablar de conductas por imitación en el entorno más próximo al individuo; conductas fundadas en los principios más insolentes del machismo como forma de comportamiento humano; o simplemente cabría hablar de conductas endógenas desarrolladas por propia convicción y de origen igualmente machista.

En el segundo plano comentado, hablaríamos de un comportamiento desgraciadamente arraigado en la sociedad española desde hace tiempo atrás, que incluso nos ofrecía manifestaciones jurídicas que hoy en día y gracias al avance de la sociedad parecen ciertamente ancestrales, así como ejemplo, cabe citar que la mujer española necesitaba permiso marital, allá por el año 1975 para poder trabajar, todo ello dentro de un contexto político - social muy distinto al actual.

Así, la cultura del machismo se imponía en esa época y la mujer aceptaba tácitamente sus condiciones, sin embargo esta aceptación tácita en la mayoría de los casos, se contraponía paradójicamente al espíritu de “lucha” pacífica por parte de un menor número de mujeres, pero quizá con mayor resonancia social en defensa de los legítimos derechos e intereses de la colectividad femenina; en efecto, resurgían con fuerza los movimientos feministas o defensores a ultranza de los derechos laborales, asistenciales, o de cualquier otra naturaleza en favor de la mujer.

De este modo, los cambios experimentados en la sociedad española en los últimos decenios, alentados por el desarrollo de las libertades públicas y sobre todo por el incesante avance del derecho a la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer, parecen estar consiguiendo que aquellos individuos que mantenían su anacrónico sentido de la soberanía marital, y por ende, del machismo exacerbado, se mantengan hoy en un espacio de incomprensión e intolerancia por parte de una sociedad evolucionada y moderna, que parece que si es capaz de asimilar e incorporar a su dinámica de vida, un hecho tan evidente como es la plena igualdad jurídica entre sexos.

Estos individuos inadaptados al sistema establecido por las nuevas formas de vida, y que sitúan a la mujer en igualdad de condiciones que al hombre, manifiestan su disconformidad a través de la llamada violencia de género, es decir, tratan de hacer valer sus propias convicciones personales sobre el derecho a la igualdad mediante reacciones violentas, ya sean estas de carácter psíquico o físico, con la única finalidad de que sus tesis sean aceptadas, aún por la fuerza por parte del otro cónyuge, a pesar de su ilegitimidad. No hay duda, que nos enfrentamos a individuos afectados por algún grado de psicopatía, trastorno o enfermedad mental, que requieren un tratamiento psicológico o psiquiátrico adecuado.

En algunos momentos, se ha llegado a hablar del fenómeno del machismo como un hecho biológico inherente a la condición del varón. Ahora bien, buscar causas internas o innatas es un tema complicado y quizá, lo más acertado sea buscar causas exógenas.

Por tanto, no es menos hombre el que respeta los derechos de la mujer.

Así, a medida que la sociedad española ha ido evolucionando política y socialmente, la repercusión de este fenómeno en el propio individuo le acercaba más a la realidad social, así este avance en el cambio de tendencia ha venido propiciado por un incremento de las libertades en todos los ámbitos y especialmente en el de la mujer, una mayor regulación del problema por parte de los poderes públicos y una innegable sensibilización social, a la que han contribuido de forma decisiva los medios de comunicación, como informadores de la nueva dinámica social y política.

En definitiva, el fenómeno de la violencia de género tiene una serie de causas, que no son objeto de análisis en este prólogo y una serie de consecuencias que día a día están sensibilizando a una sociedad como la nuestra cada vez más activa y solidaria con lacras de esta naturaleza ya sea la propia violencia de género, ya sea la inmigración ilegal, o ya sea el terrorismo.


ESTILO DE LA NOVELA

La obra se encuentra redactada en un estilo indirecto para, de este modo, incrementar la sensación de tensión existente a lo largo del relato, pasando al estilo directo o dialogado sólo en aquellos momentos en que el propio autor quiere imprimir un mayor dinamismo y dramatismo a la obra; la combinación de ambos estilos confiere un ritmo a la composición que podríamos calificar de senoidal; asimismo el autor consciente de la tensión experimentada por el lector evade a éste último en momentos concretos y separados por idénticos tramos, mediante la utilización de descripciones cuasi-poéticas que realiza de las ciudades donde se va desarrollando la trama argumental.

ESTRUCTURA DE LA OBRA

La estructura responde a un patrón clásico de antecedentes, causas, efectos, y desenlace. Así cada uno de estos elementos se encuentran ubicados siguiendo el ritmo de la obra anteriormente descrito, conformando una estructura aritmética separada por intervalos prácticamente idénticos.
Existen compartimentos estancos dentro de la obra que se corresponden con cada cambio de residencia de la protagonista. La novela de esta forma se configura como una historia sinfín, en la que su final es difícil de determinar.


