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Cultura en Argentina (III): Para una sociedad más justa

Carlos O. Antognazzi

Argentina



El Secretario de Cultura de la Nación, que declaró «la cultura, con ce mayúscula, no tiene prioridad. No tiene prioridad para el Gobierno y tampoco la tiene para mí», se presentó ante los diputados de la Comisión de Cultura de la Cámara Baja y explicó que sus palabras «fueron sacadas de contexto», y que el Gobierno «está haciendo una verdadera revolución cultural, que excede el ámbito de la Secretaría de Cultura» (La Nación, 10/06/04). Parece difícil “sacar de contexto” esta frase, en donde se aclara que ni al Gobierno ni a quien habla le importa la cultura. Torcuato Di Tella explicó sin explicar, y no aclaró en qué consiste esa “revolución cultural”. Se contradijo y salió indemne. Pero la cultura oficial, sea en el ámbito nacional, provincial o local, muestra otra realidad.

Cultura en Argentina (III):
Para una sociedad más justa

El Secretario de Cultura de la Nación, que declaró «la cultura, con ce mayúscula, no tiene prioridad. No tiene prioridad para el Gobierno y tampoco la tiene para mí», se presentó ante los diputados de la Comisión de Cultura de la Cámara Baja y explicó que sus palabras «fueron sacadas de contexto», y que el Gobierno «está haciendo una verdadera revolución cultural, que excede el ámbito de la Secretaría de Cultura» (La Nación, 10/06/04). Parece difícil “sacar de contexto” esta frase, en donde se aclara que ni al Gobierno ni a quien habla le importa la cultura. Torcuato Di Tella explicó sin explicar, y no aclaró en qué consiste esa “revolución cultural”. Se contradijo y salió indemne. Pero la cultura oficial, sea en el ámbito nacional, provincial o local, muestra otra realidad.

El 08/06/04 Gabriel Senanes renunció a la dirección del Teatro Colón, denunciando una «mafia que atenta contra la continuidad de la principal sala lírica», y atribuyendo responsabilidades al director administrativo del teatro, Pablo Batalla. Senanes señaló que «el concepto que está en pugna es el de la empresa privada versus entidad pública» (La Nación, 09/06/04). Este concepto siempre ha sido polémico en la Argentina, por cuanto sus límites no son establecidos con claridad y la burocracia estatal y la corrupción contribuyen a borronearlos. Un ejemplo: previo pago, entre el 20/01/04 y el 20/02/04 en el Salón Dorado del Teatro Colón se degustaron vinos de una empresa privada (y durante el proceso militar fue agasajado Henry Kissinger). En Santo Tomé la avenida costanera fue tomada por un grupo de inundados, así como el puente carretero fue cortado por piqueteros. En Buenos Aires las bravuconadas son moneda corriente. Los matices varían, pero la esencia es la misma: alguien permite que un espacio público sea usufructuado como espacio privado.

A juzgar por las opiniones especializadas el “derrumbe” del Colón (donde desde el arribo de la democracia han pasado más directores que presidentes en el país) se inició hace años, y tiene a Senanes como actor importante. No se desglosa de las entradas el aporte para SADAIC y Argentores, con lo cual se roban los derechos de autor. En algunos casos hay deudas desde 1996, por lo que Argentores entabló juicio. A fines de abril de 2004 el ballet La Cenicienta, de Sergei Prokofiev, se realizó sin orquesta y con música de un CD ante la falta de partituras. Además, se ha cambiado la programación al prohibirse el uso de alguna partitura por falta del pago correspondiente. El Secretario de Cultura de la ciudad autónoma de Buenos Aires olvida que tanto el teatro como quien está al frente son su responsabilidad. Hace unos años el bailarín Julio Boca manifestó que no volvería a actuar allí, y de similar manera se expresó la cantante lírica Virginia Tola, porque las autoridades pagaban en dólares a los profesionales extranjeros (para que no se hablara mal allende las fronteras), pero ni siquiera pagaba en pesos a los argentinos.

