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"A la mallorquina"

César Rubio Aracil

España



Como si el techo de mi habitación fuese a desplomarse de un momento a otro, al poco rato de estar escuchando ayes y entrecortados suspiros, golpes secos, crujidos de madera y lo que se me antojaba un prolongado estertor, dudé respecto a llamar a la policía por si se trataba -que lo parecía- de una riña matrimonial que pudiese acabar en tragedia.

- ¡No, Germán, no, por favor, que me estás matando! -Y una rara clase de llantina femenina que conturbaba mis sentidos, haciéndome perder la serenidad. Yo, que estaba leyendo plácidamente de Rabindranaz Tagore aquello de "Y no te olvides de nuestro río Venumati, cuyas aguas ligeras son una sola corriente de amor que canta". No podía creérmelo.

- ¡Calla ya, zorra! ¡Venga, a la mallorquina! -Más estruendo: nuevos crujidos, renovados golpes, la lámpara de mi alcoba oscilando y ella, la pobre; mi nueva vecina, tan cariñosa, atenta y educada, teniendo que soportar el maltrato de un canalla. No. Decididamente, no. Había que llamar con rapidez al 091.

"¿A la mallorquina?", me pregunté aterrado momentos antes de descolgar el teléfono. Eso de "a la mallorquina" me sonaba de algo ya casi perdido en mi memoria. "¿A la mallorquina?" Pero no era cuestión de malgastar en especulaciones un tiempo precioso que podía salvar una vida.
A los pocos minutos de haber hecho mi urgente llamada, dos agentes uniformados conversaban conmigo a la misma puerta de mi casa.

- Pasen, señores, por favor. -Los dos policías cambiaron una discreta mirada de inteligencia y sonrieron.

- Gracias, caballero, pero no es necesario. Sabemos con absoluta seguridad lo que está sucediendo en el piso de arriba -y volvieron a sonreír, evitando la carcajada.

- ¿No pasa nada malo ...? -me atreví a preguntar. Mas mi interrogante quedó truncada cuando, de pronto, se reprodujo un sordo ruido y las voces de mi vecina que, excitada, decía: "¡Pues vale! ¡A la mallorquina!"

- Nada malo, señor. No se preocupe y duerma, si es que esta noche puede descansar. ¿No se percata usted de que están follando?

"¡Pero que gilipollas soy!", pensé irritado. "Esto nada más que me pasa a mí por leer tanta poesía".

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