 EL TRASFONDO DE LA NOVELA

 La obra recoge en su trasfondo dos graves problemas existentes en la sociedad española actual; por un lado el fenómeno de la inmigración ilegal, que se manifiesta a través de los propios personajes La otra cuestión abordada en el texto de la obra, es el maltrato psíquico y físico a los más desfavorecidos, y en especial a las mujeres; y las consecuencias y secuelas que conllevan este tipo de conductas antisociales.

 Gregoria Iturralde Freire


Esta novela esta dedicada a todas las víctimas, que hayan padecido cualquier género de violencia.

 



Esa calurosa tarde del mes de Agosto, todo parecía tranquilo en la ciudad marroquí de Tánger, sin embargo esa calma se volvía tensa, en una de sus cercanas playas llamada Ksar Sghir, donde se encontraban reunidos varios ciudadanos africanos, en torno a una pequeña embarcación con las cuadernas maltrechas y con un motor fueraborda de escasísima cilindrada, en su interior se hallaban gruesos listones de madera a modo de remos y unas bolsas de comida.

Sobre las diez de la noche llegó a aquel lugar el patrón de la minúscula embarcación, que cobró más de seiscientos euros a cada uno de aquellos jóvenes, sin más equipaje hacia una nueva vida que sus vestimentas y una exigua cantidad de dinero.

Entre ellos se encontraban Majali y Zoe, que se habían conocido tan sólo unos pocos meses antes de aquel momento, en su país, una pequeña república enclavada en el mismísimo corazón del Africa Negra; ella contagiada por el espíritu optimista que mostraba Zoe respecto a emigrar a un país con mayores oportunidades, decidió seguirle por amor y así juntos afrontar una vida más digna.

Así cuando el reloj marcaba las veintitrés horas, todos los allí reunidos empujaron con fuerza la embarcación hasta la orilla y la hicieron a la mar.
Muchos de ellos apenas sabían nadar e incluso ignoraban la distancia que les separaba de su nuevo destino.

Iniciada la travesía parecía que el Estrecho de Gibraltar se encontraba en calma, pero pronto comenzó a soplar un fuerte viento de Levante que elevaba las olas formando las características palomillas o borregos, consiguiendo momentos después, que debido a las turbulencias aquel frágil y descaballado motor dejara de funcionar.

El miedo se apoderó de todos los ocupantes de aquella embarcación, que impotentes ante la situación no sabían como reaccionar, alguno de ellos cayó por la borda en aquel mar terrible y enfurecido, los demás entre sollozos y desesperación remaban como podían con aquellos largueros de madera a modo de remos; al fin y tras vivir momentos de verdadera angustia consiguieron alcanzar su destino sobre las cinco de la madrugada: la Costa Española.

Empapados y exhaustos por el viaje los supervivientes decidieron esconderse entre unos matorrales próximos a la playa, allí descansaron durante varias horas para después emprender viaje hacia ninguna parte.

Cada uno de ellos tomó un rumbo distinto Majali y Zoe juntos decidieron dirigirse hacia el Sudeste Español y más concretamente hacia uno de los municipios que albergaba mayor número de inmigrantes africanos.

En su país, algunos amigos les habían indicado que era un buen lugar para establecerse, pues se necesitaba mucha mano de obra, especialmente para las tareas agrícolas.

Una vez llegados al municipio nuestros protagonistas se dirigieron al Centro Social donde tenía su sede la Asociación de Inmigrantes Africanos, allí les acogieron con suma hospitalidad y les procuraron alojamiento provisional. A la mañana siguiente, les ofrecieron sendos trabajos que les sirvieran de sustento para iniciar su proyecto de vida en España.

Así, pasaban los días entre duras jornadas de trabajo, hasta que meses más tarde Majali y Zoe pudieron acceder a una pequeña casa rural en las afueras de la población.

Cada vez la sensación de estabilidad económica era mayor, lo que generaba una gran ilusión por continuar desarrollando ese nuevo estilo de vida, alejado de la suma miseria y pobreza.

Paralelamente, la relación entre Majali y Zoe crecía sobre unas bases cada vez más sólidas de entrega y amor; transcurrido un periodo relativamente corto de tiempo decidieron contraer matrimonio y meses más tarde tomaron una importante decisión: concebir un hijo.

Todo marchaba muy bien en la vida de nuestros protagonistas hasta que un inesperado incidente iba a cambiar el rumbo de la vida de Majali y Zoe.

Así, una tarde que Zoe regresaba de su trabajo en el campo, como tantos otros días, en un viejo Renault 4 TL, destartalado, en el que las marchas entraban por la fuerza, y el motor gruñía emitiendo un sonido que se asemejaba más al de un viejo tractor que al de un automóvil; Zoe estaba en compañía de otros inmigrantes; así, mientras conducía se giró unas décimas de segundo para responder a una pregunta de un compañero situado en el asiento trasero del vehículo, y en ese mismo instante un niño que trataba de alcanzar un balón de fútbol, que habían lanzado a la calle sus amigos fue atropellado por el coche de Zoe.