El dilema trágico

Los griegos inventaron la tragedia para revelar hasta dónde los dioses tenían incidencia sobre los hombres, y elaboraron la idea del «dilema trágico», por el cual nada de lo que un ser humano pueda decidir redundará en su beneficio. Si decide una cosa, la opción conlleva un mal. Si decide otra, esa opción también conlleva un mal. De esa manera señalaban la falta de libertad del hombre y su permanente vinculación con el Olimpo.

Nuestra cultura sugiere una idea similar. Cuando se elaboran proyectos a largo plazo, como el Plan Estratégico Cultural de la ciudad de Buenos Aires, que incluyó una idea de política de Estado para la cultura, llega la debacle de diciembre de 2001. Y pese a que el plan continuó hasta 2003, quedó en agua de cerrajas. Señala José Luis Castiñeira de Dios, uno de sus promotores, que esto se debe a «la inercia burocrática y la generosidad de los contribuyentes, que, junto con los legisladores de la Ciudad, no piden cuentas ni controlan ni reclaman» (La estrategia del caracol. La Nación, 11/06/04). Ya en el primer artículo de esta serie, Cultura oficial en Santo Tomé (El Santotomesino, octubre de 2003, y revista “Hoy y mañana”, noviembre de 2003) hice notar esa complicidad perversa entre el poder y la ciudadanía. Con el agravante de que en Santa Fe y Santo Tomé no existe un plan estructural de cultura, y que la cultura no es prioridad para el Gobierno.

Es cierto que si no se cumple la sugerencia de la Unesco de invertir en cultura (al menos) el 1 % poco se podrá hacer (Argentina invierte el 0,17 %), pero estas decisiones también suponen una idiosincrasia cultural: nuestros funcionarios menosprecian una mayor inversión porque entienden que no se justifica, cuando invertir en cultura es invertir en las nuevas generaciones, y es evitar que los talentos se sigan yendo del país.

Esfuerzo privado

Sólo en una cultura democrática puede entenderse que la Justicia debe ser un poder independiente, y que vincularla con el ejecutivo es una aberración que seduce a los dictadores. El escritor Marcos Aguinis señaló que uno de los principales problemas que impiden el desarrollo es esa falta de independencia, además del retroceso de la educación, el multiculturalismo que impide el avance de ciertas culturas y la costumbre vernácula de echar la culpa de los males propios a gobiernos extranjeros. En cuanto a la educación, va más allá al sostener que «hay una convicción equivocada, que es confundir el facilismo con la conquista educativa. Se llaman “conquistas educativas” a aquellas que hacen más fácil graduarse con menos esfuerzo y menos trabajo, y ese facilismo es estrictamente corrosivo» (El deterioro de la Justicia es un freno al desarrollo. La Nación, 11/06/04, p. 13). Esta suerte de miopía estructural atenta contra el sistema democrático, premiando la abulia e irresponsabilidad por sobre el trabajo y la preparación. Somos lo que pensamos, y si no alimentamos el pensamiento, cada vez seremos peores y más subdesarrollados.

La realidad enseña que los logros se dan por esfuerzos independientes, no oficiales. Este año la Fundación Guggenheim, con sede en Nueva York, otorgó 15 de las 36 becas internacionales que se concursaban a intelectuales argentinos. Carlos Rottemberg cuenta la historia de un grupo de señoras que “inventaron” un teatro en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Desde hace seis años están trabajando para poner en funcionamiento el lugar, con capacidad para 500 butacas (La cultura sí importa. La Nación, Espectáculos, 31/05/04, p. 2). Y en Villa Allende, provincia de Córdoba, Lucía Deon, directora de la escuela General José de San Martín, se animó a implementar el programa de alfabetización «Yo sí puedo» con apoyo del Instituto Pedagógico Latinoamericano del Caribe (Iplac), con sede en Cuba. Deon apuesta a la cultura, no a los planes trabajar u otras falacias de similar tenor. Entiende que aprender a leer y escribir es la base para una sociedad más justa.

