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La Ultima Oleada

Elias Troche

Paraguay



En algún lugar de España. 30.000 AC.

Sus compactas y resistentes piernas imprimen mayor velocidad mientras cruza enérgico la serranía arbolada, como en una danza vertiginosa, esquivando intrépido y rasante, robles y avellanos, pinos y helechos. Su gran musculatura le da un porte torvo, que contrasta con esa relajada mirada que descansa bajo su ensanchada frente.
Es un observador adelantado, un espía de las familias aliadas, enviado a localizar la posición de las fuerzas enemigas, en un desesperado intento de prevenir las posibles acciones del temible adversario, superior en número, en capacidad armamentista, voluntad asesina, en crueldad y brutalidad.
La Gran Invasión de aquellos extraños y apáticos seres venidos de las tierras bajas, fue mermando su tribu, como desaparece la nieve al deslizarse en la pradera bajo la incandescencia de la esfera mayor.
Lentamente fueron expulsados de sus asentamientos, acorralados en las alturas montañosas y sacrificados. Sus mujeres arrebatadas, violadas, asesinadas o tomadas como esclavas. Los Uruk Tya (devoradores de almas), asaltaban sus suelos en oleadas que se hacían cada vez más repetitivas, primero cada quince lunas, luego cada diez, y así sucesivamente, hasta una invasión progresiva insostenible de saqueos y muerte inevitables.
Pero como combatirlos si eran tantos?, pensó.
Los invasores habían obligado a su clan a replegarse, a unir a todas las familias y concentrarlas en un solo bastión, en un último fuerte, agrupando las provisiones, dividiendo a la gente en soldados y abastacedores, organizando la tal vez definitiva defensa aguerrida. A pesar de ello, algunas agrupaciones decidieron arriesgarse marchando en dirección a las zonas más heladas, en una segura travesía hacia la clandestinidad eterna.
Se detiene tras los arbustos, agazapado, y los ve. Cientos, tal vez miles, se concentran a unos 100 metros de su frente, se dispersan y se reagrupan de nuevo, como una turba de hormigas asesinas, acomodando sus provisiones y armamento, debatiendo estrategias, maquinando más destrucción.
Se posa en la fría roca porosa que nace del suelo, se acomoda, mientras, mastica un trozo de carne seca de ciervo, ración especialmente medida para la misión, debido a la escasez de alimento que sufre el refugio y la peligrosidad de las expediciones de casa y recolección por los ataques furtivos aislados, otra modalidad acostumbrada por el enemigo. El sabor de la carne se hace insípido. Su retina se desenfoca en la horda de salvajes que se prepara para otra ofensiva, perdiéndose en el escenario de lo inevitable. Su gente no tiene oportunidad ante tal desalmada lucha, ante tal perversa pretensión de exterminio. Después de todo jamas habían desarrollado la necesidad guerrera expansionista. Mas bien sí el concepto de que la tierra y los recursos que de ella se nutren, ambos eran una bendición objeto de valioso préstamo cedido por la gran entidad, creadora de todo lo visible. Matar a su igual, jamás. Entendían el valor preciado de la vida, por ello era inexplicable la violencia cruel en los actos de los Uruk Tya, que hasta en ocasiones se alimentaban de los prisioneros y muertos en combate, de ahí esa aterradora pero justa designación.
Que queda de un ser si su alma es devorada?, balbuceó.
Muerde una baya y la química actúa en su cerebro. Ahora abraza recuerdos dulces. Aquellos ratos sentado en la boca de la cueva, iluminado por la siempre presente esfera mayor, con la mirada recorriendo el vértice de la empastada lomada, nada más importaba. O aquella vez que las mismas bayas le dieron sustento, cuando cayó a la fosa gigantesca que él mismo había construido para atrapar a algún desprevenido bisonte, permaneciendo aprisionado por tres soles, hasta ser rescatado ante la copiosa burla de sus salvadores.
Con la punta aguzada del asta de ciervo que portaba en la cintura, talla una inscripción en la roca que le da asiento, plasmando el momento. La multitud de salvajes delante y él sentado tras la frondosidad vegetal. Arriba el sol se esconde tras un cielo nebuloso Termina con un hondo suspiro que refresca su espíritu abatido.
Se concentra nuevamente en su misión. Calcula lo observado. Entiende que tanta preparación indica un ataque frontal en menos de tres soles, tal vez cuatro. Debe volver. El regreso es acompañado por una nubosidad extraña que no tarda en derramar su sabia cristalina, en ruidoso vendaval que refleja su resonancia en cada átomo de vida. Entiende la rabia del cielo que truena, él tiene el mismo sabor en la piel. Sabe que es augurio de más tormento, de más dolor, más muerte.
Llega al campamento y detalla a los jefes de familia el poderío enemigo que se prepara, y la inminente como pronta llegada.Uno de los ancianos, con exasperada vehemencia, propone un acercamiento, un dialogo pacífico con el adversario. Pero que tenían para ofrecer?, ya sin tierras de caza, faltos de alimentos, rodeados. La idea se descarta, más aún teniendo en cuenta la hostilidad bronca del rival y lo incomprensible de su lenguaje gutural. No, un intento de alguna especie de tregua sería inútil. No había otra elección. La lucha. La defensa de la existencia o la desaparición definitiva. El Consejo decide la sentencia.
Un grupo de hembras y la mayoría de los infantes, deben migrar más al oeste. La selección se hace difícil. Algunas féminas se niegan a abandonar el refugio. Con que motivo? Para la mera e inútil extensión de la vida, oculto entre las frías rocas?. Por cuantas lunas hasta lo inevitable? Se realiza un recuento del armamento. Piedras, huesos y astas punzantes son repartidos en forma racional.
El chasquido de las armas retumba en toda la pradera, y se fusiona con la resonancia del temporal que se avecinar. De pronto, el silencio cubre al refugio con su manto, en una bocanada de esperanza sostenida, en un halo de nerviosismo quieto que sopla y eriza la piel de cada defensor de su tierra, ahora obligado a ser un sobreviviente. Cerca, muy cerca, el destino acorta su distancia, impetuoso, en cada lanza, en cada piedra, en cada puño asesino de los devoradores de almas. La última oleada comienza.

Epoca Actual.Información Televisiva:
- Nuevamente, la atención científica mundial se centra en esta zona de Europa, con el hallazgo de un sinnúmero de restos óseos, según los expertos, la gran mayoría de característica Neanderthal, que datan de aproximadamente 30.000 años. El debate se centra ahora en la posibilidad de que nos encontremos ante el primer indicio de un gran enfrentamiento entre éstos y nuestros antecesores más directos, los homo sapiens del paleolítico. Algunos ya se han aventurado a llamar a este descubrimiento, la primera “limpieza étnica” conocida, debido a la aparente violencia...

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