El pequeño quedó completamente tumbado en el asfalto, Zoe inmediatamente bajo del vehículo para auxiliar al niño; pronto una gran multitud rodeaba el lugar del accidente, todos los allí presentes temían lo peor, pues el tiempo parecía congelarse, en aquellos trágicos momentos los segundos parecían horas; de repente se escuchó el inconfundible sonido de la sirena de una ambulancia medicalizada, que se dirigía velozmente hacia el lugar de los hechos, había sido llamada por una vecina que nada más presenciar los hechos, telefoneó a través de su aparato de telefonía móvil al número de emergencias 112. 

Al llegar los efectivos del servicio de urgencias Zoe se encontraba sosteniendo entre sus brazos al pequeño, con la esperanza de que el hilo de vida que parecía subyacer en el menor no se quebrara.

Momentos después apareció una patrulla de atestados de la Guardia Civil. Zoe todavía aturdido por la situación explicó a los agentes de la autoridad lo ocurrido. Inmediatamente le sometieron a la preceptiva prueba de control alcoholométrico para obtener su nivel de alcohol en sangre, resultando ésta negativa.

Zoe solicitó a los agentes que en todo momento le mantuvieran informado de la evolución del menor, y así tras elaborar el croquis y el atestado del accidente se dirigieron al cuartel para que Zoe prestara declaración.

Mientras declaraba en las dependencias del cuerpo, una multitud de vecinos encabezada por el padre del menor se agolpaba en las inmediaciones, gritando repetidamente: ¡ ASESINO! ¡PARA ESO VENIS AQUÍ! ¡VOLVER A VUESTRA TIERRA!

Esa misma noche un grupo de hombres armados penetró en la vivienda donde se encontraban Majali y su hijo.

Así, sin mediar palabra y ocultando sus rostros comenzaron a destrozar por entero el interior de la morada, Majali estaba aterrorizada, cogió a su hijo en brazos y se escondió en un pequeño hueco de la despensa, mientras aquellos hombres enfurecidos y cargados de ira arrasaban la vivienda, al salir rotularon la fachada de la casa con un spray la frase decía: “AQUÍ VIVE UN ASESINO”.

Majali lloraba desconsoladamente, en el interior de la vivienda acurrucada, mientras sostenía entre sus brazos a su hijo, minutos más tarde se acercaron a la casa vecinos africanos y algunos españoles para mostrar su apoyo y consolar a aquella mujer que se preguntaba el porqué de aquel acto de xenofobia y barbarie. Los vecinos más tarde consiguieron explicar a Majali lo sucedido....

A la mañana siguiente Zoe regresó a lo que quedaba de su casa y al entrar abrazó fuertemente a su mujer y a su hijo, mientras le decía a esta :

- No llores mujer, todo ha sido fortuito, ya veras como pronto se calmarán los ánimos.

Zoe acudía todos los días al hospital donde se encontraba ingresado el pequeño para interesarse por su evolución, aún a riesgo de ser increpado e incluso en alguna ocasión agredido por los familiares, que no deseaban su presencia en aquel lugar.

Afortunadamente el pequeño se recuperó en pocas semanas, pues tan sólo tenía un pequeño traumatismo craneoencefálico y fractura de extremidad inferior.

Los vecinos de aquella localidad se mostraban crispados por aquel incidente, que según ellos era uno más de todos los que se venían sucediendo y que achacaban a los inmigrantes.

Majali y Zoe se volcaron en atenciones con el pequeño accidentado, y le hacían llegar a través del correo juguetes, cuentos, etc.

Reiteradamente Zoe era insultado y amenazado por algunos vecinos, lo que originó que éste comenzara a refugiarse en el alcohol para evadirse de aquel acoso al que era permanentemente sometido.

Majali aunque tenía mucho trabajo dentro y fuera de casa observaba como su marido día a día, estaba cambiando, así la simpatía y cordialidad que habían sido la tónica dominante en su personalidad se tornaban en brusquedad y apatía.

Por las noches comenzaba a llegar tarde a casa sin dar explicaciones del porqué de su retraso injustificado, y cuando Majali le preguntaba al día siguiente los motivos de su tardanza este le respondía que no se entrometiera en sus asuntos.

Así, la ingestión de alcohol que en un primer momento era ocasional se convirtió paulatinamente en habitual, lo que originó la pérdida del trabajo de Zoe.

Majali era la única que llevaba un jornal a casa trabajando en aquella fábrica envasadora de frutas y hortalizas.

Lógicamente, a Zoe aquella situación no le agradaba demasiado, pues era mantenido por su propia mujer, y para un hombre de sus convicciones resultaba difícil de asimilar.

Majali a pesar de las circunstancias sobrevenidas mantenía su amor incondicional hacia Zoe apoyándole para que tratara de olvidar aquel desgraciado incidente y retomara la vida tan maravillosa que le estaba aguardando. Sin embargo, Zoe continuaba con su dinámica de vida sin atender a ninguna otra cosa que no fuera el alcohol.