Espacio a construir

El director de cultura de la provincia, José Ángel, el coordinador, Francisco Caputto, y el subsecretario, Carlos Falco, dieron a conocer en El Litoral del 09/06/04 los «diferentes programas culturales en toda la provincia», que se resumen en: «asistencia artística y de servicios de luz y sonido» en distintas comunidades; la creación de un registro de realizadores santafesinos «que permita documentar y difundir el material elaborado por los creadores de nuestra provincia, fortaleciendo la integración cultural de las distintas regiones» (sic); un programa para la tercera edad «que atiende las necesidades de este grupo social de especiales características, que mediante sus naturales instituciones —Centro de Jubilados, instituciones de residencia y clubes de abuelos— se reúnen para desarrollar su vida social»; un proyecto de minoridad y familia cuyo objetivo es «la integración familiar, a través de la recreación y el esparcimiento de todo el núcleo»; y un programa «de servicios culturales para la mujer y partiendo del hecho de que en la sociedad contemporánea ha tenido fundamental importancia y la revalorización del rol que ha tenido en todas las dimensiones del quehacer humano» (sic).

Estos “proyectos” encarados por la Secretaría de Cultura de la Provincia con el dinero de los contribuyentes demuestran, entre otras cosas, la incapacidad para pensar la cultura. El “registro de creadores” es algo planteado por todo nuevo funcionario, y que poco debe servir porque ya lo planteó su antecesor. Es un absurdo que no puede presentarse como proyecto del Estado. Todo autor santafesino concurre a la Secretaría y da sus datos para que sean ingresados en el Banco de Datos Culturales. Esto se hace desde 1991, en que se adquirió un sistema informático. De allí en más ningún funcionario ha inventado nada al respecto. Da la impresión de que con estos anuncios se quiere aparentar que se hace algo cuando en realidad se utiliza una infraestructura ya en funcionamiento. En Santo Tomé Enrique Maillier comenzó a hacer un registro de artistas e intelectuales, y cuando asumió Daniel Yost volvió a lanzar la convocatoria. Pero nadie sabe dónde está ese registro, si es que realmente existe. Es tanto el desorden que cuando fueron consultados los responsables del área no supieron qué responder.

Ángel Piaggio sabe que en su partido hay hijos y entenados: Reviglio, al frente del tribunal de disciplina del PJ, no avaló su pedido para que castigue a los concejales de Schmidhalter cuando en 2003 se aliaron con el radicalismo para que él no sea presidente del consejo municipal. Los díscolos quedaron libres de culpa y cargo, y Piaggio lo aceptó por esa condición dogmática del partido, en donde todos acatan lo que viene de arriba. A ningún cabo se le ocurriría desobedecer la orden de un capitán; a Piaggio, que carga sus años en el “movimiento”, tampoco. Eduardo Menem lo definió impecablemente: «En el diccionario peronista no existe la palabra transversalismo. Existe la palabra verticalismo, la palabra lealtad, la palabra unidad» (La Nación, 15/06/04, p. 7).

Si a Schmidhalter se le criticaba la ausencia de una política cultural, y Piaggio mantiene la misma línea con Grenón, hay que entender que al intendente actual tampoco le interesa la cultura. La cultura oficial de la provincia y la ciudad debe ser algo más que anuncios “novedosos” y gatopardismo. Cuando asumió en diciembre de 2003, Piaggio pidió a la población «180 días para acomodar la situación». Han pasado 210 y en cultura no hay cambios. La 3º Feria del Libro era el ámbito propicio para anunciar la apertura de la cuenta bancaria del Fondo de Promoción de la Cultura, pero el municipio sigue desentendiéndose (en San Jorge ya está en marcha, según consigna El Litoral del 24/06/04). Una vez más los escritores, salvo los vinculados al oficialismo, no estuvieron. Es la vergüenza de cada año, que ratifica las críticas al ámbito cultural. Ni siquiera hubo stand oficial.

La cultura es un espacio a construir. Hasta tanto no se la piense, contribuyentes y funcionarios seguirán navegando entre las aguas del desconcierto y la mediocridad, el desparpajo y la ignorancia. Y la sociedad será cada vez más injusta.

© Carlos O. Antognazzi.
Escritor.
Santo Tomé, julio de 2004.

Publicado en “El Santotomesino” Nº 74 (Santo Tomé, Santa Fe, Argentina, julio de 2004, contratapa), y diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, Argentina, 30/07/04). Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2004.

Este artículo tiene © del autor.

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