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"Les affaires sont les affaires"

César Rubio Aracil

España



A mi amiga.

"Sí, amiga mía, los negocios son los negocios, y en este trato no caben las comas mal puestas. Si quieres que cerremos este asunto con un acuerdo, ya sabes cuáles son mis condiciones". Pero Natalia no quería cláusulas firmadas, ni yo podía admitir libranzas a mi cargo que no estuvieran avaladas por un beso, uno solo, seguido de varios ceros.

- En el amor, mi querido Sebastián, sirven de bien poco los papeles: el "Sí, quiero" y la legal aceptación en el juzgado (toda una ancestral parafernalia para tenernos sujetos al orden imperante de cada momento, ¿no lo comprendes?).

Se equivocaba Natalia. Yo, desde que comencé a pensar sin tener en cuenta los condicionantes morales impuestos por una sociedad dependiente del eterno dirigismo mundial (poca cosa, por cierto, en el haber de mis logros, ya que
no es posible desprenderse de todo el lastre milenario que llevamos arrastrando), abominé de los chungos rituales eclesiásticos y políticos. "El amor -pensé- tiene su sede (con perdón o sin él) en el coño y en el falo, éste siempre dispuesto a la acometida, y lo otro -el chichi-, cuando la luna lo decide, abierto a la dispensa, (¡ja!), en todo momento sujeto al valor de los intereses personales. Por eso, querida Natalia, te propongo ahora lo siguiente: "Si quieres que nos entendamos, dame de comer en la mano a cambio de plata".

- ¡Bruto! El amor no se compra.

-Es cierto que no debe comprarse, pero se vende, y no lo veo mal. ¿Crees que hay algo importante en la vida que se pueda conseguir a bajo precio?

- ¡Hijo de puta!

- Sí. "Hijo de puta" con guita, que no es lo mismo que hijo de puta sin caireles: esos pendientes de las lámparas con lágrimas: fastuosas luminarias artificiales, de relucientes perlas, que a vosotras tanto os deslumbran.

El caso fue que Natalia, entre reniegos y maldiciones, se me abrió de piernas. Y yo, que me sobraban quilates y me faltaba cariño (aunque fuese amor al precio de la hojalata), la endiñé un par de viajes. Luego, hastiado de tantas solemnidades, le di una propina para que me olvidara.

Amigos y amigas: el amor (con minúscula) tiene su precio: oro reluciente. Es el negocio de la vida. El Amor con mayúscula no genera otros intereses que la sola satisfacción de amar. ¿Alguien (alguna mujer) desea iniciarme en el arduo camino del Amor? Yo, hoy, ya no tengo plata, pero me sobran destellos de plenilunio."Les affaires sont les affaires".

Este artículo tiene © del autor.

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