En una ocasión, Majali se encontraba durmiendo en la casa, pues era una hora muy avanzada de la madrugada; Zoe irrumpió en la vivienda profiriendo gritos y amenazas debido a su estado de embriaguez Majali se levantó para tratar de hacerle entender que era una hora muy intempestiva y que debía guardar silencio.

Pero, Zoe sintiéndose recriminado golpeó primero en la cara y después en el cuerpo a Majali propinándole una monumental paliza; tal envergadura alcanzó la brutal agresión que se personaron en el domicilio conyugal varios agentes de la policía local, alertados posiblemente por los vecinos.

Majali fue conducida a un hospital cercano para ser curada de sus heridas y hematomas, mientras el agresor fue conducido a la comisaria de policía para tomarle declaración.

Una de las agentes preguntó a Majali si quería protección, y que de cualquier modo rellenara uno de aquellos formularios tipo para prestar auxilio a las víctimas de malos tratos.

Majali a pesar de su estado dijo a la agente de la autoridad que no deseaba presentar denuncia contra su marido, y que los hechos fueron motivados por la ingestión de alcohol por parte de Zoe.

Al día siguiente Zoe compró unas flores y pidió disculpas a Majali por lo ocurrido, mostrándole su más sincero arrepentimiento.

Al escuchar aquellas palabras Majali le abrazó y se echó a llorar.

- No llores Majali, ya te he dicho que no volverá a ocurrir nunca más, le decía Zoe.

Así ese mismo fin de semana decidieron reunirse con unos familiares y amigos para celebrar su quinto aniversario de boda.

La fiesta era magnífica todos ellos cantaban y bailaban Majali y Zoe disfrutaban mucho y por unos momentos olvidaron su drama personal.

A la celebración habían acudido unos primos de Zoe venidos desde su país para la ocasión. Todos los asistentes se divirtieron mucho a lo largo de la velada; a eso de las cinco de la mañana se fueron a sus casas y Majali y Zoe se quedaron solos, en ese momento fue cuando recriminó Zoe a Majali el haber bailado con alguno de sus primos, entonces Majali rompió a llorar tratando de explicar su comportamiento como algo normal y dentro de los límites de la moralidad. Sin embargo, Zoe que había bebido unas copas no era de la misma opinión, y mientras el niño de ambos lloraba desconsoladamente Zoe trató de hacer entender a Majali sus falsas creencias por medio de la fuerza, así se volvieron a repetir las escenas de violencia, Majali le suplicaba que la dejara en paz, pero Zoe en estado ebrio era incapaz de escuchar nada y se limitaba única y exclusivamente a vengarse de lo que el entendía que era un ataque contra su orgullo y dignidad como hombre.

Majali después de la agresión sólo tenía fuerzas para acallar a su hijo que no paraba de llorar tras presenciar aquella dura escena de violencia.

Así iban transcurriendo los días y Zoe repetía una y otra vez las vejaciones y agresiones contra su mujer, habiendo traspasado la barrera de la ocasionalidad para instalarse en la habitualidad. Zoe ya ni se molestaba en pedir disculpas.

Majali se sentía muy afectada psicológicamente por aquella situación, que todo el mundo en el pueblo conocía.

Sin embargo, ella soportaba la situación, por un lado, con la esperanza de que algún día Zoe cambiara su actitud, y por otro lado, por el amor que le profesaba, ya que, para ella la vida sin Zoe, no tenía sentido alguno.

Ahora bien, a medida que pasaba el tiempo, Majali se resentía más y acusaba con mayor profundidad aquella situación, sus amigas se interesaban por ella preguntándole porque de un tiempo a esta parte había cambiado tanto, porque estaba tan callada, sin ilusión, y también más desmejorada; ella les contestaba que todo ello respondía a los problemas con el alcohol que arrastraba su marido y a los problemas económicos que atravesaban.

La situación paulatinamente se iba deteriorando cada vez más, y un nuevo hecho iba a desencadenar un cambio de rumbo en la vida de nuestros protagonistas.

Una tarde de domingo Majali regresó a casa antes de lo previsto, sus amigas del club de inmigrantes la acompañaron hasta la puerta de su casa, tras despedirse de ellas penetró en la vivienda, caminaba por el pasillo cuando escuchó unos leves jadeos que provenían del dormitorio, atónita se acercó hasta el lugar y al abrir la puerta de la habitación descubrió a su marido en la cama con otra mujer, al observar aquella escena no reaccionó y al girarse para volver hacia la entrada de la casa, tropezó con uno de los juguetes del niño. Al oír el ruido Zoe dijo a su acompañante espera.
¡ Déjame! Gritaba Majali una y otra vez, ¡No quiero volver a verte jamas! y mientras gritaba inopinadamente, aturdida por aquella situación sorpresiva iba recogiendo algunas de sus ropas y efectos personales.

Zoe con mucha sangre fría le decía:

- No te atreverás a hacerlo, sé que me quieres demasiado, nunca tendrás el valor suficiente de irte. ¡Ya Volverás !.

