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SOL Y LUNA

Harmonie Botella

España



  Hoy cumplimos cuarenta años de matrimonio, cuarenta años de andaduras por los senderos de la vida, por los senderos de la cohabitación.

 Entró con aires amargos el invierno en nuestras vidas y me percaté que siempre te asemejé a un santifico sol que iluminaba mi vida. Tú eras el sol, pero yo no era la luna.
 Volcaste mi corazón en cuanto surgiste, tal una indómita tempestad en la mar sosegada. Estremeciste mi alma, mi corazón. El temblor de mi cuerpo era comparable al temblor de la tierra.

 En cuanto te conocí, dejo de importarme el mundo. Solo deseaba estar contigo, compartir tus días, tus noches, tus sueños. Ser el eje de tu vida

 Tu luz me deslumbraba. Tus rayos me envolvían, me quemaban. Me transformé en un ser diminuto y frágil. Te necesitaba como la tierra necesita el agua y el sol.

 Te necesitaba. Necesitaba tu amor, tu apoyo, tu presencia. Quería ser tu mitad, tu alma gemela, tu yo. Quería fundirme en ti. Quería que compartiésemos todas nuestras vivencias, todas nuestras alegrías, todos nuestros problemas.

 Bebía los vientos por ti.

 Creí en ti, creí en el amor, creí en la complicidad. Creí que mi vida se uniría a la tuya. Imaginé que el amor era compartir, vivir el uno para el otro.

 Al llegar el invierno de nuestras vidas, entendí que había pasado el tiempo esperando que me vieras, de que te dieras cuenta que me vieras, que te dieras cuenta de que yo existía, de que yo aún existo. Derramé todos las suspiros y sollozos de mi cuerpo, hundida en la soledad de los que temen hablar demasiado o reclamar el cariño que tanto necesitan.

 A lo largo de nuestro camino, se asoma una voz que musitaba: mañana te verá, mañana entenderá que tu vida es in largo esperar. Mañana entenderá que lo necesitas, mañana..

 Para ti, fue más fácil no ver, no entender, no cambiar de ruta. Tu vida siguió sus propios senderos e huiste del compromiso. Me arrinconaste en el desván del olvido.

 Mi corazón buscó alivio en el día a día, en la mirada clara de los hijos que tuvimos, de estos hijos que amé, al igual que te amé,
Con locura, con frenesí. El amor, el acecho me laceraron.

 Hoy, mis ojos están secos de tanto llorar. Mis pensamientos se pierden en unos meandros incógnitos para elucidar este vació. ¿ Cómo acepté esta situación? ¿Por qué fui relegada al último plano del hombre que obsesionaba mis días, mis noches? Me transformé en esta mujer que no espera nada de la vida, del amor.

 ¿ Y tu no te replanteas nada? ¿ Lo das todo por hecho?
 Para mí todo está por hacer. Pensarás que es una locura increíble a mis años. No quiero seguir viviendo como una mujer ignorada. No quiero morir con este mal sabor de boca. Quiero vivir, quiero sentir. Quiero amar y ser amada. Quiero ser reconquistada.

 La puerta está entornada. Está entre tus manos, abrirla o cerrarla para el resto de nuestras vidas.

Este artículo tiene © del autor.

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