Majali salió muy deprisa de su casa arrastrando una pequeña maleta y fue a recoger a su hijo que se encontraba en casa de una amiga.

Majali en aquellos momentos de gran incertidumbre no sabia adonde acudir, ni que hacer, se dirigió a una pensión donde pasarían la noche ella y su hijo.

A la mañana siguiente al despertar Majali telefoneo a unos familiares con los que tenía escasos vínculos de consanguinidad, que vivían en París desde hacia varios años.

Les explicó su desesperada situación, y aquellos sin dudarlo, la animaron a que fuese a convivir con ellos, tanto Majali como su hijo.

Y así lo hizo, se desplazó en autobús hasta Barcelona y después en tren hasta París, uno de los familiares se acercó a la Gare de Austerlitz a recibirles.

Media hora después llegaban a casa de los familiares ubicada en el extrarradio al norte de la ciudad.

Allí encontró el cariño y el afecto que tanto necesitaba, al principio Majali se encontraba extraña en una ciudad que desconocía, una urbe populosa en contraposición al pequeño pueblo del que provenía, pero pronto comenzó a descubrir los encantos de la ciudad de la luz.

Poco a poco, y gracias a su dominio de la lengua francesa se iba adaptando con mayor facilidad a las costumbres del país.

Consiguió encontrar un trabajo a turnos en una pequeña tienda 24 horas cercana adonde vivía.

Los días transcurrían llenos de plenitud para Majali que había abandonado el ambiente hostil y desagradable que había estado soportando durante varios años, y ahora por fin podía disfrutar de la felicidad junto a su hijo.

Ambos daban largos paseos por los bulevares parisinos, llenos de encanto, con sus árboles desnudos, pues sus hojas formaban una vistosa alfombra vegetal de colores ocres y rojizos; bulevares que recogen el paso del tiempo y lo inmortalizan por medio de detalles centenarios como sus farolas, sus bocas de metro o sus adoquines, todos ellos fieles testigos de revoluciones, ocupaciones militares, y alzamientos; bulevares que acogen esos románticos restaurantes y cafés, que sirven de tertulia para la intelectualidad y también para las gentes sencillas de la ciudad del Sena.

Grandes avenidas y un ambiente entre cosmopolita y acogedor parecían envolver a nuestros protagonistas que disfrutaban de un valor que a cualquiera de nosotros podría parecernos banal: la libertad; sin miedos, sin amenazas, sin agresiones, sin violencia.

Así, Majali se encontraba feliz en su nueva vida, tratando de olvidar aquellos malos recuerdos de su pasado.

En la pequeña tienda donde trabajaba, todos los días acudía un muchacho a comprar alguna cosa para almorzar, Majali sin darse cuenta cada día charlaba más tiempo con aquel hombre que podríamos definir como amable, cordial, sincero y sobre todo con grandes dosis de simpatía Philippe era su nombre.

Después de dos meses de charlas a diario cada vez más largas, Philippe propuso a Majali salir con el una tarde a tomar café.
Ella en un primer momento rechazó tan amable invitación, pero Philippe con voluntad de hierro consiguió a las pocas semanas que Majali aceptara su ofrecimiento.

Así, en la tarde del sábado Philippe recogió a Majali y juntos recorrieron aquella maravillosa ciudad, subieron al Sacre Coeur, a la Tour Eiffel, se sentaron a charlar sobre los jardines de los campos de Marte, y finalmente acudieron al hipódromo.

Majali le decía a Philippe entre risas que era la primera vez que acudía a un hipódromo, Philippe le contestaba diciéndole que seguro que le iba a agradar.

Sentados en la tribuna la caída de la tarde hacia que el aire soplara más fresco y así, Philippe gentilmente coloco su chaqueta sobre los hombros de Majali, gesto que ella agradeció con un amable:
 
- Muchas gracias.

El espectáculo multicolor había comenzado los jinetes agachados sobre sus monturas parecían volar sobre aquella pista arenosa, dejando tras de sí un sinfín de huellas de herradura que parecían anunciar la buena suerte para nuestros dos amigos.

La llegada a meta por parte de las dos monturas favoritas fue emocionante, apenas unas milésimas de segundo les separaban a ambas.


Así tras presenciar aquel sensacional espectáculo Majali pidió a Philippe que la acompañara a casa, pues era la primera vez que dejaba solo a su hijo, aunque estuviera con sus parientes.

De este modo, en sucesivas ocasiones volvieron a quedar, para prolongar más las horas en común y de esta forma llegar a conocerse en profundidad.
Hasta el momento nada se sabía del todavía marido de Majali pues, éste permanecía en España.

Así, una tarde del mes de junio, tras más de seis meses de estancia en París Majali y Philippe se encontraban en el interior del vehículo de éste último charlando, pero alguien les observaba no muy lejos de allí.

Majali bajó del vehículo y entró en el portal de su casa, mientras que Philippe arrancó el coche y se dirigió a la suya.

Zoe consiguió seguir a Philippe hasta su domicilio y una vez allí se aproximó a la puerta para llamar al timbre.

- Ya voy, decía Philippe.

Al abrir la puerta se encontró con un hombre de aspecto extraño, mal vestido y con una descuidada barba.

- ¿En que puedo ayudarle, caballero? Dijo Philippe.

Zoe sacando una pistola del bolsillo, le intimidó y conminó a Philippe a entrar en la vivienda.

Philippe no entendía nada, mientras le decía:

- Llévese lo que Ud. Quiera pero déjeme en paz.(creyendo que se trataba de un robo con intimidación).

Zoe le hizo sentarse en un sillón, mientras le apuntaba con una pistola Magnum del calibre treinta y ocho; así comenzó a decirle:

- Sabes quien soy.

- No, respondió Philippe.

- Soy el marido de Majali.

- Ella no me ha dicho nada de que estuviera casada.

- Pues si lo está, y por tanto me pertenece entiendes.

- Nadie es dueño de nadie, replicó Philippe.

- Déjala en paz, porque yo soy su único dueño.

- No creo que Majali esté con alguien como Ud.

- Que insinúas que no la merezco.

- Majali nunca se fijaría en una persona como Ud.

A medida que la conversación se iba desarrollando Zoe perdía más los nervios y el acaloramiento iba “in crescendo” hasta que en un momento determinado Philippe se abalanzó sobre él, con el fin de quitarle la pistola y en aquel forcejeo el arma se disparó fortuitamente hiriendo de muerte a uno de aquellos dos hombres, Philippe caía lentamente al suelo mientras sangraba de manera abundante.

Zoe abandonó el lugar del crimen bastante nervioso, pero satisfecho de lo realizado.

Majali se enteró al día siguiente de lo ocurrido por la prensa, pensando que se trataría de un robo con homicidio.
Aquel fallecimiento produciría en nuestra protagonista una gran sensación de ansiedad y angustia, que solamente superaría con el paso del tiempo.

Sin embargo, Majali no dejaba de pensar en ello aún habiendo transcurrido un importante lapso temporal, así a veces un fugaz y repentino pensamiento venía a su cabeza, por un lado pensando en que su marido fue el asesino de Philippe, y por otro lado, descartando instintivamente aquella idea.

Zoe tras el homicidio seguía sigiloso cada paso que daba Majali, pero sin intervenir hasta que una mañana del mes de julio se presentó en la tienda donde ella trabajaba.

Al levantar la cabeza para atender a aquel nuevo cliente y darse cuenta de quien se trataba, Majali se quedó inmóvil, sin palabras, sin capacidad de reacción.

El la cogió fuertemente del brazo y sacándola violentamente de allí la llevó hasta su coche, para conducirla a una pensión donde se hospedaba y allí mantener una airada y fuerte discusión que terminó en una brutal paliza.

Tras el duro enfrentamiento Majali volvió a revivir sus peores momentos como mujer, aquel individuo se sentía herido en su condición machista y solo entendía el amor como un derecho de propiedad sobre el otro cónyuge.

Zoe juró y perjuró que desde aquel momento ella no volvería a alejarse de su lado, ni un solo instante.

Así, Majali y su hijo convivieron con Zoe durante varios meses en unas condiciones muy similares a las que tenían en la última etapa de su estancia en España.

Al parecer Zoe conoció el paradero de Majali debido a que unos familiares suyos en su país de origen contactaron por mandato de Zoe con los parientes de Majali en París y al parecer filtraron la información inocentemente.

La vida volvió a ser un infierno para Majali, que solo anhelaba poder ser libre otra vez.

Así, para ello la táctica utilizada por Majali fue mostrarse sumisa y obediente para calmar y confiar al energúmeno con el que convivía.

Así un día mientras Zoe disfrutaba en el estadio de un partido de fútbol, Majali cogió a su hijo y subiéndose a un autobús vía Lyon se marcharon a Ginebra.

Majali eligió Ginebra por varias razones primero por el idioma y también por la fama de ciudad pacifica que caracteriza a esta capital europea sede de importantes instituciones internacionales.

Al descubrir la trama Zoe enfureció y dirigiéndose a la Comisaria de Policía denunció a Majali por un delito de abandono de familia, pues todavía estaban casados, la policía francesa activó un dispositivo de búsqueda, pero no ofreció el resultado esperado, sin embargo parecía una cuestión de tiempo su localización, en cuanto entrara en juego la Interpol.

La protección que les brindaba la capital Ginebrina a Majali y a su hijo era muy elevada, pues esta ciudad acoge a personas de más de ciento cincuenta y tres nacionalidades distintas por ser entre otras cosas sede de importantes organizaciones internacionales, así transcurrieron varios años hasta que el niño cumplió la mayoría de edad.

Todo parecía ir bien para los dos, pues el chico se había integrado plenamente, a pesar de sus reticencias iniciales.

El fantasma del perseguidor parecía que se había evaporado.

Habían pasado cuatro años desde que huyeron de París, su vida comenzaba a funcionar de nuevo, un trabajo, amistades, una vivienda, etc. Así los domingos Majali y unas amigas se reunían con sus hijos en el Parque de la Grange cerca del Jet d`eau de la capital, allí disfrutaban de un picnic y una compañía agradable, pero esa misma tarde cuando Majali regresaba a su domicilio, fue interceptada por dos policías de paisano pertenecientes a la Interpol.

- Su documentación por favor, le dijo uno de los agentes.

Majali le entregó su pasaporte y los policías le pidieron que les acompañara, pues estaba detenida.

Así dejó a su hijo al cargo de una de sus mejores amigas y fue extraditada por el procedimiento de urgencia al país galo, para responder del delito de abandono de familia por el que había sido acusada años atrás.

Así al comparecer ante el juez competente, su abogado solicitó protección policial y que en las diligencias del procedimiento no aparecieran sus datos personales, ocultando de esta forma su domicilio, y demás datos personales.

Majali explicó al juez las causas y motivos de la presunta comisión de aquel delito, asegurando que aún hoy en día temía por su vida.

El juez de instrucción entendió que al margen de la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal el delito había prescrito y por tanto ordeno el archivo de las actuaciones practicadas hasta la fecha.

Sin embargo, Zoe que durante todo el periodo del procedimiento no tuvo contacto alguno con Majali, encargó a unos amigos suyos del Hampa parisina que consiguieran los datos personales de Majali para de este modo vengarse de ella.

Sus amigos penetraron por la noche en las dependencias judiciales, burlando la vigilancia y tras encontrar el archivo donde se hallaban los datos de la imputada en el procedimiento consiguieron huir del lugar.

Majali se encontraba de nuevo en Ginebra disfrutando de nuevo de su hijo y prosiguiendo su vida, no sin abandonar el miedo que siempre parecía acecharla.

Incluso decidió tomar unas clases de defensa personal en un gimnasio próximo a su domicilio.

Pero mientras esto ocurría en Ginebra en París, Zoe conociendo el lugar de residencia de Majali tomaba un avión en el aeropuerto Charles de Gaulle con destino a Ginebra, llegado allí tomó un taxi para dirigirse al domicilio de Majali, el taxista era un hombre locuaz que confundió a Zoe con un turista y no dudó en ofrecer un recorrido turístico por la ciudad.

Zoe hombre con un carácter violento no dudó en aceptar, paradójicamente el ofrecimiento de aquel simpatiquísimo conductor, quizá pensó que podría servir como bálsamo para aplacar su ira contenida.

Así el taxista se dirigió al barrio internacional.
- Ahí a la derecha puede Vd. ver el edificio de la OMPI organización Mundial de la Propiedad Intelectual, y ahora después de girar, allí al fondo puede ver el monumento de la “Silla Rota” en la Plaza de las Naciones, escultura de mas de doce metros de altura construida como símbolo de la firma del Tratado de Ottawa para la prohibición de las minas antipersonal.

Y según subimos esta pequeña cuesta a la derecha se encuentra el Gran Palacio de las Naciones Unidas, la sede europea, en sus jardines deambulan pavos reales, pues esa era una condición impuesta por el propietario de este Palacio, que se respeta escrupulosamente hoy en día.

A mano izquierda en ese alto puede ver el Museo Internacional de la Cruz Roja.

- Ahora si le parece vamos a dirigirnos hacia el reloj floral y el Jet d`eau, exclamó el taxista.

Pero Zoe estaba ya cansado de tanto recorrido turístico y ordenó al taxista que le llevara rápidamente a la calle Rochat cerca del Pont de L`ille.

Una vez llegados allí Zoe descendió del taxi abonó el importe del viaje, y se dirigió al número ocho de la mencionada calle.Una vez allí golpeó la puerta fuertemente con los nudillos.

Se abrió la puerta y apareció una mujer de baja estatura de edad avanzada y con aspecto enfermizo.

Zoe la empujó hacia el interior de la vivienda violentamente y le preguntó bruscamente:

- ¡Dónde esta Majali, donde se encuentra!

Aquella pobre mujer, le contestaba que ignoraba quien era Majali que nunca le había visto y que se equivocaba de domicilio.

Tras destrozar parte del mobiliario de la vivienda, Zoe se marchó indignado de allí.

Curiosamente y no muy lejos de allí Majali se encontraba en una terraza del muelle de la Poste, charlando con unas amigas ignorando lo que estaba sucediendo.

Si bien, cuando Majali volvió de París, y precisamente por temor a filtraciones que pudieran revelar su identidad, cambió de lugar de residencia trasladándose a vivir a una zona próxima a la Escuela de Ingenieros. Sin embargo ella a menudo bajaba a su antiguo barrio, pues allí es donde seguía conservando sus amistades.

Transcurrieron varios días desde que Zoe irrumpió en la casa de la calle Rochat, sin que nuestro protagonista tuviera más pistas que le condujeran a Majali.

Esta última continuaba su vida ajena, a lo que estaba ocurriendo, pero una tarde cuando volvió Majali con sus amigas y su hijo de celebrar precisamente el cumpleaños de este, justo al desembarcar de un minicrucero cerca del reloj floral Zoe les vió.

Sagali el hijo de ambos se despidió de su madre y se marchó en compañía de unos amigos.

Su madre se despidió de las amigas y tomando un autobús se dirigió a su casa.

Al llegar Majali encendió la televisión y preparó la ducha para relajarse después de aquel día tan agradable que habían pasado en aquel crucero por el lago Leman.

Zoe abrió la puerta con una ganzúa y penetró en la vivienda, se aproximó al cuarto de baño y allí sorprendió a Majali que afortunadamente y gracias a los cursos de defensa personal recibidos, pudo repeler la brutal agresión golpeando la cabeza de Zoe con un taburete de madera, lo que provocó la pérdida de consciencia del agresor.

Majali telefoneo inmediatamente a su hijo para contarle lo sucedido entre sollozos y a la policia que detuvo a Zoe.

No obstante, la intranquilidad volvería a aparecer en la vida de Majali que turbada por aquellos hechos y ante la posibilidad de que dejaran en libertad bajo fianza a su agresor, tuvo que tomar una decisión importante: trasladar su domicilio a otro país.

Así, Majali y su hijo se trasladaron a vivir a Génova en el Piamonte Italiano, quizá por ser una ciudad populosa que brindaría la protección necesaria a Majali y a su hijo, pues es una de las ciudades portuarias más importantes del Mediterráneo.

Se instalaron en el barrio antiguo donde todas las calles parecen iguales, sino fuera por esos majestuosos palacios renacentistas del siglo dieciséis, que se alzan entre ellas, a modo de cuñas arquitectónicas de esplendor; embelleciendo la laberíntica trama urbana y rompiendo con la monotonía de sus clónicos pasajes, callejuelas y correderas que conforman su centro histórico.
Pero también hay que decir, que esta urbe combina perfectamente lo tradicional, y lo moderno; lo popular y lo cosmopolita; lo metropolitano y lo portuario; lo civil y lo religioso.

Génova, por excelencia es una hija del Mediterráneo.

Así, a pesar de las bondades que ofrecía a Majali su nuevo destino, tanto cambio de cultura, de idioma, de idiosincrasia estaba minando la moral de nuestra protagonista, que empezaba a estar un poco harta de aquella situación y que si no fuera por su hijo el principal motor de su vida, quizá se hubiera suicidado tiempo atrás.

De nuevo transcurrieron varios años sin tener noticias de Zoe. El hijo cumplió la mayoría de edad.

Así en un viaje que decidieron realizar a la cercana isla de Córcega al subir con el vehículo en el ferry Majali y su hijo detectaron a un individuo con un gran parecido físico a Zoe.

Al parecer formaba parte de la tripulación de aquel barco el “MOBY VINCENT”. Así alertados por el descubrimiento decidieron no decir nada a la novia de Sagali para no preocuparla.

Sin embargo, algo parecía indicar que querían poner fin a aquella situación de una u otra forma.

En este caso, la ventaja era para ellos, pues Zoe no había advertido su presencia.

Una vez llegados a Bastia en la zona Noreste de Córcega, Sagali y su novia abandonaron el ferry en su vehículo, la madre Majali seguía cautelosamente los pasos de Zoe para ver adonde se dirigía antes de zarpar el barco a la mañana siguiente con más turistas.

Así, Zoe abandonó el “MOBY VINCENT” para dirigirse a una taberna situada cerca de la ciudadela en la zona de la vieja Bastia, allí medio borracho se quedó hasta altas horas de la madrugada.

Majali llamó a Sagali para comunicarle lo que estaba ocurriendo y este tras dejar en el hotel a su compañera, acudió al lugar que su madre le había indicado.

Una vez allí, el plan estaba trazado, ambos se presentaron en el establecimiento y dijeron al dueño que venían a hacerse cargo de aquel hombre que era un familiar suyo, Zoe totalmente ebrio no distinguía a nadie y se dejó llevar sin resistencia alguna, le metieron en el coche y le trasladaron al norte de la isla a Cabo Corse; allí le bajaron del vehículo y le llevaron hasta una zona de rocas próxima al mar. Sin dudarlo, sumergieron la cabeza de Zoe durante varios minutos hasta que las burbujas de oxígeno dejaron de aparecer en la superficie del agua. Ambos respiraron de alivio, en aquel momento y regresaron al hotel.

Un año después, de aquellos hechos Majali se encontraba en su domicilio de la ciudad de Génova viendo tranquilamente la televisión.

De repente, sonó el teléfono era una de sus amigas españolas con las que mantenía correspondencia postal y compartían pequeñas confidencias.

Le comunicó que en la televisión española había aparecido la fotografía de Zoe identificándole como el autor de un delito de homicidio contra una mujer.

En aquel momento, un terrible escalofrío recorrió el cuerpo de Majali...

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